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“La muerte de José Saramago es un acontecimiento triste ya que sus palabras han habitado en los hogares de muchos españoles durante décadas y toda su creación resultaba muy cercana y familiar.

A Saramago le tenemos que agradecer el habernos hecho volver la mirada hacia Portugal y su gran riqueza cultural. Su obra y su palabra representan el acercamiento entre dos países, impulsado también por Pilar del Río, compañera y traductora de muchos de sus trabajos.

En cada una de las páginas de sus novelas, ensayos, obras de teatro y artículos periodísticos Saramago ha demostrado que ética y estética van de la mano. Fue hombre de izquierdas, muy comprometido hasta el último momento, con una conciencia social muy fuerte que nunca le hizo dejar de lado el aspecto artístico y creativo de su obra”.

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