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Se trata de dos hitos arquitectónicos del patrimonio industrial vasco que se encuentran en un lamentable estado de abandono: la Cordelería o Fábrica de Jarcias del Real Astillero de Zorroza y los Grandes Molinos Vascos, ambos en Vizcaya. Su abandono y falta de mantenimiento han hecho que acaben de ser incluidos en la Lista Roja del Patrimonio (www.listarojapatrimonio.org) que elabora la asociación Hispania Nostra.

Los Grandes Molinos Vascos

En 1920 los herederos de Toribio de Ugalde, que había sido promotor de La Ceres, creaban la sociedad Grandes Molinos Vascos S.A. La sociedad se proponía construir en terrenos de los muelles de Zorrotza -junto a la ría de Bilbao- una gran factoría capaz de moler diariamente 200.000 kg de trigo, dotada además de los almacenes y silos correspondientes. Su emplazamiento le permitiría descargar el trigo y maíz que recibiría por mar, directamente desde el buque a los silos, por procedimientos neumáticos. Se tendría también acceso a la fábrica por medio de vías de apartadero del Ferrocarril del Norte y los ferrocarriles económicos de vía estrecha.

La nueva fábrica se iba a establecer en el solar donde en 1615 se levantó el Astillero Real de Zorrotza. Este astillero llegó a disponer de una enorme cordelería de 400 m de longitud y dos gradas donde carpinteros de ribera construían y armaban fragatas y correos. En el transcurso de los años 1923 y 1924 se edificó la factoría harinera según el proyecto del arquitecto e hijo del propietario, Federico de Ugalde y Echevarría. La fábrica entró en producción en 1925, pero tan solo durante 4 años, debido al incremento del precio del trigo y las malas cosechas. Tras diversos avatares, acabó sirviendo como almacén siendo finalmente abandonada. En 1999 el Gobierno Vasco la protege como monumento al incoar expediente de BCC (Bien Cultural Calificado).

Se trata de un edificio en forma de L que cuenta con una arquitectura destacable y se enclava en un paisaje privilegiado; esto lo ha convertido en un icono de la ría. El ala izquierda, más corta, alberga los silos y por lo tanto, carece de pisos. El piso 5º del ala derecha comunica con la torre de los silos mediante escaleras. Existen, además, dos marquesinas adosadas al pabellón en las fachadas delantera y trasera. Los silos sobresalen en la planta formando semicírculos facetados. El edificio tiene 5 plantas y dos torres, cada piso del ala derecha cuenta con dos crujías; la torre del ala izquierda es un espacio único. La superficie de cada planta de este ala es de 600m2. El ala izquierda del edificio alberga en su interior 23 silos, quince de mayor tamaño, alineados en tres filas de cinco y, otros ocho, en los espacios intermedios. Los silos grandes tienen un diámetro de cinco metros y una capacidad para 75 T de grano.

La estructura del edificio es de hormigón armado. La cubierta del edificio está constituida a dos aguas; en origen era de teja plana, en la actualidad de uralita, colocada sobre entablado de madera, que se apoya sobre cerchas de pendolón simple de madera. Exteriormente, se observan unos tirantes de madera en los aleros. El pabellón se caracteriza por la profusión de vanos que se abren en su fachada. Asimismo, sobresale la torre de comunicaciones -ligeramente descentrada- en estilo
neovasco.

La Cordelería o Fábrica de Jarcias del Real Astillero de Zorroza

El Astillero Real de Zorroza tuvo su origen en un astillero particular, del que ya se tiene noticia en el siglo XVI. Su transición a la condición de “real” se remonta a la crisis del siglo XVII. En esta época, la Corona estructura un plan cuyo fin era dar un impulso a la construcción naval nacional. Así es que, en 1615, el complejo industrial se convierte en arsenal real, tras la adquisición por parte de esta del astillero particular.

Durante el reinado de Carlos III, interesa la creación del Servicio de Correos Marítimos de Indias (1764) con sede en La Coruña. Es en este momento cuando el astillero, dada su condición de real, se convierte en la sede para la construcción de los navíos propios para el servicio: pataches y fragatas. Desde este momento hasta la invasión de los franceses en 1795, el astillero está sometido a un fuerte proceso de renovación y ampliación de sus infraestructuras construyéndose la Fábrica
de jarcias.

A finales del siglo XIX este edificio venía siendo utilizado por la firma Ybarra y Cía. Entre 1923 y 1924 se derruyó gran parte del edificio. En el extremo sur del segmento que permanece, se realizó una fachada nueva de grandes vanos apaisados. Esta estaba situada junto al acceso principal a las instalaciones de Molinos Vascos, en las que quedó integrada la parte no demolida. El edificio original debió tener unos 400 metros de longitud, y 13 metros de anchura. En él se elaboraban las jarcias para los buques mediante el proceso de hilado y trenzado del cáñamo. Los muros que conforman las fachadas del edificio son de mampostería y se utiliza la sillería exclusivamente para la formación de vanos y esquinales.

Actualmente, queda un segmento de unos 70 metros de largo. Este segmento, a su vez, se puede dividir en dos tramos si tenemos en cuenta el desigual nivel de conservación que presenta. El primer tramo, empezando desde el extremo norte -de unos 30 metros de longitud- conserva en buen estado sus tres fachadas, aparentemente originales, así como la estructura de madera de la cubierta. En el segundo tramo -de 40 metros- se conservan en una altura mayor a 2/3, los muros correspondientes al edificio original, aunque están enmascarados.

Se conserva también el muro que cerraba al norte los Astilleros Reales de Zorroza, tal como se puede apreciar en un plano de Francisco de Oleaga de 1787. Según este plano, se apoyaba en el interior de este muro una tejavana. Se conservan, asimismo, los sillares que enmarcan lo que debió ser el acceso principal al recinto, probablemente cubierto por un arco y una cornisa con tres pináculos. El pozo -o fuente- se encuentra ubicado entre el edificio de Grandes Molinos Vascos y el mencionado muro de cierre norte.

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