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Ballets Russes de Diaghilev y su influencia en el Art Déco

03 Octubre, 2011 | Por | Categoría: Exposiciones, Fundaciones, Museos, Noticia destacada, Reportajes | Imprime esta noticia Imprime esta noticia

En el Museo Art Nouveau y Art Déco. Casa Lis
Y en la Sala de Exposiciones Hospedería Fonseca Universidad de Salamanca

“La aportación de la exposición de Salamanca consiste en intentar acercarnos a los orígenes de los Ballets Rusos antes de su gran éxito en París y a la influencia que estos espectáculos tuvieron en algunos de los movimientos de las vanguardias y, sobre todo, en el Art Déco“.  Pedro Antonio Pérez Castro,  director del Museo Casa Lis.

Es dificil señalar alguna pieza entre las más de 139 obras originales que se muestran. Todas y cada una de ellas son obras magníficas y singulares, verdaderas joyas  que, por primera vez, han llegado a nuestro país. Entre los escultores más relevantes de la época destaca Chiparus Demetre (1886-1947)  del que el Museo Lis tiene una importante colección, pero en esta ocasión las miradas se centran en  la criselefantina “The girls”, una pieza de especial interés para los estudiosos y amantes del Art Déco.  Uno de los puntos clave en esta exposición son los más de 80 dibujos y pinturas originales para los decorados y los vestuarios realizados por Sudejkin, Goncharova, Bakst…,  además de esculturas en porcelana, mayólica, metal,  madera, bronce, ónix y marfil. También hay que destacar el vestuario  original de los artistas  con sus correspondientes  sombreros y tocados.

La exposición se completa con programas y fotografías de algunas  representaciones de ballet.  En este apartado hay que destacar los  importantes archivos fotográficos que se muestran,  así como el trabajo de recopilación de fragmentos cinematográficos de los Ballets Rusos que se proyectan en las distintas estancias de la exposición.

Esta exposición tiene como comisarios a los conservadores de las colecciones: Victoria Zubravskaya, Ksenia Morozova, Ekaterina Ysova y Pedro Pérez Castro, director del Museo Casa Lis.

Para entender el nacimiento de Los Ballet Rusos hay que conocer un nombre imprescindible: Diághilev. No era bailarín, ni coreógrafo, ni siquiera tenía talento musical como le  comunicó su profesor  Nikolai Rimsky-Korsakov  al graduarse en 1892 en el Conservatorio de San Petersburgo.

Sin embargo, Diaghilev, al que le gustaba llamarse a sí mismo el “patrón de artistas”, reunió en los Ballets Russes a los más importantes creadores de vanguardia del momento, con los mejores integrantes del Ballet Imperial del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, dirigidos entonces por el coreógrafo Marius Petipa.

En su proyecto participaron prestigiosos diseñadores como León Bakst y Alexander Benois, con los que había fundado el grupo que editó la revista Mir iskusstva ( Mundo del arte); bailarines y coreógrafos como Vaslav Nijinsky, Tamara Karsavina, Anna Pavlova a los que había conocido durante su etapa como productor en los Teatros Imperiales; coreógrafos como Mijail Fokine o Léonide Massine; compositores como Debussy, Chopin, Chaikoyski, Satie, Scarlatti, Strauss, Stravinsky, Schumann, Músorgski, Prokofieff, Ravel o Falla; pintores como Picasso, Matisse o Goncharova.

El estreno de Los  Ballets  Russes de Diághilev,  tuvo lugar en La Ópera de París el 19 de mayo de 1909 y desde ese momento cambió el concepto del ballet clásico al conseguir crear un espectáculo revolucionario donde danza, drama, música y arte  se fundieron en un todo.

Y durante las dos décadas siguientes el estreno de una obra de los Ballets Russes se convirtió en el acontecimiento cultural del año, primero en Francia, después en el resto de Europa y, posteriormente,  en todo el mundo.

El trabajo de esos años de grandes éxitos desde 1909 a 1929 se  puede contemplar en esta exposición de Casa Lis. Obras como Sheherazade (1910), El pájaro de fuego (1910), Sadko (1911) o Le coq d,or (1914), están muy bien representados en esta muestra con los diseños originales de los decorados y vestuarios.

Desde 1909, la compañía comienza sus giras internacionales y en 1911 se independiza de los Ballets Imperiales. Se convierte en una compañía independiente y  en su primera temporada los Ballets Russes  actuaron   en el Théâtre du Châtelet. Cada año, en las mismas fechas, la compañía volvía  a París, al principio al Théâtre du Châtelet, más tarde a otros teatros, como  el Théâtre Mogador de París, después  a  Montecarlo y Londres.

A partir de 1911, la troupe da también representaciones en Roma, Viena, en el «Grand Théâtre» de Ginebra, Barcelona y Madrid. Baila  en América del Sur a partir de  1913; en los Estados Unidos desde 1915; tras la Primera Guerra Mundial, actúan en Bélgica entre 1922 y 1928; en Lausana y Berna en 1923; en los Países Bajos en 1924. La última representación de la compañía se dio en Vichy el 4 de agosto de 1929.

Cuando la compañía de Diághilev llegó por primera vez en mayo de 1916 a Madrid, el público español no estaba demasiado habituado a la danza y  las propuestas coreográficas de los rusos suponían  una revolución con respecto a la danza clásica que se exhibía entonces en los teatros europeos.

En el período de mayo de 1916 a julio de 1918, obligados por la imposibilidad de continuar en París debido a la guerra, la compañía tenía temporada estable en el Teatro Real de Madrid y en el Teatro del Liceo de Barcelona, ocupando los espectáculos rusos una parte importante de la temporada en los dos principales teatros del país. En ese momento el empresario Arturo Serrano, del Teatro Infanta Isabel de Madrid, organizó una gira por trece ciudades españolas, que comenzó en Valladolid y llegó  a Salamanca, celebrándose la actuación en esta ciudad que acoge la exposición, la noche del 3 de abril de 1918.

En la primera actuación en el Teatro del Liceo de Barcelona en junio de 1917, los Ballet Russes de Diághilev llevaron 62 bailarinas, 28 bailarines, 150 comparsas y figurantes y una orquesta de 74 profesores. Durante la temporada en el Teatro Real de Madrid, sobre todo si asistía la familia real, el número de participantes en el espectáculo podía llegar hasta 450 personas.

En su gira por las provincias españolas la compañía estuvo formada por 160 personas, entre músicos, bailarines y técnicos, que en sus viajes ocupaban al menos once vagones de tren . Dos vagones de primera clase que eran ocupados por los directivos, los técnicos más cualificados y los bailarines estrella. Dos vagones de segunda clase para el resto del personal. Seis o siete vagones para el transporte de los decorados escenográficos, los vestuarios y demás atrezzo, que viajaban  en un tren de mercancías un día antes.

Pero aun con esta compañía tan reducida la actuación de los bailes rusos en el teatro Bretón de Salamanca sorprendió a los espectadores poco acostumbrados a contemplar montajes tan espectaculares.

El programa que presentaron los Ballets Russes en Salamanca habían sido estrenadas entre 1909, año de la presentación de los Ballets Russes en Europa, y 1911. Se trataba de creaciones menos comprometidas y que exigían decorados más sencillos. Interpretaron aquella noche: Carnaval, Les Sylphides, El espectro de la rosa  y danzas de la ópera El príncipe Igor.

La primera actuación Carnaval fue estrenada en París en el Teatro de la Ópera en junio de 2010 con música de Robert Schumann, argumento de Leon Bakst y Michel Fokine, coreografia de Michel Fokine y decorado y vestuario de León Bakst , donde narra en un acto las andanzas de Arlequín, Pierrot y Colombina.

La segunda obra presentada aquella noche en el Bretón fue Sylphides. Estrenada en el Teatro de Châtelet de París el 2 de junio de 1909 con música de Frédéric Chopin y coreografía de Michael Fokine. Los decorados y el vestuario habían sido realizados por Alexandre Benois para las bailarinas Anna Pavlova y Tamara Karsavina en las sylphides y Vaslav Nijinsky en su interpretación del poeta.

La tercera obra de la noche fue la puesta en escena de El espectro de la rosa. Estrenada en el Teatro de Châtelet de París el 6 de junio de 1911 con la música de Carl María von Weber y coreografía de Michael Fokine. Los decorados y el vestuario de Léon Bakst y la interpretación de la famosa pareja Vaslav Nijinsky y Tamara Karsavina.

La cuarta y última obra: danzas de la ópera El príncipe Igor que había sido estrenada en el Teatro de Châtelet el 18 de mayo de 1909 con la música de Alexandre Borodine y coreografía de Michael Fokine. El diseño del decorado y de los vestuarios es de Nicolas Roerich y la interpretación de la danza estuvo a cargo de Adolf Bolm y Sophie Fedorova. La orquesta, aquella noche en Salamanca, estuvo dirigida magistralmente por el maestro Turina.

Podemos concluir que la presencia de los Ballets Russes de Diághilev en España durante la Primera Guerra Mundial supuso un fenómeno social y artístico que representó un gran acontecimiento en la historia del arte del siglo XX y contribuyó de forma señalada en abrir a los espectadores a la modernidad.

Se convirtió en la compañía de ballet   más prestigiosa de ese periodo y  una de las corrientes que más ha influido en la cultura occidental europea durante las primeras décadas del siglo XX dentro de la corriente denominada  como orientalismo (originarias de  países árabes de norte de África y Oriente medio).

Poco tiempo antes, entre 1883 y 1888, Richard F. Burlón había traducido los 17 volúmenes de Las mil y una noches, hecho que impulsó  la edición de multitud de publicaciones que tenían como referencia los argumentos de estos cuentos árabes del Oriente Medio medieval que influyeron notablemente en la sociedad culta.

Una parte importante de esta exposición la ocupa la representación de Sherezade, que se estrenó  el 4 de junio de 1910 en la Ópera Garnier, París, con coreografía de Michel Fokine y decorados y vestuario de León Bakts. Sherezade supuso uno de los mayores éxitos de los Ballets Russes. Diághilev cuidó como empresario todos los detalles y Bakst pudo diseñar con absoluta libertad y logró que su trabajo influyera  en un sector de la sociedad europea occidental. Como manifiesta Cyril Beaumont, crítico e historiador  de la danza, “…los que no vivieron en los maravillosos años anteriores a la Primera Guerra Mundial no pueden imaginarse la inmensa influencia ejercida por Baskt cuyo nombre estaba en todos los labios.”

Uno de los artistas que recibió influencia de la obra de Bakts fue Demeter Chiparus, autor de  esculturas criselefantinas que se pueden ver en esta exposición, gracias a la  cesión de importantes coleccionistas rusos y de la Art Déco Gallery, uno de los exponentes más representativos del Art Déco.

Fruto de esta corriente orientalista, en Viena floreció a principios del siglo XX una producción de bronces policromados y realizados de forma artesanal que representaban tiendas árabes, mercados de animales exóticos o cazadores de leones montados en camellos; los europeos se sentían muy  atraídos por estos temas  y por las noticias que llegaban de países como India, Persia, Siria, China y Egipto.

Algunas de las piezas que se muestran en esta exposición,  forman parte de la colección permanente de Casa Lis,  Museo Art Nouveau y Art Decó de Salamanca.

La danza rusa del siglo XIX se había formado bajo la influencia de tres personalidades extranjeras : el francés Marius Petipa, el sueco Christian Johannsen y el italiano Enrico Cecchetti. La aportación de estos tres extranjeros definieron los Ballets del Teatro Imperial que se caracterizaban por la gracia y exactitud técnica francesa, la agilidad  italiana y el temperamento y la destreza física de los rusos.

Pero era necesario que se dieran unas circunstancias especiales para que se produjera el encuentro de un conjunto de artistas excepcionales que es difícil que se vuelva a repetir en la historia de la danza. Y fue Diághilev el que se encargo de reunir a este extraordinario grupo.

Así con León Bakst y Alexandre Benois crearon la revista Mir iskusstva, que tenía como objetivo promover el Art Nouveau en Rusia. Benois que había sido director escénico del Teatro Mariinsky y Bakst que además de escenógrafo era pintor y decorador formaron la base del lanzamiento de los Ballets Russes en Europa.

Se añadió a este grupo Mijail Fokin, bailarín y coreógrafo que se había formado en la Escuela de Ballet del Teatro Imperial Mariinsky de San Petesburgo y que en 1909 pasaría a formar parte de los ballets Russes como coreógrafo principal. A este grupo de artistas se unieron los mejores bailarines formados en el Mariinsky: Anna Pavlova, Tamara Karsavi, Vaslav  Nijinsky o Sergei Legat entre otros.

Sin duda la producción de los Ballets Russes durante este periodo ha sido objeto de multitud de exposiciones en toda Europa en los últimos años. Hay que señalar que  la exposición de Salamanca reside en la aportación de dos aspectos que apenas han sido tratados hasta el momento:

•    Por un lado el trabajo de diseñadores de escenografías como Vrubel o Vasnetsov que abordan la representación de leyendas rusas y que mantienen la esencia de las tradiciones del folklore campesino.

•    La aportación de creadores como Roerich y Goncharova que partiendo de un conocimiento intelectual profundo de la cultura y la tradición  rusa lo  reinterpretan desde el punto de vista de las nuevas vanguardias.

Un ejemplo de esto lo podemos ver en Le coq d,or donde podemos apreciar la influencia de los rojos y amarillos característicos de los iconos rusos en la escenografía diseñada por Goncharova.

Después de la muerte de Diáguilev —Venecia, 19 de agosto de 1929— la propiedad de la compañía fue reclamada por los acreedores, y los bailarines se dispersaron. En los años siguientes, la compañía fue recompuesta con el nombre del Ballet Ruso de Montecarlo, con la participación de George Balanchine y Tamara Tumanova ,  como originarios de los  Ballets Russes. Pese a todas las tentativas de Serge Lifar y de Borís Kochno, la troupe no sobrevivió a su fundador.

Uno de estos aspectos que se destacan en la exposición es la estrecha relación de estos espectáculos con la tradición y la cultura rusa. No debemos olvidar que la estructura medieval que ligaba a los campesinos a la tierra como siervos de la gleba no desaparece hasta bien entrado el siglo XIX, con la reforma agraria de 1861 que abolió la servidumbre.

De esta forma, mientras en Europa se buscaba la inspiración en los primitivos foráneos, los artistas rusos solo tenían que mirar a su alrededor para plasmar en sus creaciones la riqueza del folklore rural.

“La exposición de Salamanca aporta, además, una novedad importante: Por primera vez en Europa se aborda el origen y la gestación de los Ballets Rusos de Diáguilev en Rusia antes de su éxito en Europa” comenta Alfonso Fernández Mañueco, Alcalde de Salamanca, Presidente de la Fundación Manuel Ramos Andrade.  Se han podido reunir piezas únicas de un gran valor, como las magníficas colecciones de los diseños de escenografía y vestuario del Museo Estatal Central del Teatro A. A. Bajrushin de Moscú, de los dibujos del Museo Estatal y Centro de Exposiciones “ROSIZO” del Ministerio de Cultura de Rusia y de las colecciones privadas de textiles y esculturas criselefantinas de Galería Art Déco de Moscú, que, por primera vez, se verán en España.

La exposición que se celebra en Salamanca en el marco del  Año de Rusia en España,  cuenta con obras de la Galería Art Déco del coleccionista Mkrtich Okroián, propietario de obras extraordinarias de Demetre Chiparus; a otros coleccionistas que han cedido desinteresadamente algunas piezas de su colección.

“Sin duda una de las corrientes que más ha influido en la cultura occidental europea durante las primeras décadas del siglo XX es lo que denominamos Orientalismo”  explica en el catálogo de la exposición Pedro Antonio Pérez Castro, Director del Museo Art Nouveau y Art Déco. ” Cuando nos referimos a esta corriente estamos haciendo mención a todo aquello que proviene de Oriente y por tanto debemos acotar, al menos geográficamente, cuales son los límites y las procedencias de este término. No es lo mismo el Japonismo y su influencia en las artes occidentales que la cultura de los países árabes del norte de África y Oriente Medio”.

Schéhérazade ocupa una parte importante de esta exposición por la influencia que esta obra tuvo en la moda europea.  Añade Pérez Castro. Se estrenó el 4 de junio de 1910 en la Ópera Garnier de París, Mijaíl Fokin se encargó de la coreografía y Lev Bakst diseñó decorados y vestuario. Esta obra supuso uno de los mayores éxitos de los Ballets Rusos. Diáguilev cuidó como empresario todos los detalles, Bakst pudo diseñar con absoluta libertad y su trabajo influyó en un amplio sector de la sociedad europea occidental.

Uno de los artistas más influenciados por la obra de Bakst fue Demetre Chiparus, cuyas esculturas criselefantinas se pueden ver en esta exposición y que han quedado como uno de los exponentes más representativos del Art Déco. Relata Pérez Catro en el catálogo. Los europeos se sentían atraídos por estas historias y por la descripción, algo distorsionada, que se hacía de países como India, Persia, Siria, China y Egipto. En Viena floreció, a principios del siglo XX, una producción de bronces policromados realizados de forma artesanal que representaban tiendas árabes, mercados de animales exóticos o cazadores de leones montados en camellos. Algunas de estas piezas, que forman parte de la colección del Museo Art Nouveau y Art Déco de Salamanca, se muestran en esta exposición.

Datos de interés:
Museo Art Nouveau y Art Déco. Casa Lis C/ Gibraltar 14 Salamanca
Horarios de visita de martes a viernes de 11,00 a 14,00h y de 17,00 a 21,00. Sábado, domingo y festivos de 11,00 a 21,00. Lunes cerrado

Sala de Exposiciones Hospedería Fonseca Universidad de Salamanca. C/ Fonseca nº 2. Salamanca

Fechas: 4 de octubre a 29 de enero de 2012.

Organizan:
State Central Theater Museum Bakhrushin
Center Rosizo.
Fundación Manuel Ramos Andrade
Universidad de Salamanca
Año Dual España-Rusia

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