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Van GoghMoulin de la Galette desempeñó un papel clave en proporcionar fama internacional a Vincent van  Gogh. El artista la pintó en París en abril de 1887 y va a ser, sin duda, una de las grandes atracciones de esta edición de TEFAF Maastricht, que se celebrará del 14 al 23 de marzo. Moulin de la Galette será exhibido por Dickinson (www.simondickinson.com), una prestigiosa galería con sede en Londres y Nueva York. Su precio de venta no ha sido aún comunicado.

En opinión de James Roundell, de Dickinson, «esta pintura lo tiene todo. La obra fue pintada en París durante un periodo de enorme importancia en la vida de Van Gogh, cuando pasó de pintar sombrías escenas de la vida campesina holandesa a crear paisajes post-impresionistas de brillantes colores. No es habitual encontrar una firma tan prominente en una obra de esta época. Se trata, además, de una de las dos únicas pinturas pertenecientes a su serie de obras representando molinos de Montmartre que aún se conservan en una colección privada. Se mostró por última vez al público en 1965».

Durante los dos años siguientes a su llegada a París en 1886 para vivir con su hermano Theo, Van Gogh experimentó una impresionante evolución artística. Alentado por Theo para emular a los impresionistas y conseguir así que su trabajo se pudiera vender mejor, Vincent Van Gogh dejó de producir escenas rurales holandesas y comenzó a pintar algunas de las obras más innovadoras, coloristas y expresivas de todos los tiempos. Van Gogh pintó Moulin de la Galette en abril de 1887, en la cima de este proceso de transición, y forma parte de su serie de pinturas de molinos del animado barrio artístico de Montmartre. Esta vibrante obra lleva la firma de Van Gogh, lo que es poco frecuente.

Theo van Gogh no sobrevivió mucho tiempo a la muerte de su hermano Vincent, acaecida en julio de 1890, y falleció el siguiente mes de enero, de forma que la vivienda de Theo y todas las cartas y pinturas de Vincent, incluida Moulin de la Galette, pasó a ser propiedad de su viuda, Johanna van Gogh-Bonger. Decidida a conseguir fama póstuma para Vincent, a lo largo de los siguientes años Johanna se dedicó a organizar una serie de exposiciones, de las cuales la celebrada en 1905 en el Stedelijk Museum de Ámsterdam, fue de importancia crucial. Esta exposición consolidó la reputación de Van Gogh como una fuerza vital dentro de la pintura post-impresionista, y una etiqueta en el dorso de Moulin de la Galette pone de manifiesto que esta obra estuvo incluida en dicha exposición.

En 1906 Johanna entregó el cuadro al pintor Isaac Israëls, que había sido su amante durante tres años tras la muerte de Theo, a cambio de un retrato. Más adelante pasó a ser propiedad del millonario americano en el que Ian Fleming se basó para crear al archivillano Goldfinger.

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