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Fundación MAPFRE presenta la exposición Boldini y la pintura española a finales del siglo XIX. El espíritu de una época. La exposición presenta, por un lado, la obra de Giovanni Boldini de manera monográfica por primera vez en España y, por otro lado, establece un diálogo con la obra de distintos artistas españoles de su época como Mariano Fortuny, Eduardo Zamacois o Raimundo de Madrazo.

En El tiempo recobrado, el último volumen de En Busca del tiempo perdido, Marcel Proust señalaba: “El pasado no es un tiempo perdido, es un tiempo que puede ser recobrado a través de la literatura y el arte”. Así lo muestran también las pinturas que aquí se reúnen. Las obras de Giovanni Boldini, junto a las de Mariano Fortuny, Eduardo Zamacois o Raimundo de Madrazo, por citar sólo algunos nombres, expresan un tiempo que “ya fue”, pero que sin embargo nos resulta tremendamente familiar, quizá porque, más que una “circunstancia concreta”, reflejan el espíritu de toda una época.

La exposición muestra por primera vez en España la obra del pintor Giovanni Boldini (Ferrara 1842 – París 1931), el más importante y prolífico de los artistas italianos que viven en París en la segunda mitad del siglo XIX; junto a ella, se han reunido también, piezas de algunos de los pintores españoles que se encontraban en la capital francesa en el mismo período y que mantienen a través de su obra, un diálogo con la del ferrarés. La influencia de Mariano Fortuny y las escenas de carácter dieciochesco sobre el trabajo del italiano es una las conexiones, pero no la única: El gusto por la pintura de género con escenas amables y anecdóticas; el interés por el discurrir de la ciudad moderna; el disfrute del paisaje y, sobre todo, las ideas compartidas sobre la renovación del género del retrato, son aspectos que hacen que la pintura de uno y otros caminen de la mano en este cambio de siglo.

Instalado en París desde 1871, Boldini fue conocido como uno de los primeros pintores de Montmartre, aquel barrio que se convertiría pronto en lugar de residencia de gran parte de la bohemia tanto nacional como internacional; así queda reflejado en pinturas como Place de Clichy, lugar que también representaron artistas tan destacados como Signac, Van Gogh, Degas, Renoir, Ramón Casas o León Garrido. A pesar de coincidir en fechas con el nacimiento del impresionismo, la llegada a París del artista italiano no cambió su manera de pintar, un estilo único que mantendrá a lo largo de toda su vida, basado en la intuición del instante y el movimiento, reflejado con rápidas pinceladas, pero sin perder nunca de vista la figura y la expresión del retratado. Apodado “The Little Italian” por la alta sociedad británica, dedicó cada instante de su vida a construir su imagen profesional, pues quería vivir dignamente de su trabajo y no ser “ni siervo, ni cortesano, ni bufón, ni ser considerado un artista loco”, un planteamiento muy moderno y la antítesis de la figura del artista típico del siglo XIX. Se trata de un punto de vista que Boldini comparte con otros pintores españoles como Mariano Fortuny, Raimundo de Madrazo o Román Ribera, así como con Joaquín Sorolla o Ignacio Zuloaga, por citar solo algunos.

Todos ellos reflejaron, a través de su obra y su modo de vida, una imagen de sí mismos que se aleja de la del pintor bohemio por antonomasia. Integrados en la sociedad parisina cosmopolita de su tiempo, trabajaron para los grandes marchantes de arte de la época como Adolphe Goupil, el francés que se encargó, entre 1827 y 1920, de transformar el poder de la imagen durante este fin de siglo a través de la venta de cuadros en pequeño y medio formato con escenas amables, a menudo pintorescas, que hacen las delicias de la burguesía, la nueva clase en alza. Además, las obras de estos artistas formaron parte de algunas de las colecciones más importantes a nivel internacional, como fue el caso de la del norteamericano William Hood Stewart, quien, tras su muerte, contaba en su inventario con piezas de pintores como Meissonier, Gèrome o Corot junto a otras de Mariano Fortuny, Raimundo de Madrazo, Martín Rico, Eduardo Zamacois, Román Ribera o Giovanni Boldini, entre muchas otras.

Si por un lado Boldini acudió a la llamada del espíritu español y el exotismo orientalista, con obras en las que las figuras aparecen vestidas con trajes folclóricos españoles o tocando una serenata con guitarras; por otra parte, también participó en la creación del “retrato-icono” propio de la Belle Époque, imponiendo en el género del retrato galante una nueva sensibilidad que también se instaló en las pinturas de importantes artistas españoles. Junto con John Singer Sargent y James Abbott McNeill Whistler, Giovanni Boldini, Joaquín Sorolla e Ignacio Zuloaga se convierten en los retratistas más importantes de la Belle Époque, creadores, en definitiva, de una extensa galería de retratos que nos permite entender la esencia de un período que llegará a su fin con la Primera Guerra Mundial.

Fechas: 19 de septiembre de 2019 al 12 de enero de 2020
Lugar: Fundación MAPFRE Sala Recoletos (Paseo de Recoletos, 23. Madrid)
Comisarias: Francesca Dini y Leyre Bozal Chamorro

Imagen: Giovanni Boldini
Cléo de Mérode, 1901
Óleo sobre lienzo
Colección particular

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