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El Museo Reina Sofía ha presentado la retrospectiva de las piezas cinematográficas de Josep Renau (Valencia, 1907-Berlín Este, RDA, 1982) que bajo el título de Renau, cineasta comienza mañana miércoles y se prolongará hasta el 28 de junio. Pocas personalidades han sido tan relevantes para las vanguardias históricas y la cultura española del siglo XX como este artista. Sin embargo, su producción cinematográfica, central en los años del exilio, ha permanecido en el olvido, motivo por el cual esta iniciativa supone el primer reconocimiento y la recuperación histórica de esta importante parte de su legado.

El ciclo aborda los cortometrajes realizados en su primera etapa en México para el productor Manuel Barbachano Ponce. Renau, que experimentó en esas películas con la imagen en movimiento, acuñó entonces el concepto de “film gráfico” para describir su aproximación a un tipo de cine de animación con el que daba vida a sus ilustraciones políticas. También se incluyen los trabajos que creó para la industria audiovisual de Alemania del Este, donde se trasladó en 1958, como las tempranas Zeitgezeichnet (1958), comentarios caricaturescos sobre temas del presente político, que transforman el género del noticiario, y su “film gráfico” inconcluso Petrograd 1917 (Lenin Poem). El ciclo se cierra con el documental Josep Renau. El arte en peligro (Eva Vizcarra y Rafael Casañ, 2018), la aproximación audiovisual más completa hasta el momento en torno a su figura.

La producción cinematográfica de Josep Renau ha aparecido siempre como una curiosa nota al pie en los estudios que se le han dedicado. Por ello, y porque no terminó algunas obras y otras desaparecieron, en la actualidad sigue siendo difícil establecer una filmografía razonada de este autor. Pero las pocas películas suyas que nos han llegado constituyen, al igual que su obra gráfica, un crisol de sus preocupaciones políticas, éticas y estéticas, al que conviene prestar atención. Desde la perspectiva actual, estos filmes se revelan coherentes con su pensamiento artístico y político: por una parte, entroncan con el imaginario revolucionario de mediados de siglo y funcionan como denuncia social y contrapeso estético; por otra, el uso de un medio de comunicación de masas, como el cine dibujado, facilitó la difusión de los ideales políticos, a la vez que se alejaba de la idea de obra única, adquirida y coleccionada, que Renau rechazó siempre.

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