Hans Rudolf Gerstenmaier © Museo Nacional del Prado

Entre las recientes donaciones de pinturas del siglo XIX al Museo del Prado, la de Hans Rudolf Gerstenmaier fue singular no solo por su número, once obras, sino también por su concentración en el arte de los últimos años del siglo XIX y principios del XX, uno de los núcleos principales de sus amplias colecciones y la sección final de las del Prado.

Museo Nacional del Prado lamenta profundamente el fallecimiento de Hans Rudolf Gerstenmaier, cuya generosa donación ha enriquecido sus fondos más modernos con obras de Hermen Anglada-Camarasa, Eduardo Chicharro, Ignacio Zuloaga, Joaquín Mir o Darío Regoyos.

 

Con esta donación, se incorporaron al Prado pintores como Hermen Anglada-Camarasa, Eduardo Chicharro, Ignacio Zuloaga y Joaquín Mir, que han enriquecido el final de las colecciones de pintura española del Museo, donde ya están representados Sorolla y Beruete, sus estrictos contemporáneos.

El Museo Nacional del Prado, su Patronato y trabajadores, lamentan su muerte y quieren transmitir su pesar a su familia.

Intervención de Javier Barón, jefe de Conservación de pintura del siglo XIX del Museo Nacional del Prado durante la presentación a los medios de la donación Gerstenmaier, en presencia de Miguel Falomir, Director del Museo Nacional del Prado; Javier Solana, Presidente del Patronato del Museo Nacional del Prado y de Hans-Rudolf Gerstenmaier.Foto © Museo Nacional del Prado. 2019

La donación Gerstenmaier
Alrededores de Bruselas de Regoyos, cuadro hasta ahora inédito, es uno de los mejores ejemplos de la primera etapa del artista, el más cosmopolita entre los de su generación. De su madurez, en cambio, El pino de Béjar muestra su pleno dominio de los recursos de la pintura impresionista.

Su amigo Ignacio Zuloaga está presente con Una manola, una interpretación de la sensualidad femenina característicamente española sobre un fondo azul de amplias pinceladas claras, trasunto de su conocimiento de la obra del Greco.

El otro gran renovador que tuvo difusión internacional, Hermen Anglada-Camarasa, aparece con una obra del cambio del siglo, Interior de un café-concert, en la que su dominio del colorido se aplica a una personal visión de la luz artificial.

En el ámbito ya postmodernista el mejor paisajista de su generación, Joaquín Mir, está representado con una obra de su periodo en el Mollet, de ejecución franca y directa, Torre Solà. Montornès.

Bayaderas indias, de Eduardo Chicharro, muestra su particular deriva en la década de 1920 hacia el ámbito de una pintura de sugestión exótica y sensual.

Familia gitana, Palencia, de Juan de Echevarría, evidencia la fascinación por estos motivos y por la pintura del postimpresionismo, especialmente de Gauguin, de este artista muy vinculado a la Generación del 98 y a Valle-Inclán, a cuya hija Mariquiña retrató.

Además de este conjunto, el donante ha querido regalar tres obras importantes de otros pintores ya representados en el Prado: Joaquín Sorolla, Aureliano de Beruete y Agustín de Riancho. De este último el Museo solo conservaba un lienzo del último año de su vida, y ahora se añade un paisaje muy anterior y de mayores dimensiones.

De Sorolla, el Prado no contaba con ningún retrato de la década final de su pintura. El ahora identificado como de Ella J. Seligmann, esposa de un gran marchante establecido en París, es además uno de los más sobrios y elegantes pintados por el artista, con una visión más sintética que en anteriores trabajos.

En cuanto a Beruete, a pesar de que el Prado conserva la mayor colección existente del artista, no tenía ningún ejemplo de sus extraordinarios paisajes alpinos, motivo ausente también en la colección del siglo XIX a pesar de la atracción que despertó entre los artistas de aquella centuria.

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