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Batirse en duelo fue algo propio del Romanticismo, ya que el honor era un valor primordial en la sociedad del Siglo XIX. Para ampliar los contenidos de su exposición permanente y tratar este tema, el Museo del Romanticismo expone un estuche con una pareja de pistolas de duelo prestadas por el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, institución a la que pertenecen gracias al Legado Echeverría.

Desde 2012, el Museo del Romanticismo viene acogiendo en sus salas una Obra Invitada, con el fin de contextualizar su colección y exhibir piezas procedentes de otros museos y colecciones. Así, han formado parte de este programa, entre otros, el retrato de Eugenia de Montijo de Franz Xaver Winterhalter, cedido por la Fundación Casa de Alba o el retrato de Gustavo Adolfo Bécquer realizado por su hermano, Valeriano Domínguez Bécquer, procedente del Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Siguiendo esta estela, a partir del próximo 1 de octubre podrá verse en la Sala XXII (Despacho) un completo estuche con todos los elementos necesarios para cargar y mantener una pareja de pistolas de fabricación francesa ricamente decoradas. Dada la costumbre de solventar las afrentas contra el honor de forma privada y fuera de la legalidad, los estuches conteniendo parejas de pistolas para batirse en duelo fueron un elemento de lujo durante el siglo XIX, fruto de encargos de particulares.

El duelo en el Siglo XIX

El honor se convirtió en un valor primordial en la sociedad del siglo XIX. La afrenta contra la honorabilidad exigía ser vengada, y, consecuentemente, el ofendido o deshonrado debía lavar su honra batiéndose en duelo.

Estos enfrentamientos, a pesar de estar penados por la justicia, fueron una práctica común entre personajes influyentes y de la clase alta, principalmente aristócratas, militares, políticos, escritores y periodistas. Mediante estos desafíos se resolvían disputas al margen de la ley y la justicia. Era un ritual reservado exclusivamente a los hombres, por lo que las mujeres nunca podían presenciarlo.

En el momento en que los dos contendientes decidían batirse en duelo se ponía en marcha un ceremonial de organización de estas contiendas. Los padrinos, que eran designados por ambos adversarios, desempeñaban un papel clave, ya que eran los encargados de organizar todos los detalles del duelo: la hora, el lugar, las armas, el procedimiento, los testigos, los médicos que asistirían al desafío, etc.

Ya que estos actos eran ilegales, solían llevarse a cabo al amanecer y en un sitio discreto y apartado, vistiendo los combatientes con la indumentaria establecida para estas ocasiones: traje con levita negra y sombrero de copa.

Los duelos podían ser a primer disparo, disparándose generalmente al aire para salvar el honor; a primera sangre, que se prolongaba hasta que alguno de los participantes fuera herido por un balazo, o a muerte, que concluía con el fallecimiento de uno de los duelistas.

Los lances de honor se regían por un protocolo instituido ya desde la Edad Media. En nuestro país Alfonso X codificó las normas de este enfrentamiento en su cuerpo normativo de las Siete Partidas. En Europa los duelos a pistola fueron muy corrientes entre finales del siglo XVII y mediados del XIX, redactándose diversos reglamentos para regular dicha práctica. En España destacaron dos obras que llegaron a ser muy populares entre los duelistas: Ofensas y Desafíos de Eusebio Yñiguez, editada en 1890, y Código de Honor entre caballeros, redactada por el marqués de Cabriñana del Monte en 1900.

Del 1 de octubre de 2019 al 23 de febrero de 2020
Sala XXII (Despacho)
Museo Nacional del Romanticismo
C/ San Mateo, 13 28004, Madrid
HORARIO:
Horario de invierno (de noviembre a abril)
De martes a sábado: de 9:30 a 18:30
Domingos y festivos: de 10:00 a 15:00
Horario de verano (de mayo a octubre)
De martes a sábado: de 9:30 a 20:30
Domingos y festivos: de 10:00 a 15:00

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