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Agón! La competición en la antigua Grecia en CaixaForum Madrid

16 julio, 2017 | Por | Categoría: Exposiciones, Noticia destacada | Imprime esta noticia Imprime esta noticia

«Con relación a cada individuo, la primera y más brillante de las victorias es la que se consigue sobre sí mismo» (Platón)
La historia griega está repleta de actos gloriosos de héroes, atletas y guerreros. Desde los relatos épicos de Homero hasta los triunfos deportivos en Olimpia, pasando por las victorias de grandes generales, en la antigua Grecia una intensa rivalidad dominaba todos los aspectos de la vida. La competición impregnó incluso el universo de las artes, con certámenes de música, teatro, escultura y pintura. Agón! La competición en la antigua Grecia —la segunda muestra surgida del acuerdo firmado entre la Obra Social ”la Caixa” y el British Museum en 2015— examina, mediante más de 170 objetos, este espíritu competitivo característico de la sociedad de la antigua Grecia. Muchas de las piezas que se exponen son obras maestras que han sido restauradas para la ocasión y que se presentan por primera vez fuera de Londres. Es el caso de las esculturas y el fragmento del friso procedentes del Mausoleo de Halicarnaso, una de las siete maravillas del mundo antiguo, nunca antes cedidas.

La directora general adjunta de la Fundación Bancaria ”la Caixa”, Elisa Durán; el director del British Museum, Hartwig Fischer; y el especialista en escultura y arquitectura de la antigua Grecia en el British Museum y comisario de la exposición, Peter Higgs;  han inaugurado  en CaixaForum Madrid el nuevo proyecto conjunto entre ambas instituciones: Agón! La competición en la antigua Grecia.

Esta exposición ofrece unaoportunidad única de contemplar una colección extraordinaria relacionada con el juego, el deporte y la competición en la antigua Grecia. Presenta un conjunto de obras que van desde las canicas y los dados que utilizaban los niños de hace 2.200 años, hasta un fragmento del friso del Mausoleo de Halicarnaso, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

El espíritu competitivo, inherente a la naturaleza humana
Los antiguos griegos pensaban que el espíritu competitivo era inherente a la naturaleza humana y que podía transmitir una fuerza positiva, innovadora y dinámica. Frente al individualismo que domina muchos aspectos de la vida actual, en la antigua Grecia la competición representaba la personalidad colectiva y era un elemento de cohesión social.

Niké, la diosa de la victoria que conecta el mundo de los mortales con el mundo de los dioses, da la bienvenida a la exposición, que invita a descubrir la idea de competición que dominaba todos los aspectos de la vida de la antigua Grecia: desde la guerra, el deporte y los juegos infantiles hasta la creación artística, pasando por la vida cotidiana y el momento de la muerte. Los griegos aspiraban a alcanzar la excelencia mediante el equilibrio entre el cuerpo y el espíritu, por un lado, mediante el deporte y, por el otro, a través de la filosofía, las artes y las ciencias.

Héroes, atletas y guerreros ilustraban esta rivalidad. Los griegos eran fanáticos del deporte. Los Juegos Panhelénicos, que se celebraban en Olimpia, Delfos, Istmia y Nemea, atraían a los mejores atletas. Los ganadores eran considerados héroes y podían conseguir grandes premios, ya fueran materiales o bien fama y prestigio. Los acontecimientos deportivos atraían a grandes multitudes y constituían una de las principales formas de entretenimiento.

Los certámenes teatrales y musicales también atraían a miles de espectadores. Escritores como Esquilo, Eurípides, Sófocles o Aristófanes participaron en estos concursos.

Otro ámbito en el que se manifestaba el espíritu competitivo era la guerra. Los estados y reinos griegos vivieron en un conflicto casi constante entre sí y con sus vecinos. Las escenas de batallas, tanto reales como imaginarias, son habituales en el arte griego: desde pequeñas gemas, hasta grandes esculturas arquitectónicas y monumentos conmemorativos en honor de soldados caídos.

Como ocurre hoy en día, la gente de diferentes clases y entornos sociales competía en la vida civil, aunque en este caso el campo de batalla eran los espacios públicos y los cementerios. Los poderosos rivalizaban por lograr mayor presencia pública y más reconocimiento. Esta lucha se traducía en un gusto por los objetos de lujo y, más allá de la muerte, en tumbas y mausoleos suntuosos.

Las esculturas del Mausoleo de Halicarnaso, cedidas por primera vez En Agón! La competición en la antigua Grecia se exponen juntas por primera vez un gran número de obras maestras de la renombrada colección del British Museum, que con más de 100.000 objetos tiene uno de los fondos de antigüedades más grandes y completos del mundo clásico.

La amplia selección, formada por 172 piezas antiguas del museo británico, comprende desde una decena de estatuas de grandes dimensiones hasta pequeñas figuras, desde sellos exquisitamente grabados hasta monedas.

Todas unidas por primera vez. También es la primera vez que muchas de estas obras salen del British Museum para su exhibición en la muestra, un numeroso grupo de las cuales lo hace directamente desde las salas de exposición del centro británico.

Es el caso de la parte final de la muestra, que ahonda en el tema de la muerte a través de las esculturas del Mausoleo de Halicarnaso, la tumba del rey Mausolo, una de las siete maravillas del mundo antiguo. El British Museum nunca antes había cedido en préstamo estas célebres y emblemáticas esculturas, que además han sido restauradas para la ocasión.

La exposición: Niké, la diosa de la victoria
Los antiguos griegos adoraban a muchos dioses. Algunos de ellos se agrupaban en familias, como los titanes o los dioses olímpicos, mientras que otros evolucionaron a partir de conceptos como la justicia, el amor o el deseo. La divinidad más conocida de este segundo tipo fue probablemente Niké, la diosa de la victoria.

Niké fue una de las divinidades más representadas. Aparece con unas espléndidas alas, en ocasiones volando y a veces planeando a punto de posarse, con frecuencia conduciendo veloces carros entre el mundo de los mortales y el reino de los dioses.

Niké solía relacionarse con Atenea, la diosa de la guerra y la sabiduría, y con Zeus, el patriarca de la familia olímpica. Siendo la personificación de la victoria, se sienta como jueza junto a Zeus para determinar quiénes son los vencedores, tanto en la batalla como en los deportes. Fue una de las divinidades griegas más atareadas, puesto que entregaba coronas, diademas, palmas o trofeos directamente a los ganadores.

El juego en la infancia
En las palabras de Platón se expresa el convencimiento de que, si bien es necesario estimular el juego en los niños, también lo es inculcarles una estructura rigurosa. Desde temprana edad, los ciudadanos aprendían a seguir las normas y los criterios marcados por el poder establecido.

Los niños tenían varios tipos de juguetes y practicaban juegos muy diversos, que en muchos casos eran similares a los de hoy en día. Los juegos se basaban en el principio de ganar y perder, y se fomentaba la competitividad. La formación atlética de los varones empezaba en cuanto entraban en la escuela. Convertirse en un atleta consumado formaba parte del rito de paso de niño a hombre.

En algunas ciudades estado, como Atenas, se alentaba a los niños varones a practicar un ejercicio físico estricto para convertirse en buenos soldados, pero también se hacía mucho hincapié en su desarrollo intelectual. En Esparta, por el contrario, se daba mucha menos importancia a leer y escribir que a aprender a luchar.

En la mayoría de las ciudades estado griegas, las niñas y las mujeres recibían educación en sus casas, en general por parte de sus maridos, hermanos o padres. Fuera del hogar solo recibían clases de música y danza. En cambio, en Esparta, las mujeres tenían acceso a una educación pública.

Competiciones deportivas
Los antiguos griegos eran unos auténticos fanáticos del deporte. Todos los años celebraban por lo menos un gran acontecimiento deportivo, al que asistían miles de espectadores que, en muchos casos, habían recorrido largas distancias. En tiempos de paz, las grandes pruebas deportivas ofrecían una oportunidad para competir y rivalizar. En cambio, en tiempos de guerra, incluso se detenían los combates para permitir que se celebraran.

Los Juegos Panhelénicos celebrados en Olimpia, Delfos, Istmia y Nemea estaban abiertos a los atletas de todo el mundo griego. La competición deportiva más famosa era la celebrada cada cuatro años en Olimpia. Su primera edición fue en el año 776 a. C. y se continuó celebrando durante más de mil años. Todas estas contiendas deportivas se organizaban en honor de los dioses, de quienes se esperaba recibir la excelencia atlética.

Los ganadores de los principales juegos se convertían en auténticos héroes, y los atletas profesionales podían vivir de lo que ganaban en las numerosas competiciones de menor importancia.

En Olimpia, en cambio, el premio era una simple corona de ramas de olivo, pero esa victoria proporcionaba fama de por vida. La tradición de los Juegos Olímpicos fue retomada en la era moderna en 1896.

Las competiciones teatrales y musicales
Las competiciones en las artes escénicas eran parte integrante de los festivales religiosos celebrados en honor de Dioniso, el dios del teatro y del vino. Patrocinadas por benefactores, constituían una fuente de diversión para las masas.

En todas las festividades panhelénicas, no solo en las de Olimpia, se organizaban certámenes abiertos a ciudadanos varones de todo el mundo griego.

Estos concursos se realizaban en teatros al aire libre, auditorios (odeia) e incluso escenarios efímeros. Los premios más antiguos eran simples coronas, pero los escritores o actores podían convertirse en verdaderas celebridades que recibían considerables remuneraciones económicas y se levantaban monumentos para conmemorar sus victorias.

El teatro y la poesía ofrecían un resquicio para ahondar en importantes temas sociales y religiosos, y para criticar abiertamente la política y a los políticos. Muchos de los dramaturgos griegos más famosos participaron y ganaron estas competiciones, como Esquilo, Eurípides, Sófocles y Aristófanes. Tan perdurables son sus grandes obras que siguen interpretándose en nuestros días.

El teatro y la poesía
Es probable que la dramaturgia griega se desarrollase a partir de la tradición oral de los poetas que narraban relatos fantásticos. El mundo de los mitos griegos y la épica de Homero aportaron argumentos y personajes a muchas tragedias griegas, y también, aunque en menor medida, a las comedias.

Había tres tipos de obras: las tragedias, las sátiras y las comedias. Los actores eran hombres, e interpretaban tanto los papeles masculinos como los femeninos, mientras que el público probablemente estaba formado por una mezcla de hombres, mujeres e incluso esclavos. Los actores tenían como apoyo al coro, un grupo de hasta cincuenta intérpretes que cantaban, bailaban y recitaban al unísono, comentando el desarrollo de la obra.

En Atenas se nombraba a un juez por cada una de las diez tribus de la ciudad. Estos jueces otorgaban premios al primero, segundo y tercer clasificados. Los dramaturgos vencedores, que no los actores, recibían coronas de hiedra y calderos de bronce.

Euripedes

La música y la danza
La música, la danza y la poesía eran elementos básicos en la educación de un ciudadano. Se organizaban certámenes de música para niños y adultos y el máximo galardón se otorgaba a quien mejor tocase la cítara. También había concursos de canto coral y de baile. Bailar durante las representaciones teatrales estaba reservado a los hombres, mientras que las mujeres lo hacían en rituales religiosos, competiciones atléticas y banquetes. La danza era un elemento importante de la educación tanto masculina como femenina. En el caso de los varones, formaba parte de su instrucción deportiva y militar.

Nuestro conocimiento de la música de la antigua Grecia se limita a los escasos ejemplos de notación musical que se conservan. Podemos reconstruir los instrumentos y hacernos una idea bastante exacta de cómo sonaban, pero es muy poco lo que sabemos de las melodías.

La guerra: el enfrentamiento supremo
El conflicto entre las ciudades estado y los reinos rivales era una constante en la antigua Grecia. La mayoría de las guerras eran litigios por el territorio y los recursos naturales, o sencillamente reflejaban las ambiciosas políticas de determinados reyes y gobernantes.

En el siglo VIII a. C. existían ya cientos de ciudades estado y cada una de ellas estaba rodeada de sus tierras de cultivo, un bien escaso en la accidentada geografía continental griega y en las áridas islas. Con el tiempo se fueron gestando profundas rivalidades entre las distintas comunidades y el recurso a la violencia era habitual en las disputas por el territorio.

Los ejércitos procedían de las clases propietarias, tanto de las ciudades como de las zonas rurales. Con tan solo siete años, los niños empezaban la formación militar, mientras que los hombres podían ser llamados a las armas hasta bien entrados los cincuenta. En este ámbito, los espartanos eran reconocidos por su estricto régimen de rigurosa instrucción y ejercicio.

En todas las formas de arte aparecen escenas de guerra, desde la escultura y la cerámica hasta la pintura sobre tabla y la forja. Y la inspiración procedía tanto de batallas legendarias como reales, muy especialmente de las guerras de Troya y las médicas.

• Los ejércitos griegos y su equipamiento
La categoría más extendida de soldado era la de los hoplitas, ciudadanos soldado cuyo nombre deriva de hoplon, es decir, ‘arma’. Su equipamiento era muy pesado y probablemente incómodo, por lo que no era apto para largas intervenciones en batalla.

Los hoplitas tenían que pagar sus armas y armaduras, es decir, que no pertenecían a las clases más pobres.

La caballería estaba formada por miembros de las clases altas, que podían permitirse mantener a los caros caballos. La caballería no era de uso habitual en los conflictos armados de las épocas más tempranas, básicamente porque el paisaje rocoso y montañoso del centro y sur de la península griega no era propicio ni para la cría de caballos ni para montarlos.

Hacia el siglo IV a. C., las pesadas armaduras de bronce fueron reemplazadas paulatinamente por materiales endurecidos más ligeros, como el cuero o el lino, con escamas de bronce.

Héroes y mitos
A los antiguos griegos les encantaba contar historias. Imaginaban su pasado como una época de héroes legendarios, aventuras épicas y criaturas fantásticas. Los relatos solían girar en torno a las acciones de los dioses olímpicos y sus aventuras con sus hijos e hijas semidioses.

En las narraciones aparecían también héroes míticos que luchaban contra todo tipo de adversidades compitiendo contra sus rivales.

Los dos héroes griegos más célebres fueron Aquiles y Heracles (Hércules para los romanos), ambos semidioses con un progenitor inmortal y el otro mortal. Sus vidas estuvieron repletas de crisis personales, luchas contra otros héroes y agrias rivalidades.

Eran unas historias apasionantes, ya que los dioses olímpicos intervenían en ellas urdiendo sus tretas en el competitivo reino del monte Olimpo.

• Los doce trabajos de Heracles
El héroe griego Heracles se convirtió en el protagonista de diversas leyendas e innumerables obras de arte. Hijo de Zeus y de la mortal Alcmena, era el máximo exponente del héroe dotado de una fuerza física, una valentía y un ingenio encomiables.

La gran enemiga de Heracles era la diosa Hera, la celosa esposa de Zeus. Intentó evitar que Alcmena diera a luz a Heracles y a su hermano gemelo. Como no lo consiguió, mandó serpientes a matar a los recién nacidos, pero el pequeño Heracles las estranguló.

En un ataque de locura provocado por Hera, Heracles mató a sus hijos y a su primera esposa, Mégara. Como castigo por tal crimen tuvo que realizar doce trabajos prodigiosos, que completó contra todo pronóstico. Su premio fue la inmortalidad. Fue el único héroe que se convirtió en dios.

• La guerra de Troya
La guerra de Troya es uno de los hechos más importantes que recogen los mitos griegos y fue un tema muy popular en el arte griego y romano. Es un relato elaborado a partir de las historias narradas por varios autores antiguos, en particular a partir de la Ilíada de Homero. Las historias que contaba Homero eran antiguas, heredadas de una tradición anterior de narrativa oral. La Ilíada empieza cuando ya han transcurrido diez años de cruenta guerra. Se trata, en definitiva, de una narración épica que versa sobre los dioses, que participan en un complejo juego en el que héroes y mortales son sus peones. Trata también sobre el amor y la codicia de dos familias reales: los aqueos griegos y los troyanos.

En las excavaciones realizadas en Troya (actualmente en Turquía), los arqueólogos han localizado los restos de una importante ciudad amurallada. Al parecer, hacia el año 1180 a. C. se produjo un ataque real a esta ciudad que causó una gran destrucción y que podría ser el origen del relato de la guerra de Troya. Los griegos identificaban a los héroes de esta guerra legendaria con sus ancestros, que, como ellos, luchaban y competían contra temibles enemigos.

Rivalidad social en la vida cotidiana y en la muerte

El estatus, la posición social, era probablemente la forma más sutil de competencia entre los antiguos griegos. No se trataba de una competición oficial y no tenía lugar en un circuito de carreras o sobre un escenario, sino que las arenas donde se pugnaba por ascender en el escalafón social eran los espacios comunales, desde el ágora hasta los santuarios de los dioses y los cementerios públicos.

La competición era inherente a la vida cotidiana. La rivalidad se manifestaba en la forma en que uno se presentaba y era considerado por los demás. Los adornos personales resaltaban la riqueza y el estatus.

Los generosos benefactores competían para que se erigiese en su honor el retrato esculpido más imponente, y que además estuviese situado en el lugar más destacado.

Solo los ciudadanos varones y adultos podían participar en los asuntos públicos y la política. Competían participando en asambleas públicas, foros judiciales y actividades sociales exclusivas, como los banquetes reservados a los hombres (symposia), en los que podían rivalizar por posiciones de influencia o estatus.

• La competición y la notoriedad en la muerte
Los antiguos griegos prestaban mucha atención a todo lo relacionado con la muerte. Daban mucha importancia a los preparativos funerarios, los entierros y la vida en el más allá. Los funerales podían ser la ocasión perfecta para grandes despliegues de comida y bebida, y su duración y magnitud dependían de la riqueza y el estatus de la persona fallecida.

La manera de presentarse tras la muerte era un acto de rivalidad social, un modo de inmortalizar el estatus en sociedad. Habitualmente, los cementerios estaban situados en el camino principal que conducía a la ciudad para garantizar máxima visibilidad y relevancia. En el caso de los miembros de la élite, sus restos podían depositarse en una cámara de piedra, con un elemento indicativo de la tumba, o en otro monumento funerario. Los pobres, en cambio, a menudo recibían sepultura directamente bajo tierra o, a veces, dentro de grandes vasijas de arcilla. Sus tumbas, al no estar indicadas, caían pronto en el olvido.

En ocasiones, las ceremonias y los monumentos funerarios eran tan ostentosos que terminaron restringiéndose por ley. No obstante, los que estaban por encima de la ley, como los gobernantes y monarcas, utilizaron sus costosas y fastuosas tumbas como expresiones conmemorativas.

• La tumba del rey Mausolo (r. 377-353 a. C.) en Halicarnaso
La gigantesca tumba construida para el rey Mausolo de Caria fue el mayor símbolo funerario de estatus. Mausolo era sátrapa, es decir, gobernador del Imperio persa, y administraba una importante provincia cuya capital era Halicarnaso. Fue un poderoso actor político y económico en el Mediterráneo.

Mausolo era un gran admirador de la cultura griega. Por todos sus dominios fundó nuevas ciudades basadas en el trazado de las ciudades griegas, y planificó la construcción de su propia tumba de modo que dominase Halicarnaso y fuese visible desde la lejanía en el mar. Tenía una altura de 45 metros y estaba decorada con estatuas muy elaboradas y frisos tallados. Según cuentan los escritores de la Antigüedad, no reparó en gastos: los arquitectos y escultores se contaban entre los más famosos artesanos de Grecia y trabajaron con el mejor mármol de importación.

Por sus grandes dimensiones y por la magnífica calidad de sus esculturas, la tumba de Mausolo se encuentra en la lista de las siete maravillas del mundo antiguo y ha dado lugar al término mausoleo para hacer referencia a una gran tumba monumental.

Datos de interés:
Agón! La competición en la antigua Grecia
Fechas: del 14 de julio al 15 de octubre de 2017. Lugar: CaixaForum Madrid (paseo del Prado, 36).

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