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A partir del próximo día 17 de octubre se podrá contemplar en el Museo Reina Sofía una exposición monográfica dedicada a María Blanchard (1881-1932) que reivindica la trayectoria artística y personal de esta pintora, partícipe excepcional y personal de las Vanguardias de la primera mitad del siglo XX. Su obra pictórica establece reveladoras conexiones con su trágica existencia además de habilitar a la creadora como figura coetánea, original y decisiva entre otras grandes figuras del arte a cuya sombra había quedado para la historiografía del arte. Para reconocer su trascendencia se plantea un itinerario cronológico dividido en tres etapas vitales.

Entre 1908 y 1913 transcurre la maduración de una identidad pictórica propia donde se aprecia la permeabilidad a las influencias de sus maestros. Es la época de las obras tempranas, los estudios en París y sus primeros contactos con pintores como Anglada Camarasa y Diego Rivera.

Desde  1913 y hasta 1919 Blanchard, de regreso en París, entra activamente en el círculo cubista de la mano de Rivera. Plena conocedora de los avances estéticos y formales de la nueva vanguardia, se suma con voz propia a este movimiento. Desde 1915 fijará su residencia definitiva en París, donde llegará a ser una figura reconocida, partícipe de las discusiones cubistas y amiga íntima de Lipchitz y Juan Gris. Blanchard lograría un perfecto dominio de la expresión cubista sintética, unida a un orden cromático sentimental lleno de plasticidad poética. Los años finales de la experiencia cubista serán también los del reconocimiento público, con la participación en exposiciones  junto a los otros grandes nombres del cubismo.

Una última Etapa de Retorno al Orden hasta su fallecimiento en 1932 muestra a una artista progresivamente aislada, marcada por sus dolencias físicas y volcada en una pintura que es expresión de sus propias vivencias, y que muestra fuertes acentos espirituales después de 1927, año en que la muerte de Gris conmueve a la artista.

Con el título Paralelismos, junto a las obras de Blanchard se incluyen obras de sus coetáneos Juan Gris, Jacques Lipchitz o Diego Rivera que dan idea de los nexos de unión entre sus intereses formales, destrezas y planteamientos pictóricos compartidos.

Después de ser mostrada su etapa cubista en la sede de la Fundación Botín de Santander este verano, la retrospectiva que se podrá ver en Madrid abarca por completo la trayectoria artística de María Blanchard (Santander, 1881 – París, 1932), a través de 74 obras, la mayoría de ellas pinturas y reivindicar así el trabajo de esta española, cuya entrega total al mundo del arte le valió para convertirse en una de las grandes figuras de la vanguardia de comienzos del siglo XX.

Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los años ochenta en América Latina

La exposición habla de las tensiones entre el arte, la política y el activismo que tuvieron lugar durante los años ochenta en diferentes zonas de América Latina.

A través de más de seiscientas obras —desde fotografía, vídeos y grabaciones sonoras hasta material gráfico y documental, así como instalaciones y dibujos—, repartidas en más de 1000 m2, Perder la forma humana elabora una imagen que, aunque no pretende ser panorámica ni representativa, sí invita a repensar una serie de micro-historias y casos de estudio localizados, capaces de permitir al espectador acercarse a una década en Latinoamérica desconocida hasta la fecha.

En medio de contextos dictatoriales o fuertemente represivos, así como en los primeros años de transición democrática que vivieron los países latinoamericanos en los años ochenta, surgieron iniciativas poético-políticas que generaron una serie de prácticas que activaron la esfera pública. Muchas de estas experiencias aparecieron imbricadas con escenas contraculturales: las movidas de rock underground, la disidencia sexual, los grupos de poesía, el teatro experimental, la nueva arquitectura, etc. Otras surgieron a través de los movimientos de derechos humanos como nuevas formas de protesta y demandas en el ámbito público.

Los materiales aquí reunidos, en muchos casos, nunca se han visto en un Museo de arte contemporáneo, y es que esta es la primera vez que la mayoría de los trabajos expuestos salen a la luz, una ocasión única para adentrarse en una época convulsa, a través de un vasto conjunto de materiales y documentos visuales, escritos y sonoros.

Exposición organizada por el Museo Reina Sofía en colaboración con la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo)

A partir del 17 y del 25 de octubre

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