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El próximo domingo 24 de junio se clausura en el Museo Patio Herreriano de Valladolid, la exposición Sorolla. Un jardín para pintar, que descubre al público una faceta poco conocida del artista valenciano y su pasión por los jardines. Cerca de 40.000 personas han visitado esta muestra Comisariada por Consuelo Luca de Tena, directora del Museo Sorolla, con el co-comisariado de María López y Ana Luengo.

La exposición está integrada por más de 120 obras entre óleos, bocetos, dibujos, esculturas, azulejos y fotografías procedentes en su mayor parte del Museo Sorolla, pero también de otras colecciones como las de la Fundación Bancaja, Museo de Bellas Artes de Valencia, Ayuntamiento de Valencia, Museo Carmen Thyssen de Málaga, Hispanic Society of America así como colecciones particulares. La exposición relata cómo Sorolla concibió su jardín de artista en su casa de Madrid y la influencia que ejercieron en su obra los patios y jardines en los Reales Alcázares de Sevilla y de la Alhambra de Granada.

La muestra presenta a un Sorolla maduro, que a lo largo de sus últimos años, en medio de los esfuerzos que le exige la realización del gran encargo de los murales de Visión de España para la Hispanic Society de Nueva York, encuentra el tiempo para pensar un jardín, trazarlo, plantarlo, cultivarlo y sentarse a disfrutarlo pintándolo: un Sorolla a la vez pintor y jardinero, como lo fueron otros pintores de su tiempo. La exposición pretende también llamar la atención sobre los aspectos específicamente botánicos del jardín, que son los que le prestan todo aquello que Sorolla más estimaba: color, variedad, movimiento, vida.

Uno de los grandes sueños de la vida del pintor Joaquín Sorolla (Valencia, 1863-Madrid, 1923) fue unir en un solo espacio su estudio y su casa, su pintura y su familia, todo ello amparado por un bello jardín. El actual Museo Sorolla de Madrid es la culminación de ese sueño, y su jardín constituye una de las obras maestras más importantes del artista. Sus lienzos de patios y jardines en los Reales Alcázares de Sevilla y en la Alhambra de Granada tras sus visitas entre 1909 y 1911, le enseñaban a mirar y a comprender el jardín español, conforme iba realizando su propio jardín. Esta lección le permitía plasmar en su propia casa aquellas soluciones que sentía más satisfactorias para su propia pintura, trasplantando a su jardín las composiciones, perspectivas, motivos, colores, sonidos y olores que amaba en sus lienzos. Así fue creando un refugio a la medida de sus pinceles, un paraíso personal que recrear en sus últimas y esenciales pinturas.

La entrada es gratuita

Museo Patio Herreriano de Valladolid

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