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Alguien dijo, referido a Jerusalén, que era un lugar con demasiada historia para tan poca geografía (la frase es de David Ben Gurión que fue dos veces Primer Ministro de Israel). Salvando las distancias, algo parecido podría decirse de Belmonte un pequeño pueblo de apenas 2.000 habitantes, en plena Castilla-La Mancha, en la provincia de Cuenca, con una historia densa y variada. Un lugar poco conocido que está deseando que las cosas cambien.

Porque no es habitual encontrar en esta pequeña localidad las huellas de su más conocido hijo, Fray Luis de León, ilustre poeta y religioso, rival amistoso de San Juan de la Cruz; o de su más famosa vecina, Eugenia de Montijo, que fue emperatriz de Francia por su matrimonio con Napoleón III. También aquí nació el intrigante Juan Pacheco, primer Marqués de Villena y señor de Belmonte que apoyó la causa de Juana La Beltraneja frente a su tía Isabel la Católica que ganó finalmente la pugna. Sin embargo su hijo Diego López Pacheco, que también defendió la causa de la Beltraneja, apoyó rotundamente a Isabel y Fernando como capitán general de los ejércitos españoles en la reconquista de Granada.

Esta es tierra también de santos y bandoleros. Aquí nació y vivió, casi al lado de la casa de Fray Luis de León, el que sería San Juan del Castillo que murió martirizado arrastrado por caballos en Paraguay y cuya historia se cuenta, en parte, junto a la de otros misioneros, en la película La Misión. En la colegiata de Belmonte se conservan restos de la tierra donde murió, trozos de las cuerdas con que fue arrastrado e incluso sangre que encontraron en la tierra. Muy cerca está también enterrado un conocido guerrillero, Francisco Sánchez Fernández, que asedió a las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia hasta que fue detenido y fusilado, oriundo del pueblo de Camuñas fue conocido como el tío Camuñas y desde hace más de 200 años, junto con el Coco es el terror de los niños españoles.

Belmonte está también en plena ruta del Quijote, con los molinos-gigantes de Mota del Cuervo a un paso, además de su propio molino dentro de los límites del pueblo, El Puntal que conserva su maquinaria y permite contemplar la molienda, con el Toboso a 15 kilómetros, también próximo Campo de Criptana y otros múltiples escenarios cervantinos. De alguna forma es también tierra de El Cid y aunque no es seguro que Rodrigo Díaz de Vivar pasase por aquí, desde luego sí estuvo el actor Charlton Heston que, junto a Sofía Loren, que rodaron en Belmonte una parte de El Cid en el inmenso palenque a los pies del castillo, que en realidad se construyó 300 años después de los tiempos del Cid… Cosas de Samuel Bronston y el cine americano.

Hay al menos una decena de productoras que han encontrado en Belmonte el escenario ideal para sus películas. Títulos como El crimen de Cuenca de Pilar Miró, Los señores del acero, de Paul Verhoeven, Juana la Loca de Vicente Aranda, El caballero Don Quijote, de Manuel Gutiérrez Aragón, …Y le llamaban Robin Hood. Una de las últimas ha sido Tenma, una historia de samuráis rodada en el castillo de Belmonte.

El pueblo más bello de Castilla-La Mancha

Consecuencia de esa intensa historia son los muchos monumentos que atesora Belmonte, que le han hecho acreedor en varias ocasiones, la última en 2016, al título de “pueblo más bonito de Castilla La Mancha”. Y el recorrido para disfrutarlo debe comenzar en el castillo, más que nada porque luego todo es de bajada y se hace más llevadero. Encargado por D. Juan Pacheco, Marqués de Villena al Maestro Hanequín de Bruselas, para utilizarlo como vivienda propia en su ciudad natal, fue refugio de doña Juana la Beltraneja. Situado en un cerro, su recinto exterior tiene forma pentagonal, portada gótica y está unido a las murallas que bajan hasta la localidad. En el recinto interior, de planta triangular, destacan los artesonados mudéjares, las yeserías y los relieves góticos.

Hay dos partes claramente diferenciadas como se observa desde el patio de armas; una de carácter medieval y defensivo y otra palaciega que nos traslada a la segunda mitad del siglo XIX con salas ambientadas al estilo de la propietaria del castillo en esa época, Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia por su matrimonio con Napoleón III y descendiente del marqués de Villena. Durante el recorrido de esas salas se da a conocer la apasionante vida de esta noble española que llegó a ser regente del imperio francés en tres ocasiones y que ordenó la restauración del castillo de Belmonte a mediados del siglo XIX.

El castillo con su exterior pentagonal extiende sus brazos de murallas hacia la población, cilindros de piedra flaquean sus vértices y le otorgan su soberbia planta castellana. El abrazo de las murallas se abre en sus cinco puertas de las cuales tres siguen siendo de acceso a la población. La puerta de San Juan, Chinchilla, Almudí, la de Toledo y la Puerta Nueva. Tras la emperatriz el castillo fue habitado por Hernando Fitz-James Stuart y Falcó, Duque de Peñaranda y sobrino de Eugenia de Montijo, cuyos descendientes ostentan hoy su propiedad; pertenece por tanto a un rama de la Casa de Alba y está considerado un Bien de Interés Cultural.

Joyas en cada esquina

A los pies de su castillo, la villa de Belmonte, rinde pleitesía al edificio que lo identifica y corona su estampa. Entre las calles y casas, el rumor de los siglos nos muestra la iglesia de la Colegiata que le disputa su liderazgo de piedra y cultura. La Colegiata de San Bartolomé, que estuvo a punto de ser considerada Catedral, reclama su matriarcado sobre la villa desde su estilo mayoritariamente gótico. Sus bellísimas puertas del Sol y de los Perdones exhiben sus pináculos y arcos germinados y son antesala del magnífico tesoro que albergan sus muros. En el interior una nueva pugna por el protagonismo de sus incontables tesoros, arquitectónicos, mobiliarios y artísticos: capillas, retablos, bóvedas, pinturas, esculturas, el coro y la pila. Sin lugar a dudas, una de las maravillas de la Colegiata es el coro, tallado para la Catedral de Cuenca por los hermanos Cueman y trasladado a Belmonte en el siglo XVIII. Técnicos y estudiosos dan una gran importancia a esta obra, ya que es la primera sillería de coro historiada de España. En ella aparecen relatos de la Sagrada Escritura que en forma de “historias” van narrando la Historia Sagrada, junto con escenas profanas más tímidamente tratadas. En un rincón se encuentra la pila en que recibió el agua con que fue bautizado Fray Luis de León. Aquí están también los sepulcros de la familia del Marqués de Villena.

Otro edificio de interés es el palacio-alcázar de don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X El Sabio, del siglo XIV, hoy convertido en precioso hotel de lujo. Todavía se pueden visitar interesantes restos arqueológicos entre los que destacan los restos de un convento de monjas dominicas que se levantó en el siglo XV, con un claustro magnífico. Además, merece la pena conocer, entre otros lugares, el antiguo Convento de los Jesuitas: barroco, del siglo XVII, su claustro forma parte de la Plaza Muñoz Grandes, el hospital de San Andrés, el convento de las madres Concepcionistas, la Plaza del Pilar y el convento de los Trinitarios.

Otra visita imprescindible es Trebuchet Park a los pies del Castillo de Belmonte, el mayor parque de máquinas de asedio a escala real del mundo. A lo largo de la visita se pueden ver 40 máquinas de asedio, todas ellas a tamaño real y perfectamente operativas. Todas las máquinas han sido probadas y funcionan igual que lo harían en su época. Han sido reconstruidas con el máximo rigor histórico en base a la documentación existente: miniaturas, grabados, textos de la época, representaciones iconográficas o restos arqueológicos.

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Pero, además de apreciar sus monumentos, en Belmonte vale la pena pasear por el reguero de callejuelas estrechas de muros blancos y empinadas cuestas, o auparse a través de grandes fachadas con ventanales protegidos por rejas para presenciar la huella de los mejores años de Belmonte. Y, sobre todo, charlar con sus gentes, acogedoras y abiertas que contemplan con preocupación, como tantas otras en distintos rincones de España, el lento abandono de sus casas por vecinos que buscan otra vida en la ciudad o en otros parajes.

Esa es por cierto una de las grandes preocupaciones de su inquieta alcaldesa, Angustias Alcázar, que está punto de completar su cuarta legislatura, y que junto a un grupo de colaboradores y empresarios del pueblo ha lanzado una campaña con el lema “Contra la despoblación, unión y promoción”. Ojalá lo consiga, porque su entusiasmo es contagioso. Caminar por Belmonte suele decir es no sólo sumergirse en los inicios de la historia de nuestro país, es pasear por calles repletas de historia de caballeros, de Quijotes, pero sobre todo de Sanchos, de poesía, de literatura, de héroes libertarios, de musas, de espiritualidad,.. todo un pueblo encantador y con encanto.”

Y para incitar a que la gente visite Belmonte, se enamore de este lugar e incluso decida quedarse allí, no faltan oportunidades ya que hay muchas casas en venta a precios ridículos, e iniciativas que estimulan las visitas. Por ejemplo, el joven empresario Antonio Abad ha puesto en marcha “Belmonte Aventura” en la que organizan actividades multiaventura para grupos, despedidas, amigos, familias, empresas, escolares, campamentos… con rutas en quad o bicicleta, senderismo, alojamiento en casas rurales, etc. A otro nivel está la bodega Mont Reaga, en las afueras del pueblo, sentimiento, pasión y dedicación de toda una familia y equipo humano para convertir un sueño en una realidad convertida en campos de vides, cereal al viento y un amplio horizonte donde dejar perder la vista. El resultado, tras 15 años de trabajo, son unos vinos con variedades de la región: Tempranillo, Verdejo y Moscatel de Grano Menudo y otras internacionales que se han adaptado muy bien al clima de la zona y su tierra: Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y Sauvignon Blanc. Uno de sus logros en estas tierras cálidas es preservar la conveniente acidez que dote a los vinos de frescura sin mermar la madurez, que otorga una explosión de aromas, color y potencia.

Cama y mantel

Belmonte tiene mucho que ofrecer y sus alrededores también. Por eso es aconsejable dedicarle, al menos un fin de semana o un largo puente, porque habrá tiempo para el disfrute. El comparador de hoteles Hotelscan ha encontrado al menos una docena de casas rurales con buenos precios y dos lugares de excepción. Uno es el Palacio Del Infante Don Juan Manuel Hotel Spa donde la historia, tradición y cultura del lugar se funden con la modernidad, la calidad y la comodidad de este alojamiento, un remanso de tranquilidad donde disfrutar de una estancia inolvidable. Otra buena opción para familias o grupos es el Palacete Belmonte, un palacio típico castellano-manchego, con líneas elegantes y modernas y 20.000 con metros cuadrados de parcela, frente a la ladera norte del Castillo de Belmonte. Tiene ocho habitaciones, amplias zonas comunes, cocina y comedor y capacidad hasta para 22 personas.

Los recorridos por Belmonte, sin duda dan hambre y sed, pero no hay que preocuparse porque se está en el lugar adecuado. Las buenas viandas de la tierra de Castilla-La Mancha, como migas, gachas, morteruelo, ajo arriero, gazpacho manchego, arroz con liebre, caldereta manchega, cochifrito, porreta, perdiz escabechada, pipirrana, sopa castellana, zarajos, asadillo, atascaburras, patatas al montón… además de paletillas de cordero asadas o lomos de bacalao bien regados con vinos de las varias D.O de Castilla-La Mancha se pueden disfrutar, por ejemplo en el restaurante La Muralla que dirige Manuel Resa el más grande del pueblo, Los Alarifes, el restaurante de lujo del hotel Palacio Del Infante Don Juan Manuel o el también mencionado Palacio Buenavista. Otra opción es el coqueto Alacena de Belmonte, que también es gastrobar y tienda de productos típicos, destacando sus excelentes quesos y conservas de ajo arriero, negro o morado.

Texto: Enrique Sancho
Fotos: Carmen Cespedosa

Más información:
Ayuntamiento de Belmonte, tel.: 967170008 ayuntamiento@belmonte.es http://www.belmonte.es/

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