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El artista Roberto González Fernández expone en el Museo Lázaro Galdiano sesenta piezas de su serie W-DV, realizadas entre 2015 y 2018. La muestra, titulada #MeGustaMuseoLazaro, establece una comunicación directa entre el grupo de personajes representados y el espectador, remitiéndonos a una tradición figurativa antigua hoy casi perdida.

Desde la Prehistoria, el ser humano ha sentido la imperiosa necesidad no solo de representar a través de la pintura o la escultura el mundo que le rodeaba, sino de utilizar esa capacidad como un singular medio de comunicación. Desde las culturas mesopotámica y egipcia hasta nuestros días, se podrían encontrar infinidad de ejemplos donde un hombre o una mujer se dirige al espectador, ya sea para revelar un secreto, comunicar un sentimiento o advertir de un peligro.

Ahí están los pantocrátores de las iglesias bizantinas que imponían temor y obediencia, pero también esos retratos funerarios de El Fayum que servían como carta de presentación –intermediarios entre los difuntos y los dioses– o esos retratos tan enigmáticos y cargados de simbolismo, como los que realizó Holbein el Joven. Esa tradición ha pervivido de forma ininterrumpida hasta los siglos XIX y XX, cuando los avances tecnológicos y otras nuevas formas de representar la realidad permitieron novedosos tipos de comunicación, relegando a un segundo plano ese vínculo mágico, esa ilusión que solo ofrecía la pintura figurativa.

Ya en el siglo XXI, RGF (Roberto González Fernández) quiere rendir un homenaje a esa antigua forma de hacer con su proyecto #MeGustaMuseoLazaro.

Se trata de una obra compuesta por sesenta piezas de su serie W-DV, realizada entre 2015 y 2018. A través de estos retratos, pintados siguiendo estrictos cánones realistas, vuelve a establecer una comunicación directa entre ese grupo de personajes representados y el espectador, como lo hubiese hecho el mismo Holbein. La comunicación se establece a través del conjunto de miradas, pero también de manera individual. Todos ellos aparecen tapándose el rostro con sus manos haciendo una W que cada uno dibuja de forma personal. El mensaje que tratan de transmitir es similar, pero aportando en cada caso distintos matices. Si por un lado enfatizan el papel preponderante de la red informática mundial –la omnipresente WWW–, por otro, nos recuerdan la necesidad que tenemos de seguir estableciendo otro tipo de relaciones, íntimas y cercanas, mucho más relacionadas con nuestros cinco sentidos. Todo ello queda magnificado a través de la repetición del gesto que realizan sesenta personas distintas.

Por otra parte, como sucedía en las iglesias, los palacios o las tumbas, RGF desea volver a entablar una relación especial entre la obra y el espacio en el que se encuentra. En este caso, estos sesenta personajes no solo establecen una comunicación virtual con el espectador, sino que desarrollan un diálogo con la institución donde temporalmente se ubican, siendo capaces de transmitir opiniones y sensaciones sobre lo que experimentan, eso sí, lo hacen a través de tuits añadiendo #MeGustaMuseoLazaro. De manera similar a lo que ocurría en la película “La rosa púrpura del Cairo”, donde Woody Allen permitía a sus personajes salir de la pantalla, RGF da la oportunidad a sus modelos de dejar el lienzo y ponerse a escribir, en su ordenador portátil o en su smartphone, sobre lo que piensan de su experiencia en el Museo Lázaro Galdiano, donde hay más de un ejemplo de esos retratos que han servido de inspiración a RGF.

Del 15 de marzo al 16 de junio de 2019;
Visita incluida con la entrada al Museo (entrada general 7 €);
Museo Lázaro Galdiano (sala Arte Invitado). Calle Serrano 122 (Madrid);
De martes a sábado: de 10 a 16:30 horas. Domingo hasta las 15 h;
Visitas guiadas gratuitas
Javier Mazorra, comisario de la exposición, explicará el proyecto #MeGustaMuseoLazaro.

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