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Ibon Aranberri reflexiona sobre la transformación del Patrimonio en la Abadía de Silos

14 Julio, 2010 | Por | Categoría: Actualidad, Centro de Arte, Exposiciones, Museos | Imprime esta noticia Imprime esta noticia

Organizada por el Museo Reina Sofía  esta nueva exposición trata de explorar, mediante los mecanismos del arte, la latencia de estados cambiantes en el patrimonio cultural, oscilando entre lo primordial y lo actual de la arquitectura antigua

Esta mañana se ha presentado en la Abadía de Santo Domingo de Silos  (Burgos) la exposición   “Gramática de meseta” de Ibon Aranberri (Itziar-Deba, Guipúzcoa, 1969) con la presencia del artista, el director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, la comisaria de la muestra, Nuria Enguita, Lynne Cooke, el Abad Clemente Serna y el presidente de la Cámara de Burgos, Antonio Méndez Pozo.

La exposición de Ibon Aranberri (Itziar-Deba, Guipúzcoa, 1969) para  la Abadía de Silos (Santo Domingo de Silos, Burgos) surge de la fenomenología compleja asociada a la destrucción del patrimonio por efecto de megaproyectos, y la recuperación puntual y descontextualizada de dichas ruinas para usos simbólicos. Parte del episodio concreto, popularmente conocido pero a la vez exótico, que supone el traslado piedra a piedra de monumentos en casos de construcción de grandes infraestructuras públicas: autopistas, embalses, estaciones de esquí, etc.

El itinerario se concentra en una secuencia de 50 diapositivas de formato mediano obtenidas por el autor en los archivos de empresas que protagonizaron la construcción de esas infraestructuras, intercaladas con otras de nueva factura obtenidas en esos mismos escenarios. Junto a la proyección se despliegan una serie de fotografías en papel que desvelan leves trazos de los materiales reubicados o de los lugares donde éstos se produjeron. En ese mismo itinerario encontramos también planos y dibujos que esclarecen las técnicas de desmontaje y montaje. Todo el material se instala sobre un fondo de módulos de acero y cristal que genera una sobreestructura que además de acoger las figuras define una forma escultórica, espacial y articulada en la que se insertan los materiales ya mencionados. Una estela funeraria romana se instala en el primer espacio de la sala de exposiciones. Se trata de un bloque de piedra que no encontró ubicación en la reconstrucción del nuevo escenario y que permanece normalmente almacenada en la iglesia a la que pertecene.

Gramática de meseta se plantea como trasunto del “sistema lingüístico desterritorializado”, que se refleja con mayor nitidez lejos de las conurbaciones densificadas. Tiene que ver con la información que generan los signos y sus combinaciones en el paisaje.

La exposición como totalidad propone una inversión entre lo documental y lo formalista, o una disolución de la narratividad como efecto de esa inversión. El documento pierde parte de su capacidad literal y la repetición modular es la que compone la partitura abstracta de forma que no es posible distinguir entre figura y fondo, entre documento y escultura.

Apuntes biográficos

Ibon Aranberri (Itziar-Deba, Guipúzcoa, 1969) utiliza en sus trabajos referencias de carácter histórico o artístico con los que trata de llamar la atención del espectador para inducirle a la reflexión. Se licenció en Bellas Artes en 1994 por la Universidad del País Vasco, Bilbao. Asistió a mediados de los 90, a los talleres de Arteleku en San Sebastián. Amplía sus estudios en CCAKitakyushu, Japón y, en 2000, colabora con el proyecto Consonni, Bilbao. Participó en la Manifesta 4 de Frankfurt 2002. Entre sus últimas exposiciones destacan On working with (Ir.T.nº 513), Iaspis project room, Estocolmo, 2006 y su participación en Documenta 12, Kassel 2007, año en el que expuso Integration en la Kunsthalle Basel, Basilea, 2007; Disorder, Frankfurter Kunstverein, Frankfurt, 2008; y la 16th Biennale of Sidney, 2008. Actualmente prepara una exposición individual en la Fundació Antoni Tàpies, Barcelona, 2011.

Ibon Aranberri
Gramática de meseta

Una parte de materia pétrea e inerte se extrae y se labra para ajustarse a un segmento de la obra. Las piezas son trasladadas una por una y retocadas para su conservación. Se cubren de escayola como medida protectora para evitar el deterioro de su ornamento. A continuación, son numeradas a mano con pintura y diseminadas en una ladera tras ser desmontadas. Pueden permanecer así durante años hasta que una decisión política decida su nueva ubicación. Finalmente, son trasladadas a su destino mediante bueyes o vehículos motorizados, dependiendo de los recursos mecánicos de la época. En una complicada acrobacia material, se levantan unos enormes andamios de madera para facilitar el trabajo arduo de recolocación de las piedras. Según el criterio aplicado, se respetan las simetrías de su origen o son modificadas.

En las zonas poco expuestas a la lluvia, los restos de escayola sobre moldura y la pintura de los números han permanecido hasta nuestros días.

En casos singulares, el borrado intencionado de los números mediante desgaste ha provocado una huella negativa de las inscripciones.
Se construirá un embalse, una nueva autopista o una estación de ski. Estos megaproyectos serán causantes de la destrucción del patrimonio o bien atraerán restos catalogados ante la necesidad de fundar una nueva identidad sobre lugares desprovistos de memoria emblemática. A veces, se tratará de un mero traslado dentro de la ciudad o del fragmento de una ruina en las afueras, reubicada en el centro histórico, motivado por la representación de poder que nos otorga el patrimonio monumental. A partir de los elementos más característicos de estos vestigios, se levantarán edificios nuevos con formas y funciones distintas a las originales. Eventualmente, estas nuevas composiciones preservan un valor de uso equivalente al estado anterior, implementado incluso por su propio efecto. La mayoría de las veces, tal cualidad se pierde al modificarse su valor original y dar paso a un estereotipo de monumento-objeto.

Eligiendo un punto arbitrario sobre el mapa, se podrá decidir el nuevo asentamiento. Por inercia, se recomendará su traslado a los jardines de la capital o al centro localizado de una nueva urbanización. En el mejor de los casos, terminará en un nuevo asentamiento próximo al primero, como consecuencia de la defensa ejercida por la comunidad.

En un primer período se completarán en el traslado las partes ausentes o derruidas de la construcción. Según pasen las décadas, la morfología truncada de la propia ruina será respetada hasta reproducirla al detalle. De esta manera la iconografía transplantada se podrá asimilar como elemento visual en la difusión corporativa de las entidades implicadas. Se colocarán paneles informativos adecuados a la nueva clase de visitantes. Hiper­bólicamente, el nuevo escenario será alumbrado en la oscuridad, mediante electricidad suministrada por empresas patrocinadoras. Así, el exterior adopta una nueva función contemplativa, en sustitución del vaciamiento litúrgico del interior. La piedra se convierte en superficie de conducción de la electricidad.

Generalmente, estos episodios suceden alejados de la costa y de los tradicionales ejes de comunicación. Se puede deducir que en lugares remotos y escarpados es donde mejor se ha preservado el patrimonio antiguo en su estado primigenio. Al toparse con la expansión de las infraestructuras modernas es cuando las conmociones de la memoria toman lugar.

El uso de materiales contemporáneos en la reconstrucción genera a su vez nuevas variaciones morfológicas y semánticas. Las juntas entre la sillería se rellenan ahora de cemento y resina. En consecuencia, la nueva construcción acabará dilatándose respecto a las medidas del original, como la metáfora de una ficción sobrerrepresentada.

El traslado de la arquitectura histórica es una práctica no recomendada por la teoría restauradora y la legislación derivada de ella, por el peligro que supone para la integridad de los valores documentales, históricos y artísticos de los monumentos. No obstante, ha sido una modalidad utilizada durante el siglo XX.

Toda producción resulta hoy transferible y volátil. Los elementos cambian de lugar y de aspecto constantemente. La transformación del paisaje por acción manual ha tocado su fin, la necesidad primaria del ser humano ha sido satisfecha. Ya no queda razón industrial para carreteras o centrales nucleares. Con la posmodernidad todo enclave es como cualquier otro (excluyendo algunos desiertos o montañas que se muestran inhabitables). Las motivaciones de las grandes obras son ahora simbólicas o espirituales: a la manera de las piedras que son transportadas una por una. Hipotéticamente, estas ordenaciones se sintetizan como intervenciones de land art. Sites y espacios topológicos recodificados, resultado inesperado de la largamente proclamada comunión entre arte y naturaleza.

El camino entre el lugar A (origen) y el lugar B (destino) puede ser largo o corto y en cualquier caso resultará una migración constante, llena de acontecimientos, en cualquier punto a través de la línea ideal entre ambos polos. No será, está claro, un mera recolocación de la materia. Hay objetos que transportamos con nosotros, otros que permanecen. Como una trans­acción de materiales y de memoria, memoria construida y desmantelada una y otra vez. De esta manera el objeto visible sustituye a la memoria. La distancia entre el A y el B genera la manera por la cual apreciamos el origen y la idea del “espacio primigenio”.

Poco queda del pasado glorioso, ni siquiera ruinas o columnas. Dicen los movimientos radicales: miraremos al sol, las nubes, las estrellas. Ya no hay necesidad para cobijo, desde que las condiciones climáticas y el mecanismo corporal de termorregulación han sido modificados para garantizar un confort total. Como mucho podemos jugar a construir refugios, a construir arquitectura, a construir monumentos. El movimiento de individuos y sus asentamientos interactúa constantemente, creando así una corriente continua. Los flujos y las migraciones del individuo pueden deducirse de la regulación de normas precisas, la distancia entre lugar A y B, atracción – reacción, destrucción – reconstrucción.

Se habla de la disfuncionalidad de las obras civiles, de la irracionalidad de los traslados. Ciudades vacías, grandes infraestructuras, zonas de esparcimiento, destinos de peregrinaje espiritual, vértices geodésicos, son diferentes expresiones de un deseo análogo, en un intento de controlar el entorno natural desde unos significados económicos.
El modelo anhelado constituye la lógica selección de estas tendencias en desarrollo: la eliminación de toda estructura formal, la transferencia de toda actividad diseñada a una esfera conceptual. En esencia, la renuncia a la producción y el consumo, la renuncia al trabajo, son visualizadas como una metáfora “afísica”. En un continuo tránsito de materia y energía, la destrucción se yuxtapone a la preservación. La transformación elimina el poso de la memoria, a la vez que activa la vida de la entidad afectada.

Gramática de meseta se dibuja como el resultado imperfecto de una totalidad: confirma la transcendencia de un relato y la imposibilidad de una construcción lineal. Desde una óptica descentrada, subterfugio de la inviabilidad del esfuerzo de aprehender los registros, se evoca un relato universalizador. Como una historia de historias o una continuidad interrumpida. Distintos géneros se solapan: por una parte, el intento vacío de catalogación de originales depositados en archivos, tanto de grandes empresas como de colecciones privadas de fotógrafos aficionados; por otra, el resultado casual de un acercamiento itinerante y actualizado hacia esos mismos lugares a través de la cámara.
Metahistoria o la exposición como antítesis. El encuentro tridimensional se sugiere desde una adaptación negativa de lo documental; la presencia de una estructura espacial que articula la transmisión de contenidos significa a la vez su vaciamiento. La opacidad del artefacto acaba difuminando la potencialidad narrativa del registro.

Nace en Itziar, Guipúzcoa. Licenciado en Bellas Artes en 1994 por la Universidad del País Vasco, Bilbao. Asiste a los talleres de Arteleku, San Sebastián, a mediados de los 90. Continúa sus estudios en CCA-Kitakyushu, Japón. Colabora en sus inicios con el proyecto Consonni, Bilbao, 2000. Participa en Manifesta 4, Frankfurt 2002. Entre sus últimas exposiciones destacan On working with (Ir.T.nº 513), Iaspis project room, Estocolmo, 2006; Documenta 12, Kassel 2007; Integration, Kunsthalle Basel, Basilea, 2007; Disorder, Frankfurter Kunstverein, Frankfurt, 2008; 16th Biennale of Sidney, 2008. Actualmente prepara una exposición individual en la Fundació Antoni Tàpies, Barcelona, 2011.

Datos de interés:
IBON ARANBERRI
Gramática de meseta
FECHAS:     14 de julio –14 de noviembre de 2010
LUGAR:     Abadía de Santo Domingo de Silos (Burgos)
ORGANIZACIÓN:     Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
COMISARIA:   Nuria Enguita

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