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Pasados unos días de la inauguración de TOMORROWLAND en Zapadores Ciudad del Arte en Madrid, dentro del programa ARCO VIP 2019 y en medio de una semana del arte ciertamente frenética, el artista Alfredo Bikondoa habla sobre el sentido y el alcance de esta propuesta.

Andrés Isaac Santana, crítico y curador de la muestra

P – ¿Cómo y por qué surge Tomorrowland?

R – Un proyecto se comienza, generalmente, como una suerte de regalo. A menudo llegamos a él a través de una serendipia: un encuentro inesperado, un accidente afortunado. En este caso, aquél que nos reunió a ti y a mi.

Tras tu propuesta, el siguiente paso fue conocer el lugar donde iba a ser presentado, en este caso el museo Zapadores Ciudad del Arte, en Madrid. Una vez embriagado por la singularidad del espacio, la obra, que ya habitaba en mí, exigía ser.

Tomorrowland, la tierra del mañana, surge como un canto a la esperanza, que más allá del amor y del odio trasciende a ambos, poniendo de relieve nuestra propia contradicción.

Tomorrowland es la expresión de una ironía que expone un mundo, una tierra ideal que nunca ha existido frente al mundo real, sumido en la corrupción, el genocidio, la ambición, el vicio, la violencia, la mentira y la falta de honestidad, una guerraCONTÍNUA, como la brillante instalación de la artista Aimée Joaristi, que también se presenta en Zapadores.

P – Alfredo, a juzgar por el interés suscitado en el público y a tenor del amplio ramillete de lecturas (e interpretaciones) de esta gran instalación, queda claro que resulta difícil al artista controlar los sentidos “primeros” y “últimos” de cada obra. ¿Qué opinión te merece esta realidad del arte y de sus mecanismos de recepción y de interlocución?

R – Las obras de arte, al igual que los cuentos de hadas, tienen distintos niveles de interpretación. Éstas se completan en el inconsciente del espectador y su infinitud sorprende al propio autor. El artista tan sólo es un vehículo de transmisión de algo superior a él mismo. Una gran obra tiene que poseer centro magnético y posibilitar contener y abrazar toda clase de interpretaciones, así como la vida misma.

Una obra explícita, que lo cuenta todo, es una obra muerta. Hay obras que nacen y mueren es sí mismas, no transmitiendo nada. He ahí la diferencia entre artesano y creador, como bien lo describe el cuento de Pinocho, Geppetto es un artesano que crea el muñeco de madera, que en el transcurso del cuento y tras un proceso espiritual, éste se transforma en un niño de carne y hueso. Una alegoría de la búsqueda del ser humano, de su sí mismo, de su verdadera identidad.

P – Tomorrowland ¿se plantea como una instalación que nace y muere en Zapadores o, por el contrario, se piensa como un proyecto sujeto a un modelo de posibles itinerancias y diálogos con otros contextos de actuación y de recepción?

R – Como los grandes proyectos, Tomorrowland está destinado a ir creciendo y tendrá vida propia. De marcado carácter poliédrico y camaleónico, posee infinitud de posibilidades “instalativas”. Su genealogía universal le permite la adaptación y transformación como para ser acogida en multitud de escenarios y generar un sinfín de diálogos.
Imparable, Tomorrowland se abrirá camino…

P – En el próximo mes de abril presentaremos otra gran pieza tuya en la XIII edición de la Bienal de La Habana, dentro del proyecto Detrás del muro, en el malecón habanero. ¿Has pensado, por ejemplo, lo que supondría llevar a Cuba esta pieza o exponerla en otros ámbitos culturales en los que la relación con la “tenencia”, la “propiedad” o la “precariedad”, resultan si acaso más conflictiva?

R – Efectivamente tengo el honor de participar, bajo tu comisariado, en una de las grandes bienales internacionales y dentro de un gran proyecto, como lo es “Detrás del muro”, excepcionalmente dirigido por Juanito Delgado. En ese incomparable contexto del malecón de La Habana, se emplazará la obra “La palabra”, perteneciente a la serie “El camino directo a la verdad”. Casualmente, o mejor dicho causalmente, en estos días he “tropezado” con un titular de la genial Patti Smith que decía: “La palabra es y ha sido el arma más hermosa del mundo”.

Pero ciñéndome a tu pregunta, he de decirte que sí, claro que lo he pensado. Tomorrowland hubiese sido otra propuesta muy indicada para Detrás del muro, que además este año se subtitula “La construcción de lo posible”. Tenencia, propiedad, precariedad…son cuestiones que nos inquietan e interpelan a todos. En estos días, en Zapadores hemos tenido la sorprendente visita de la escritora Lucía Etxebarría, que nos dedicó unas palabras en un vídeo que realizó dentro de la instalación. Lo lanzó a las redes exponiendo: “Todos queremos una casa”. Agradeciendo su difusión y sus palabras, yo más bien diría que “todos necesitamos una casa”. Una casa entendida como una extensión de nosotros mismos. Sí, nuestro cuerpo es nuestro propio santo grial, y la epidermis no es la frontera. Todo el mundo desde el Neanderthal a nuestros días, necesita su cueva, su jaima, su casa. Casa, símbolo universal, desde Altamira al New York de hoy día; desde la casa de cartón al Empire State. Es un derecho que adquirimos al nacer, somos hijos del mundo y éste nos debe su protección. Es nuestro por derecho propio y destino. Nada ni nadie nos lo puede usurpar, en cuyo caso es nuestro deber y derecho, apelar, despertar al guerrero que albergamos en nuestro corazón y ponerlo a trabajar, con determinación a muerte.

P – Me gustaría, por último, interpelarte (si me permites) respecto de un asunto relacionado con el sentido, el alcance y la dimensión de esta obra ¿Dónde comienzan y mueren los límites de lo poético y los de la denuncia social? ¿Tomorrowland debe entenderse como una puesta en escena cargada de escepticismo y acidez respecto de los mecanismos sociales o puede, también, y al contrario, leerse como un canto esperanzador?

R – En el mundo del arte los límites no han de existir. En Tomorrowland, lo poético y la denuncia social son dos aspectos diferenciados del mismo asunto, dicho de otra manera, se engendran mutuamente.

Tomorrowland, la tierra del mañana, es la impecabilidad, la superación del dilema que constantemente se nos plantea, recuperación de la respiración consciente, tratar con lo que existe, aprender a distinguir entre lo real y lo irreal. No buscarse a sí mismo, fuera de nosotros mismos, en asuntos que no tienen numen. Es el hogar entendido como centro magnético.

La expo/instalación del artista vasco Alfredo Bikondoa, se completa en este ocasión con tres piezas objetuales tituladas La casa secuestrada, Samsara y Cinderella, respectivamente, éstas sumadas a seis piezas pictóricas de la serie Moradas dialogan magníficamente con la instalación interpelando al público. El vídeo realizado exprofeso y que forma parte integra de la instalación, dirigido por el propio artista, ha sido protagonizado por Erika Bikondoa y la realización técnica y edición ha sido a cargo de Ricardo Iriarte y Oier Villar de La cornisa que cae, y grabado en Larrotxene Kultur Etxea, Intxaurrondo, San Sebastián. (Andrés Isaac Santana)

Datos de interés:
Tomorrowland de Alfredo Bikondoa
Lugar: Museo Zapadores Ciudad del Arte (c/ Antonio de Cabezón, 70, Madrid)
Fecha: del 25 de febrero al 17 de marzo 2019

Alfredo Bikondoa http://www.bikondoa.com/
Entrevista Andrés Isaac Santana
Fotografías Gonzalo Ayarra

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