El movimiento feminista ha sido uno de los principales motores de cambio social en las sociedades contemporáneas. El feminismo interroga todos nuestros principios y modos de comportamiento con el fin de alertarnos y denunciar las desigualdades de género que subyacen en nuestros modos de hacer, nuestros modos de juzgar y también en nuestros modos de ver. El arte, como toda producción humana, se ve afectado por el sistema de valores dominante, que lo hace visible a la vez que silencia las voces subalternas. También ha sido, sin embargo, un espacio de desbordamiento y de impugnación de ese sistema de valores. Nuestro itinerario por las vanguardias históricas pretende despertar una nueva mirada en el público incitándole a considerar críticamente las imágenes de la dominación masculina, así como a darse cuenta de las ausencias en los relatos de la historia del arte. Sobre todo y por encima de todo se invita a reconocer el trabajo de las mujeres en la superación de tales modelos. Este itinerario recorre las salas de la 2ª planta.

Sala 201
Cambios sociales: acciones y reacciones
La modernidad nace llena de promesas de progreso e igualdad para las mujeres pero también augura nuevos modos de dominación. Los textos de la Institución Libre de Enseñanza, impulsora de la modernidad en España en los comienzos del siglo XX, vienen ilustrados con imágenes de mujeres practicando un saber como las matemáticas, hasta entonces casi privativo de los hombres. Los hermanos Lumière retratan, mediante el nuevo medio cinematográfico, la realidad social de hombres y mujeres saliendo de la fábrica en el amplio proceso de industrialización. Pero las tecnologías modernas no están al margen de los modelos tradicionales de representación. El fotógrafo madrileño Alfonso da cuenta tanto de mujeres ejerciendo “labores femeninas”, como de mujeres participando activamente en las manifestaciones del Primero de Mayo.

201 bis.
Por contraste, las femmes fatales retratadas por Pablo Picasso, Hermenegildo Anglada Camarasa y Julio Romero de Torres, nos hablan del papel de la mujer y lo femenino como fetiches de la atribulada psicología del artista hombre de principios de siglo, de sus miedos y de sus deseos en un periodo en que las mujeres luchan por conquistar una nueva posición tanto en el espacio público como en el privado. La España negra retratada por Gutiérrez Solana en La visita del obispo nos recuerda la persistencia de los modelos atávicos de género en la sociedad tradicional. Las mismas mujeres que irrumpen como productoras de imágenes en el siglo XX, pueden reproducir también las convenciones dominantes de representación femenina, como se aprecia en las fotografías de Julia Margaret Cameron o Gertrude Käsebier.

Salas 202-204
Ausencias
Con raras excepciones como Dora Maar, Germaine Dulac o Maruja Mallo, las mujeres artistas están prácticamente ausentes de las narraciones del surrealismo internacional y del arte español de los años veinte. El acceso al canon de la historia del arte y a las colecciones de los grandes museos ha estado tradicionalmente vedado a las aportaciones de unas mujeres que, sin embargo, participaban con intensidad creciente en el debate intelectual y artístico de su época. La ausencia de estas mujeres contrasta con la ubicuidad de una imagen femenina sublimada o mitificada, que encontramos en las fotografías de Man Ray y de Brassaï, o en los collages de Benjamín Palencia y Nicolás de Lekuona.

Sala 205
Constrúyala usted mismo: maniquíes, muñecas, fragmentos de mujer
En la lectura surrealista de las teorías de Freud la mujer es a la vez fetiche y recordatorio de la castración masculina. Las obras de Denise Bellon, Man Ray, Hans Bellmer, Salvador Dalí y Oscar Domínguez representan una mujer sin vida autónoma, convertida en muñeca a merced del uso o rota en fragmentos. La mirada masculina, cargada de erotismo y violencia, se enfrenta a las inquietantes imágenes generadas por sus impulsos y terrores más profundos. Mientras tanto, las imágenes generadas por la psique de las mujeres siguen, en muchas ocasiones, fuera de los escenarios de la representación pública.

Sala 206
Mujeres de la guerra: de la miliciana a la madre que sufre
La guerra produce imágenes contradictorias de la mujer. Realismo y mito, objetividad y propaganda se superponen y mezclan generando representaciones contrapuestas. El fotoperiodismo nos muestra a las mujeres milicianas que ya no son víctimas sino protagonistas de la historia. Por el contrario, los carteles de propaganda utilizan a menudo la imagen de la madre indefensa para movilizar al pueblo en armas. Pablo Picasso recurre a esa misma convención patriarcal en Guernica y en las mujeres llorando que pinta en la misma época, ofreciendo la imagen del sufrimiento extremo de la mujer como icono mítico del dolor ante la violencia de la guerra y la muerte del hijo.

Sala 207
Permanencias y transgresiones
En sendas obras situadas en los dos extremos de la sala, una artista, Ángeles Santos, transgrede los límites de las convenciones de representación femenina para imaginar un universo de mujeres al margen de la mirada del hombre: mujeres autónomas, activas, pensantes, libres. Por contraste, las figuras desnudas que abundan en los cuadros de la sala nos hablan tanto de la ampliación del imaginario sexual en los años veinte y treinta del siglo XX, como de la pervivencia de una mirada dominante masculina que hace del cuerpo femenino un objeto de placer visual. Esa mirada también se detecta en la actitud voyeurista de Salvador Dalí en Muchacha en la ventana. Las imágenes sofocantes de Gutiérrez Solana, maniquíes femeninos dentro de una vitrina, constituyen la cara opuesta de la representación que nos ofrecía Ángeles Santos.

Sala 210
El desbordamiento de la mirada masculina
Junto al relato de la ruptura cubista de la representación encontramos otro alternativo que establece el desbordamiento de los límites convencionales de la visión y la configuración de una mirada moderna diferente. Entre sus protagonistas principales, este relato cuenta con las pintoras María Blanchard y Sonia Delaunay o la coreógrafa Loïe Fuller. Frente al ojo distante de la representación realista o el ojo diseccionador del cubismo, estas artistas se dirigen a una mirada hecha cuerpo, que responde espontáneamente, más allá de las mediaciones lógicas, a los estímulos del movimiento y del color.

Epílogo
A partir de los años sesenta del siglo XX, el feminismo se hace fuerte dentro de la práctica artística, como en el resto de los ámbitos de la cultura y de lo social. Artistas como Nancy Spero, Eulàlia Grau o Cindy Sherman, presentes en nuestra colección, hacen de su trabajo estético un mecanismo de análisis de los sistemas de representación masculinos y un modo de formular lenguajes alternativos. Les invitamos a seguir su rastro y el de otras creadoras en las sucesivas salas del museo.

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