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En la punta del Malecón, frente al Faro del Castillo del Morro y la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, se encuentra emplazada la obra de Bikondoa, La Palabra. Foto de Yoilan García

La XIII edición de la Bienal de La Habana, uno de los más importantes acontecimientos culturales de la América Latina, acoge por vez primera y como proyecto central la tercera edición de Detrás del Muro – Escenario Líquido, una fascinante propuesta al aire libre que se desarrolla a lo largo del Malecón, creada y comisariada por Juan Delgado Calzadilla, donde más de 60 artistas internacionales de diversas nacionalidades muestran sus obras en un magnífico despliegue de creatividad, calidad y originalidad, a lo largo del litoral habanero. En palabras del comisario: “Defendemos al arte como una oportunidad para transformar la manera en la que los seres humanos interactuamos en el espacio público. No en balde hemos sido invitados, además, a celebrar el 500 aniversario de nuestra capital por la Oficina del Historiador, ofrecimiento que nos permitirá extender en tiempo y espacio nuestro gesto de gratitud hacia esta maravillosa ciudad.”

En la punta del Malecón, frente al Faro del Castillo del Morro y la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, se encuentra emplazada la obra de Bikondoa, La Palabra, una imponente instalación escultórica que comprende un monumental libro de tres metros de altura, realizado en madera recubierta de zinc y cientos de zapatos/botas/pies de cemento. Dos muros, para Detrás del Muro. Dos muros, una metáfora. Hablamos de todo ello con Alfredo Bikondoa:

P.- En primer lugar hemos de felicitarle por su magnífica propuesta para esta edición de la Bienal de La Habana. Siguiendo su extensa trayectoria advertimos que se trata de la primera participación en una bienal internacional, ¿puede hablarnos de cómo ha sido el desarrollo?
R.- En efecto es la primera vez que he sido invitado a participar en una bienal. Todo surgió de la visita del crítico cubano afincado en Madrid, Andrés Isaac Santana, quien ha sido curador asociado de esta XIII edición de la bienal de La Habana. El supo ver/intuir que mis proyectos y mis obras escultóricas/objetuales concentran en su adn la monumentalidad y de ahí nació la propuesta que Juan Delgado y el Centro Wifredo Lam, estuvieron encantados de aprobar para su proyecto de Detrás del Muro.

P.- De entre todas sus obras escultóricas ¿qué le hizo seleccionar La Palabra como propuesta?
R.- Bueno, he de decir que La Palabra, como tal, no existía en ese momento. Es una pieza que se ha creado de ex proceso para la Bienal. Sí que parte de una pieza anterior y de una serie en la que sigo trabajando, “El camino directo a la verdad”. Esta serie de obras ya fueron expuestas en el Museo Encontrado de la Fundación Antonio Pérez de Cuenca.
Lo primordial fue conocer el enclave de la obra. La denominación de los proyectos también influyeron: Detrás del muro – escenario líquido, y el subtítulo de la Bienal, La construcción de lo posible, también marcaron decisiones.
Así surgió La Palabra, dos muros “líquidos” para Detrás del muro y una metáfora, el decurso vital del ser humano, para La construcción de lo posible, porque… ¿qué hay más importante que la ‘construcción’ de la evolución interior del ser humano?

P.- ¿Muros líquidos?
R.- Sí, evidentemente se trata de otra metáfora. Traté de construir dos muros que representasen, en su verticalidad, la superficie marina, para ello el zinc me aportó lo necesario… La Palabra es un libro entreabierto cuya portada, plagada de letras, representa el conocimiento y por ello mira hacia el Faro, símbolo de la búsqueda del mismo. La contraportada, asaetada por cientos de enormes clavos, representa el sufrimiento y dirige su mirada a la Fortaleza, símbolo de resistencia. Del libro entreabierto emanan cientos de pasos en cemento, escenario alegórico del decurso vital del ser humano, ya que evolucionamos bien a través del conocimiento, bien a través del sufrimiento.

P.- En esta monumental y potente pieza podemos apreciar otro de los elementos recurrentes en sus obras: los números, en este caso el 59 impreso en el lomo del ‘libro’, ¿tiene algún significado concreto?
R.- En efecto, en mis obras aparecen letras y números. Algunos críticos del arte lo denominan el ‘código Bikondoa’. No siempre responden a una idea concreta, pero en esta ocasión la elección de esos números sí que tienen una carga simbólica. El 5 representa al hombre y el 9 al camino interior del mismo. En La Habana me preguntaron si tenía que ver con el año en que triunfó la Revolución, es curioso cómo actúa el inconsciente pues a mí me interesa sobremanera la revolución interior del individuo.

P.- ¿Y qué nos puede decir sobre su título, La Palabra?
R.- Recientemente, y creo que a ustedes mismos, les hablé de una frase que había oido pronunciar a la genial cantante Patti Smith: “La palabra es y será el arma más bella del mundo”, suscribiendo sus palabras yo añadiría “y la más poderosa”. Para mí es muy importante la palabra, pero en ocasiones siento que el hombre ha sobredimensionado esa importancia,, es un arma de doble filo puesto que también se utiliza para seducir y engañar. No obstante me interesa la palabra como vía de conocimiento. Aquella que sale del corazón, y no del corazón afectivo, sino del núcleo, del Hara como dicen los japoneses. Al principio de los tiempos el hombre tan sólo emitía sonidos guturales, no poseía el poder de la palabra, pero ésta se desarrolló empujada por su predecesor, el pensamiento. Nadie puede rendirse ante la palabra bien articulada. La palabra no es algo fijo o sólido, es interpretativa, de una misma palabra se pueden sacar distintas conclusiones, ya que no tiene vida propia, tiene la vida que nosotros le otorgamos. La palabra te puede elevar o hundir. El sabio conoce bien ese poder y por ello cuida mucho sus palabras. Se ha elogiado mucho a la palabra. Se dice que la palabra es plata y el silencio es oro. A mí me interesa el silencio de la palabra. Cuando la palabra y la “no palabra” se unen, surge la palabra transformadora, ésa que tiene la capacidad de cambiar de arriba abajo y de adentro a afuera a todo el ser sensible que la escucha. Esa palabra es una palabra con centro magnético y su sonido resuena como el trueno en el centro del universo. En nuestro centro.

P.- La dos últimas muestras públicas, la primera en el programa ARCO VIP en el Museo Zapadores Ciudad del Arte donde pudimos disfrutar de su obra Tomorrowland y ésta de ahora de la XIII edición de la Bienal de La Habana, han sido grandes instalaciones escultóricas ¿es un indicativo de por dónde se dirige la nueva mirada de Bikondoa?
R.- Me considero un artista al que no se le puede encasillar en un estilo, de multitud de registros, pero con una marcada línea de pensamiento que unifica toda mi obra. De igual manera, la monumentalidad o no de las piezas responden a esa misma línea de pensamiento. Tengo entre manos varios proyectos que irán manifestándose y que espero nos sorprendan a todos, incluso a mí. La sorpresa es un factor necesario en mi proceso de trabajo. Si algo no me sorprende, no me interesa. De ahí que abandone una serie antes de que se vuelva un trabajo mecánico. Las obras han de estar habitadas por el alma y no por el automatismo del conocimiento del artesano. De igual manera me considero cíclico. Puedo retomar una serie cuando descubro una nueva aportación para ella. No me importan los “ismos”, ni los estilos , ni los encasillamientos. Lo que importa es si la obra tiene alma o no.

P.- Leyendo todo lo que se ha escrito sobre su participación en esta Bienal querríamos destacar las palabras que le dirige uno de los curadores de Detrás del Muro, Luis Enrique Padrón Pérez:
“Alfredo Bikondoa es un sabio. Esta instalación escultórica así lo refrenda. Pudiera decirse que el volumen alude a un gran libro abierto del cual se escapan centenares de pasos; que es una especie de catedral románica; que es una alacena o librero. Lo cierto es que está marcada por un espíritu profundamente ascético. Madera, hierro, piedra o concreto, conforman un imaginario de cierta violencia, que gira en torno a la tradición de la palabra escrita y al poder sujeto en ella. Por otra parte la obra dialoga con algunas de las máximas del Minimalismo, naturalizando algunos de sus conceptos clave. Pudiera entenderse que el conocimiento es una carga necesaria, que su construcción a través de cientos de miles de años de cultura ha sido tan contradictorio como el pensamiento del hombre mismo; que el tiempo es un estadio y nuestra existencia un ejercicio de tributo al mundo. Que nuestros pasos no están perdidos. Bikondoa es un reconocido artista español en cuya vida y obra la espiritualidad juega un papel principal”.
R.- Para ser sincero he de decir que me llevé una muy gratificante sorpresa con las palabras de Luis Enrique. Creo que ha sabido captar perfectamente el espíritu de la pieza, incluso cuando apenas hemos podido intercambiar palabras discursivas durante todo el proceso organizativo y de montaje. Si hay que utilizar una palabra que defina toda la experiencia vivida y experimentada ésa sería “intensidad”. Intensidad de emociones en todos los aspectos. Articular un proyecto que engloba a más de 60 artistas no es nada fácil y lo que me consta es que el equipo de Juan Delgado dejó el alma en ello. He de agradecer desde estas líneas por ello a todo el equipo, en especial al propio Luis Enrique y a Randy Enrique Morales; cabezas más visibles del mismo.

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