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Arte queer en la Transición en el stand de José de la Mano en ARCOmadrid. Ejerciendo de arqueólogo del arte contemporáneo, el galerista madrileño presenta una selección de pioneros del arte queer en España.

Siete artistas homosexuales que se dan a conocer en la transición de la dictadura a la democracia. Son pioneros en la lucha por la visibilidad y los derechos del colectivo. Seis de ellos se presentan en una exposición colectiva con nombres míticos como Juan Hidalgo o Costus, a los que se unen otros menos conocidos de la época como Carlos Forns Bada, Claudio Goulart o Julujama, o nuevas miradas, como la que se lleva a cabo sobre el trabajo de Roberto González, para entender el arte de un momento y el inicio de la visibilidad

Manuel, RODRIGO. 1977-1983 Técnica mixta, 128x170x85 cm

LGTBI en nuestro país.

En paralelo, en un solo show, como parte de esta muestra, se exhibe la escultura Manuel de Rodrigo. Esta pieza histórica se presentó en ARCOmadrid, en su segunda edición, en 1983. Fue la primera obra de temática gay mostrada en la feria y generó una gran polémica. La pieza se acompaña de material documental que narra el momento histórico y el universo de su autor, Rodrigo Muñoz Ballester.

Sobre arte queer en la Transición

Los años 70 y 80 del siglo pasado fueron cruciales para la evolución política de nuestro país. España dejaba atrás una dictadura para establecer un nuevo sistema democrático. En ese proceso de recuperación de libertades, la cultura y el arte jugaron un papel fundamental. La Galería José de la Mano presenta en ARCOmadrid 2024 un proyecto que recupera y pone en valor a aquellos artistas que reivindicaban y reflejaban la visibilidad homosexual en la época.

La selección abarca todos los medios plásticos, desde el dibujo a la escultura o la pintura. Son piezas clave para entender el arte homosexual en España. Incluye nombres fundamentales de ese momento, así como otros que han permanecido en segundo plano. Joaquín García Martín, ex galerista, investigador y escritor, ha ejercido de comisario de esta sección.

“Los años 70 y 80 del siglo pasado, junto a los 20 y 30, constituyen un período fundamental para la representación de la homosexualidad en el arte hecho en España. Al tiempo que los cambios políticos, el arte está reflejando e influyendo en la historia y en el día a día de los españoles y, en el caso de la diversidad sexual, esto resulta especialmente significativo. Es ahora cuando estamos empezando a estudiar y apreciar esos periodos como se merecen”, comenta.

Los artistas

Carlos Forns Bada (Madrid, 1956) forjó su estilo en el Madrid de los ochenta, donde aprendió a dominar el bodegón y el retrato. En sus obras, reinterpreta recuerdos de infancia a través de figuras de la naturaleza. También produce gran cantidad de obra gráfica, en tinta china, centrada en el misticismo del desnudo masculino.

15. FORNS BADA, Serie Chueca, 1982

Claudio Goulart (Porto Alegre, Brasil, 1954 – Ámsterdam, 2005) centra gran parte de su producción en torno al deseo homosexual, enfocado desde la pérdida y la ausencia. Es un sentimiento que se acentúa con la crisis del SIDA. Acostumbrado a trabajar con multitud de soportes (arte postal, instalaciones, performance, videoarte…), fue uno de los primeros artistas en explorar las posibilidades de Internet como medio de expresión artística.

10. GOULART, Portrait interieur, 1995

Costus es el seudónimo del dúo artístico y sentimental formado por Enrique Naya (Cádiz, 1953 – Badalona, 1989) y Juan José Carrero (Palma de Mallorca, 1955 – Sitges, 1989), iconos de La Movida. A pesar de su temprano fallecimiento, dejaron como legado una amplia producción. En ella destaca su pintura figurativa, con iconos pop como Alaska, Tino Casal o Lola Flores. En esta edición de ARCOmadrid se podrá ver su obra Chico de Sanlúcar (1987), retrato semidesnudo de un jovencísimo Carlos Lozano.

6. COSTUS, Chico de Sanlúcar, 1987. Detalle de Juan Carrero pintando la obra

Juan Hidalgo (Las Palmas de Gran Canaria, 1927-2018) realiza una serie de fotografías a finales de los sesenta que funcionan como símbolo del deseo. En ellas, combina flores y anatomía sexual masculina para reflexionar sobre la relación entre placer y pureza. Uno de los principales artistas canarios del siglo XX, recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2016.

Julujama (Valencia, 1952) es el acrónimo del artista Juan Luis Javier Marí. Su producción reinterpreta tres géneros clásicos de la pintura (el bodegón, el paisaje y el retrato) desde una perspectiva queer. Destacan sobre todo sus desnudos masculinos y sus autorretratos, reflejo de una sexualidad libre y desprejuiciada.

12. JULUJAMA, La baignade, 1979

Roberto González Fernández (Monforte de Lemos, Lugo, 1948) muestra gran interés por la pintura y el dibujo desde una edad temprana. Después de abrir su estudio en Madrid, viaja a California, donde retrata las primeras manifestaciones del Orgullo. A partir de los años 90 aborda en sus obras el estigma del SIDA, centrándose en el sufrimiento que causan la desinformación
y la criminalización.

Sobre una escultura para la historia «MANUEL de Rodrigo»

“Hay obras de arte, como esta escultura que, por sí solas, merecen un capítulo en la historia del arte. Manuel de Rodrigo se presenta en ARCOmadrid 1983. Es la segunda edición de la feria. Hay miradas inquisitivas y más de un comentario despectivo. La dirección se plantea quitarla de la exhibición, pero un coleccionista y asesor de la Tate Gallery la compra”, explica José de la Mano.

La escultura viaja primero a Londres, luego a Nueva York. Cuando el propietario fallece unos años después, es deseo de su pareja devolverla al artista por el significado de la misma: la de un amor imposible. Manuel retrata a un hombre sentado –el artista– que acoge y abraza a otro desnudo, Manuel. El primer encuentro fue en bañador, en la piscina del Lago de Casa de Campo. Esta historia de amor, que no pasó de un beso casto en la frente, se convirtió en un cómic dibujado por Rodrigo Muñoz Ballester, o solo Rodrigo, dando visibilidad -con escándalo- a la comunidad LGTB.

Con Manuel, Rodrigo plasma el ansia de reunirse con su amante. De convertirse en un solo cuerpo. Pese al revuelo creado, el artista admite que su intención nunca fue erótica. “Yo quería, sobre todo, teorizar sobre el amor y el deseo. Ni siquiera llegué a acostarme con Manuel. Después de nuestro idilio, no volví a verlo en veinticinto años”, comentaba. De ella se dijo en su momento que era rompedora y fascinante, y que ayudaba a normalizar la homosexualidad.

Para Juana Aizpuru fue “el hombre”. Maruja Mallo se sentaba todas las tardes al lado de Manuel, y lamentaba que su amigo Lorca no hubiera llegado a verla.

Rodrigo Muñoz Ballester (Tánger, Marruecos, 1950) pertenece a una generación de autores españoles que elevaron el tebeo a un género de culto. También cursa estudios de Arquitectura, lo que facilita su trabajo escultórico. Su estilo bebe de tendencias como el realismo fotográfico, el expresionismo alemán y el surrealismo. Ha expuesto en diferentes galerías de Madrid, Barcelona o Nueva York.

Historia de un escultura (y un amor imposible)

Rodrigo Muñoz Ballester (Tánger, 1950), conocido artísticamente como Rodrigo, es un dibujante que alcanzó la popularidad en los círculos artísticos cuando su escultura titulada Manuel fue presentada por primera vez al público durante la segunda edición de la feria ARCO, en el año 1983. El artista comenzó a trabajar en Manuel en su sótano de la calle Madera, en 1977, para expresar de manera plástica el sentimiento emocional que le había despertado conocer una mañana de verano, en la piscina pública, al verdadero Manuel.

Y decidió crear una versión escultórica comprendida por dos figuras de hombres, que representaban de manera explícita, y a la vez espiritual, una historia de amor imposible. Un desnudo homoerótico de cierta impronta totémica y con referencias autobiográficas, con el que el artista teoriza sobre el amor y el deseo. Sobre su obsesión por Manuel hasta el punto de querer estar dentro de él.

Tras un lento y minucioso proceso de creación de seis años, Rodrigó completó Manuel en 1983. Ese mismo año la Galería Seiquer expuso en su stand de la feria ARCO la escultura, causando un gran revuelo entre los asistentes. Acudían a verla desde las señoras de la limpieza hasta el policía del recinto con su mujer. Aquella extraña pieza, formada por un hombre vestido dentro de otro hombre desnudo, generaba un gran impacto entre el público. A algunos les fascinaba, como a la pintora Maruja Mallo, que fue todas las tardes a sentarse varios minutos frente a la escultura.

Sin embargo, otros muchos pasaban por allí con los pelos de punta, e incluso quisieron sacar la pieza de ARCO. Y es que, Rodrigo con Manuel consigue romper rotundamente con la tradición que todavía predominaba en la sociedad española del año 1983, haciendo uso de un lenguaje realista para normalizar una historia de temática abiertamente homosexual. Una obra en la que ficción y realidad se entremezclan hasta fundirse en un montaje escenográfico con aura sacropagana, pensado para la contemplación y también para provocar cierto espectáculo.

Rodrigo realizó la escultura con pasta de papel, metacrilato, poliéster, collage y una potencia eléctrica de 15 W que utilizó para la iluminación interior del corazón, pintado de color violeta. Uno de los días de la feria la luz se estropeó y quedó intermitente. Añadía tal dramatismo a la obra que Rodrigo tuvo que ir de noche con un amigo para desmontarla y reemplazarla. La escultura consta de cinco piezas fabricadas a tamaño natural: dos cuerpos, uno vestido y otro desnudo, dos brazos desmontables y un sillón.

Manuel fue la primera obra en circuitos comerciales de Rodrigo, que pasó de ser un desconocido a resonar con fuerza en la esfera artística. Y todavía más tras su éxito después de ARCO, con la adaptación al cómic de la historia de Manuel, publicada en entregas mensuales de cuatro páginas en la revista La luna de Madrid (números 1 al 12), entre 1984 y 1985.

Un relato de amor sin palabras, que se convirtió en obra cumbre de la historieta gráfica, con la que Rodrigo se alzó como uno de los pioneros del comic gay en España. Este formato le permitió desarrollar su talento como storyteller, y llegar a un público más amplio. El artista creaba en cada página universos cerrados, a través de sus elaboradas viñetas, sin texto e imaginería transgresora.

A pesar de que originalmente su historia trataba sobre una experiencia platónica, en la que no había existido el contacto físico, la gente empezó a demandar contenido sexual. Y lo que arrancó como una trama inocente fue deformándose poco a poco, alejándose de lo que realmente vivió, pero se mantuvo fiel a su intención de profundizar en las capas emocionales más profundas a través de una ilustración simbólica y onírica.

La escultura Manuel fue adquirida por un coleccionista (asesor de la Tate Gallery), que la tuvo primero en Londres y, después, en Nueva York. Cuando el coleccionista murió en 1992 su pareja se dio cuenta del valor emocional de la pieza y decidió devolvérsela al artista.

La escultura llegó a España por vía aérea en un enorme contenedor y permaneció en las instalaciones de la aerolínea durante varios meses, porque Rodrigo no tenía dinero para pagar la elevada suma de 600.000 pesetas (3.606 euros), que exigían por gastos de transporte y almacenamiento. Por suerte, el encargado del almacén permitió al artista llevarse la escultura después de que fuera a contarle su historia en persona. Una obra íntima, de fuerte carga sentimental, que se encuentra actualmente en posesión de su creador.

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