Patrimonio Nacional informa que, a partir de este sábado 6 de marzo, se ha reabierto el Jardín de la Isla del Real Sitio de Aranjuez con un aforo máximo de 600 personas tras haber estado cerrado desde el 8 de enero debido a la borrasca ‘Filomena’. Este jardín histórico se suma así a los del Parterre y de Isabel II en la reapertura progresiva de las zonas verdes de Aranjuez.

Es un ejemplo de jardín renacentista italoflamneco. Se accede a él a través del Parterre. Se llama así por encontrarse rodeado por las aguas del río Tajo. En su lado sur se encuentra separado del Palacio Real por una ría artificial que forma la famosa Cascada de la Castañuelas, obra de Santiago Bonavía.

A pesar de que la idea de crear un jardín renacentista en Aranjuez fue de Carlos V, fue su hijo Felipe II quien emprendió las obras de ordenación del territorio. En 1560 toma el mando de la obra Juan Bautista de Toledo y es cuando comienzan a llegar las primeras especies de Flandes, Francia, Valencia y Andalucía. En 1564 se comenzaban a traer de Italia los mármoles labrados para las fuentes, las cuales fueron aumentando bajo el reinado de Felipe III y Felipe IV. El agua del que se nutrían estas fuentes provenía del Mar de Ontígola.

El trazado del Jardín de la Isla se basa en un eje central rodeado por compartimentos rectangulares que se dividen a su vez en cuadrados. Los cruces de los ejes transversales más importantes con el eje principal están marcados por plazoletas con fuentes. Esta calle central estaba cubierta en los siglos XVI y XVII por túneles formados con moreras y enrejados de madera llamados galerías hasta que en el siglo XVIII con la influencia francesa desaparecieron. Siguiendo el cauce del río la isla acababa en una lengua de tierra que los sedimentos del Tajoiban haciendo cada vez mayor.

En 1729 Felipe V decidió crear un mirador sobre el Tajo construyendo fuertes muros de contención sobre el cauce, salvaguardando el jardín de las posibles crecidas del río. Esta parte del jardín se llamó La Isleta, y se construyó entre 1731 y 1737 por Leandro Bachelieu, basado en el proyecto de Esteban Marchand. Los puentes sobre la ría y el Tajo los edificó Santiago Bonavía. Los grandes bancos de piedra que rodean las plazuelas donde se encuentran las fuentes fueron elaborados por Sabatini durante el reinado de Carlos III.

A finales del siglo XVIII el abandono permitió disfrutar de un jardín más “natural”, disimulando la ordenación del territorio y la disposición de las fuentes que denotan el carácter artificioso de este lugar.

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