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David Wojnarowicz. La historia me quita el sueño (Para Rilo Chmielorz), 1986. Pintura acrílica, pintura en espray y collage de papel sobre tablero de conglomerado 171,5x 201x3,2 cm Colección de John P. Axelrod. Fotografía de Ron Cowie

“David Wojnarowicz. La historia me quita el sueño”. El Museo Reina Sofía muestra por primera vez en España una exposición sobre la obra de David Wojnarowicz, se trata de la primera gran revisión que se realiza de la multifacética obra creativa del artista, escritor y activista David Wojnarowicz (Nueva Jersey, 1954-Nueva York, 1992) desde la exposición realizada en 1999 en el New Museum de Nueva York y de la publicación en 2012 de Fire in the Belly: The Life and Times of David Wojnarowicz, la detallada biografía de Cynthia Carr.

En esta gran retrospectiva, organizada por el Whitney Museum of American Art de Nueva York en colaboración con el Museo Reina Sofía y el Mudam Luxembourg – Musée d’Art Moderne Grand-Duc Jean, no solo se examinan la pluralidad de estilos y medios que el artista desplegó en su práctica, sino que además se relaciona su obra con el contexto político, social y artístico de la Nueva York de los años ochenta y principios de los noventa.

Aquella era una época marcada por la incertidumbre económica y la terrible epidemia del sida pero también por la energía creativa y una serie de profundos cambios culturales: la intersección de diferentes movimientos –el grafiti, la música de la new wave y la no wave, la fotografía conceptual, la performance y la pintura neo-expresionista– convirtió la ciudad estadounidense en un laboratorio artístico para la innovación.

En este escenario y hasta su prematura muerte a causa del VIH, David Wojnarowicz, prácticamente autodidacta, desarrolló una obra artística que, sin ceñirse a un estilo característico, abarca la fotografía, la pintura, la música, el cine, la escultura, la literatura y el activismo para realizar una lúcida e incisiva crónica del momento que vivió.

En su trabajo, la figura del marginado es el objeto de representación predilecto de Wojnarowicz. Homosexual y seropositivo, se convirtió en un ardiente defensor de las personas enfermas de sida en una época en que muchos amigos y desconocidos morían ante la pasividad del gobierno. Por otro lado, la obra de Wojnarowicz se puede enmarcar también en esa tradición de artistas iconoclastas, desde Walt Whitman a William S. Burroughs, que han analizado los mitos norteamericanos, sus repercusiones y su agresividad. Al igual que ellos, aborda temas intemporales como el sexo, la espiritualidad, el amor y la pérdida.

La muestra reúne aproximadamente 200 obras, muchísimas de ellas pertenecientes a colecciones privadas y procedentes de Estados Unidos, por lo que es una oportunidad única para el público español y europeo de ver la retrospectiva más importante tras su muerte.

Influencias literarias
Antes que artista visual, Wojnarowicz fue poeta. En los años setenta, cuando quería convertirse en escritor, profesaba una gran admiración por el iconoclasta poeta francés Arthur Rimbaud y, en cierta manera, sus vidas se asemejaban. Con el poeta francés como referente, justo después de regresar de un viaje a París, un Wojnarowicz de veinticuatro años fotografió a tres de sus amigos paseándose por las calles de Nueva York con una careta de Rimbaud de tamaño natural, cuyo original puede contemplarse al inicio de la exposición. Junto a ella se muestran 39 instantáneas de la que hoy se considera una obra canónica: la serie Arthur Rimbaud en Nueva York (1978-79), que realizó Wojnarowicz en lugares que habían sido importantes para él.

De la estrecha relación que mantuvo con la literatura da cuenta también la gran influencia que ejercieron en su obra otros escritores como William S. Burroughs o Jean Genet. Ambos autores aparecen en dos collages presentes en esta sala – Sin título (Genet retratado por Brassaï) (1979) y El sueño recurrente de Bill Burroughs (1978). La precoz adopción de la serialidad de las fotografías y el uso del collage marcan el inicio de la etapa de madurez artística de Wojnarowicz.

Muelle 34: objetos encontrados y estarcidos
A principios de los años ochenta, Wojnarowicz no tenía una fuente de ingresos fija. Por eso reciclaba todo tipo de materiales encontrados, como tapaderas de cubos de basura o carteles de economatos y tiendas de «todo a un dólar» que había en el barrio del Lower East Side. Su principal escenario de trabajo eran los edificios abandonados de los muelles del río Hudson, sobre todo en los del Muelle 34.

Allí creaba obras de arte como las que pueden verse en la siguiente sección de la exposición, que se inicia con trabajos donde se muestran sus habituales estarcidos –una casa en llamas, un hombre que cae,, un bombardero, etc.–, que se convirtieron en elementos distintivos de su vocabulario visual. Wojnarowicz empezó a utilizarlos por necesidad. Era uno de los miembros del grupo musical no wave 3 Teens Kill 4, cuyo álbum No Motive, se puede escuchar una pequeña sala adyacente. Diseñó algunos carteles para anunciar los conciertos de la banda y, para evitar que los arrancaran, empezó a crear plantillas para pintar con espray sus dibujos sobre los edificios, las paredes y las aceras.

Los anuncios serigrafiados de “ofertas de la semana” que se pegaban con cinta adhesiva en los escaparates de las tiendas y se renovaban periódicamente, también eran usados por el artista. Una vez estarcidos, pintados y/o transformados en collages, estos carteles se convirtieron en inconfundibles obras de Wojnarowicz. Ejemplo de ello son Jean Genet masturbándose en la prisión de Metteray (Asado London Broil) (1983) o Café Martinson (1983).

Metamorfosis
Wojnarowicz introdujo una nueva dimensión en su obra con la pieza más importante que presentó en una exposición que tuvo lugar en 1984: una serie de repisas con veintitrés cabezas (en referencia al número de pares de cromosomas del ADN humano) de escayola con pintura y collage que llevaban el título colectivo de Metamorfosis y que se muestra a continuación. Estas cabezas de monstruo/alienígena/mutante ya habían aparecido en algunos estarcidos y collages, pero era la primera vez que adoptaba una forma tridimensional. La instalación, que recordaba a un paredón de fusilamiento, hacía referencia a los conflictos que por aquel entonces asolaban América Central y Sudamérica: la Contra nicaragüense, la guerra civil de El Salvador o la guerra sucia de Argentina. El espectro de la tortura, de los desaparecidos y de la violación de los derechos humanos era una sombra que se cernía sobre la totalidad del continente americano.

Wojnarowicz y Hujar
Wojnarowicz conoció a Peter Hujar en 1980. Fueron amantes durante una breve temporada, pero su relación se intensificó y evolucionó hasta convertirse en una amistad imposible de categorizar. Como se puede observar en la siguiente zona de la exposición, los dos amigos se retrataron mutuamente en varias ocasiones.

Veinte años mayor que Wojnarowicz, Hujar era un fotógrafo y un personaje muy conocido en los círculos artísticos de Nueva York, y sus retratos eran muy apreciados. En la época en que se conocieron, Wojnarowicz aún no había encontrado su verdadera vocación. Fue Hujar quien le convenció de que era un artista y quien le animó a pintar, algo que Wojnarowicz no había hecho jamás. En 1987, cuando Hujar murió a causa del sida, Wojnarowicz declararía que había sido “mi hermano, mi padre, mi vínculo emocional con el mundo”.

Películas del artista
A continuación, los vídeos mostrados en esta sala y en la contigua muestran una selección de fragmentos de películas rodadas a finales de los años ochenta. A finales de octubre de 1986 viajó a México, donde filmó las fiestas del Día de los Muertos y otras escenas en Teotihuacán. En estas imágenes podemos ver cómo las hormigas rojas se pasean por un reloj, por unos billetes y por un crucifijo que Wojnarowicz se llevó consigo a su regreso.

El artista, que se había educado en el catolicismo, afirmaría años después que Jesucristo “había querido cargar con el sufrimiento de toda la humanidad”. Cuando la crisis del sida se recrudeció, se esforzó por encontrar un lenguaje simbólico que le permitiera sintetizar las nociones de espiritualidad, mortalidad, vulnerabilidad y violencia. Empezó a montar las imágenes que había rodado en México para crear una película titulada A Fire in My Belly (Un fuego en mis entrañas), que nunca llegó a terminar.

El mundo preinventado
A mediados de los años ochenta, las pinturas de Wojnarowicz tomaron una nueva dirección, y las composiciones y los temas se volvieron más atrevidos y complejos. Los títulos de estas pinturas y de los collages fotográficos posteriores dan pistas sobre su interpretación de los aspectos sociales, económicos y culturales de la Norteamérica contemporánea y su relación con la civilización occidental.

Wojnarowicz utilizaba el término “preinventado” para designar al orden prescrito. A su modo de ver, solo podemos conocer el mundo anterior a la aparición del hombre —el mundo anterior a la invención de las vías de tren y de las autopistas, de las ciudades en expansión y de los complejos industriales, de los mapas y de la moneda— por oposición, una definición antitética del mundo contemporáneo. El presente, por tanto, es el mundo prefabricado, “preinventado”. Crítico despiadado de una sociedad que a su modo de ver degradaba el medio ambiente y excluía a las personas que vivían en los márgenes, Wojnarowicz creaba composiciones atestadas de símbolos de la industrialización y de la colonización.

Después de este área, se muestran diversas pinturas de la exposición de Wojnarowicz The Four Elements (Los cuatro elementos). Estas pinturas cargadas de símbolos, de una enorme complejidad técnica, son representaciones alegóricas de la tierra, el agua, el fuego y el aire. En este caso, el artista ofrece una interpretación personal de un tema con una larga tradición en el arte europeo. Al relacionar su propia época con un tema histórico, reivindica el linaje de su obra, a la vez que afirma la singularidad y la violencia específica del presente.

David Wojnarowicz con Tom Warren, Autorretrato de David Wojnarowicz, 1983–84, Acrílico y collage sobre gelatinobromuro de plata, 148,6 × 99,1 cm, Colección de Brooke Garber Neidich y Daniel Neidich. Fotografía: Ron Amstutz

Tras la muerte de Peter Hujar
Wojnarowicz se encontraba en la habitación del hospital de Peter Hujar cuando su amigo falleció debido a complicaciones relacionadas con el sida. Nada más morir Hujar, filmó y fotografió a su amigo por última vez. Las tres delicadas imágenes de Hujar que podemos contemplar en esta sala se recogieron durante este último encuentro. Aunque Wojnarowicz siguió dibujando y pintando después de la muerte de Hujar, la fotografía y la escritura adquirirían un protagonismo especial hasta el final de su vida.

En el periodo que se abarca en esta sala, Wojnarowicz ocupó una posición central en una serie de controversias políticas relacionadas con el National Endowment for the Arts (Fondo Nacional para las Artes). En una carta que la American Family Association (Asociación de la Familia Americana) puso en circulación para criticar las subvenciones que el NEA había concedido a exposiciones con contenido homosexual, este grupo de presión religioso sacó de contexto algunas obras de Wojnarowicz. El artista les demandó por vulnerar la legislación de derechos de autor y ganó el juicio. En esta sala se muestra la declaración jurada de Wojnarowicz y otros documentos relacionados con este juicio.

Antes de pasar a la última sección, otra sala recoge algunas obras de la única retrospectiva que Wojnarowicz inauguró en vida, David Wojnarowicz: Tongues of Flame (David Wojnarowicz: Lenguas de fuego), que se celebró en la Illinois State University de Normal, en 1990. En el periodo previo a esta muestra, el artista empezó a trabajar en cuatro enormes pinturas de flores exóticas como un símbolo que hace referencia a la crisis del sida y a su propia enfermedad.

En esta misma zona también están presentes otras obras que, como ocurre con otras piezas anteriores de la exposición, reflejan que los mapas del mundo eran otro material fundamental para Wojnarowicz, quien los utilizaba para crear collages pictóricos como Sin título (Peter Hujar soñando) (1982). Los mapas desempeñan numerosas funciones en la obra de Wojnarowicz, y de la misma manera que ponen de relieve la naturaleza arbitraria de las fronteras y de otras divisiones humanas, pueden interpretarse como un símbolo del divorcio entre la naturaleza y las civilizaciones urbanas, o como un llamamiento a huir de las ciudades donde había empezado a arraigar el sida.

Las maquinaciones del poder
La obra de Wojnarowicz se ocupa de los mecanismos, las políticas y las maquinaciones que utiliza el poder para conferir visibilidad a unas vidas y negársela a otras.

La voluntad de conceder presencia a los cuerpos –la obsesión por crear un espacio abierto donde poder reproducir, a través del lenguaje y de las imágenes, representaciones homosexuales que no se ven casi nunca– es una inquietud que recorre toda su obra y que se exacerbó con la crisis del sida para dar lugar a la pieza que podemos ver al final de la exposición: Sin título (Un día, este niño…) (1990-1991) es quizá la obra más conocida de Wojnarowicz. La silueta de un niño es el propio Wojnarowicz. En el texto que le rodea, se describe el futuro de este niño, un futuro marcado por las agresiones y la homofobia. Esta pieza, como tantas otras suyas, se ha convertido en un símbolo del espíritu de protesta, de lucha y de resistencia.

Datos de interés:
David Wojnarowicz. La historia me quita el sueño
Museo Reina Sofía. Edificio Sabatini. Primera planta
Fechas: 28 de mayo de 2019 – 30 de septiembre de 2019

Organización: Whitney Museum of American Art, Nueva York, en colaboración con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, y el Mudam Luxembourg – Musée d’Art Moderne Grand-Duc Jean, Luxemburgo
Comisarios: David Breslin y David Kiehl
Coordinación: Rafael García
Itinerancia:
Whitney Museum of American Art, Nueva York: 13 julio – 30 septiembre, 2018
Museo Reina Sofía, Madrid: 29 mayo – 30 septiembre, 2019
Mudam Luxembourg – Musée d’Art Moderne Grand-Duc Jean, Luxemburgo: 26 octubre, 2019 – 2 febrero 2020

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