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El salón general de lectura María Moliner de la Biblioteca Nacional de España está adornado con los escudos de las provincias españolas del Reino de España, dado que se inauguró en 1896, tres de esos escudos pertenecen a Cuba, Puerto Rico y Filipinas. La BNE fue para estas provincias de ultramar su Biblioteca Nacional hasta su independencia, por eso, al cumplirse los 500 años de la fundación de La Habana, la Biblioteca ha hecho una selección de varios documentos –mapas, impresos, partituras, discos, películas…- vinculados estrechamente con Cuba y la Habana.

Los ingenios de azúcar, por Jesús G. Cantero

Los ingenios: colección de vistas de los principales ingenios de azúcar de la isla de Cuba es el libro más famoso y codiciado de los impresos cubanos del siglo XIX. No más de 200 ejemplares se conservan de esta joya bibliográfica que cuenta con 28 grabados litográficos coloreados junto a ocho planos, de los 25 ingenios azucareros más selectos. Algunos de ellos aún se mantienen activos más de siglo y medio después, y son objeto del deseo de los turistas y viajeros curiosos de los restos de la arqueología industrial.

Las ilustraciones muestran el alto grado de desarrollo de esta industria, que ya florecía en la década de 1850. Las láminas fueron dibujadas al natural y litografiadas por el pintor y grabador de origen francés Eduardo Laplante y Borcou. Remató la obra el esmero del impresor L. Marquier, heredero de la gran tradición cubana de las litografías de vitolas y marquillas coloristas y preciosistas para la otra gran industria cubana, la del tabaco.

El autor del texto fue el español y criollo de Cuba Justo Germán Cantero, médico, artista y empresario de Trinidad, impulsor de la industria azucarera y del ferrocarril a vapor cuando el azúcar llegaba en tren.

Las piezas de historia natural, por Antonio Parra

El primer libro científico publicado en Cuba nos traslada al siglo XVIII. Bajo el extenso título Descripción de diferentes piezas de historia natural: las mas del ramo marítimo, representadas en 75 láminas, su autor, Antonio Parra y Collado, describe con detalle a animales. Los grabados calcográficos representan a diferentes tipos de peces, crustáceos o algas, y fueron realizados por su hijo Manuel Alonso a la temprana edad de 16 años.

El libro cuenta con adornos tipográficos en la portada y a lo largo del texto. Parra, un naturalista de origen portugués, llegó a Cuba como soldado de infantería, pero se quedó en la isla para dedicarse al estudio de la flora y la fauna cubanas y al coleccionismo, especialmente de plantas. La recolección de semillas y plantas se impulsaba desde la Península, que organizaba expediciones científicas para su estudio y para intentar aclimatarlas allí, tarea que tenía encomendada el Real Jardín Botánico.

Carta náutica de La Habana

Se trata de una carta náutica manuscrita a color de la ciudad de La Habana titulada Ynscripcion Idrografica de el Gran Puerto y Ciudad de La Havana en la parte del N. de la Isla de Cuba en los 23 G. 10 M. de Latitud, realizada por D. Raphael Vielsa en Henero de 1743.

Confeccionada a escala aproximada de 1:12.000 representa una ciudad amurallada con el trazado de sus calles y plazas en estructura reticular, así como las plantas de fuertes, baluartes y otras edificaciones situadas en los alrededores. Aporta información sobre el fondo marino y los materiales que lo componen, de gran importancia para el acercamiento de los barcos.

La ciudad de La Habana, fundada en el primer cuarto del s. XVI, es fruto de la política urbanística de la corona española plasmada en Ordenanzas de Descubrimiento, Nuevas Poblaciones y Pacificaciones que dictó Felipe II en 1573. Sin embargo, en La Habana no domina el planteamiento urbanístico puramente especulativo, sino que, adaptada a las irregularidades del terreno, obedece también a objetivos prácticos de tipo defensivo: la mayor visibilidad y posibilidad de movimientos rápidos para reforzar los ingresos a la ciudad amenazados.

Tiene una típica estructura reticulada, de crecimiento centrífugo, muy diferente a las ciudades europeas con calles rectilíneas. Su estructura ortogonal supone la realización en las ciudades americanas de una planificación renacentista que en Europa no pasó de lo puramente teórico.

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