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El Espacio Fundación Telefónica acoge hasta el 19 de mayo en la planta tercera la exposición “Nasca. Buscando huellas en el desierto”. Se trata de la muestra más completa vista en España sobre una de las culturas más enigmáticas del antiguo Perú por su llamativa cerámica, finos tejidos, tecnología hidráulica y sus impresionantes y misteriosos geoglifos, y que continúa siendo motivo de debate científico dos mil años después.

Organizada por el Museo de Arte de Lima y el Museo Rietberg de Zúrich, en colaboración con el Bundeskhunsthalle de Bonn y Fundación Telefónica y en cooperación científica con el Instituto Arqueológico Alemán y la Fundación Suiza-Liechtenstein para Investigaciones Arqueológicas en el Extranjero (SLSA), la exposición supone una oportunidad única para conocer de cerca la naturaleza y significado de esta enigmática cultura a través de piezas de enorme relevancia.

Comisariada por Cecilia Pardo, arqueóloga y subdirectora del museo MALI de Perú, y Peter Fux, curador del Museo Rietberg de Zúrich y arqueólogo en activo en el yacimiento de Nazca, el objetivo de esta muestra es precisamente proporcionar a los visitantes esa experiencia irrepetible: conocer por primera vez en España una selección de cerca de trescientas piezas –cerámicas, tejidos y obras de metal– que se presentan junto a novedosos recursos tecnológicos –vídeos, proyecciones, animaciones, composiciones musicales, mappings, realidad virtual y simulaciones en tres dimensiones obtenidas con drones que han sobrevolado la región–. En opinión de los comisarios, el visitante vivirá una experiencia única gracias a un nuevo modo de entender la museografía que pone su énfasis no solo en la exhibición de piezas de extraordinario valor, sino en la divulgación a través de los recursos digitales.

Según Cecilia Pardo y Peter Fux, estos objetos arrojan mucha información sobre las sociedades prehispánicas, cómo pensaban, su organización social, sus rituales y ceremonias, y en concreto iluminan uno de los grandes enigmas de los nasca: cómo fueron capaces de sobrevivir en un desierto tan árido y desarrollar una sociedad agrícola y marítima. “Las valiosas piezas de la exposición remiten a una simbología que tiene que ver con la naturaleza: los nasca creían en unos dioses a quienes pedían benevolencia para poder subsistir en aquellas condiciones extremas”, explica Pardo. Además, la exposición recoge el resultado de las investigaciones de los arqueólogos Markus Reindel y Johny Isla para el proyecto Nasca-Palpa. El visitante también podrá admirar valiosos objetos de Cahuachi especialmente traídos para esta exposición y el contenido de tres fardos funerarios, procedentes de la Necrópolis de Wari Kayan.

Del paisaje sagrado a la transición entre la vida y la muerte

La muestra comienza con el paisaje sagrado de las pampas de Nazca y Palpa. Este es uno de los lugares más áridos del planeta que presenta un rasgo particular que la diferencia de otros paisajes andinos. Se trata de un territorio definido por una cadena montañosa que impide el paso de los materiales que descienden por los ríos desde los Andes. El material estancado, formado por piedras pequeñas y sedimentos más finos, se acumuló durante miles de años, hasta formar kilómetros de pampas, sobre las que se trazaron los famosos geoglifos, que significa “grabados en la tierra”. En el lugar se han encontrado evidencias de actividad humana como cerámica, ofrendas y restos de posibles techados, que revelan un espacio vivo a donde recurrían los pobladores para rendir culto a sus dioses en la permanente búsqueda de agua y fertilidad, como muestra una de las piezas, “Escena de peregrinaje”.

Sobre una superficie de más de 500 km2, los antiguos pobladores de Nazca transformaron un terreno pedregoso en un espacio ritual definido por miles de líneas y figuras que por las condiciones climáticas se han conservado hasta nuestros días. Los geoglifos se forman fundamentalmente a través del contraste de colores, que se produce debido a la composición geológica de las pampas. El viento fue despejando gradualmente la arena de la superficie, dejando una espesa capa de piedras pequeñas que, debido a procesos de oxidación, fue adquiriendo un tono oscuro. Para elaborar un geoglifo, bastaba entonces con retirar esta capa, extrayendo manualmente las piedras y dejando a la vista el sedimento claro y arenoso que se encontraba debajo.

Los nasca representaron imágenes inspiradas en su entorno no solo como una celebración de la naturaleza, sino también para simbolizar las fuerzas sobrenaturales que –según sus creencias– afectaban la vida de los hombres. Por ejemplo, la cerámica presenta motivos de aves, seres marinos, frutos, escenas de agricultura y pesca, pero también seres híbridos, personajes sobrenaturales que pertenecen a un mundo paralelo. Tal es el caso de la pieza “Representación escultórica de una planta de maíz”. Las diferentes representaciones del ser mítico antropomorfo, las batallas, la caza de cabezas trofeo, los ancestros y los apéndices serpentiformes ilustran mitos y rituales que se materializan en objetos con el objetivo de perpetuarlos, invocar el poder divino y asegurar así la supervivencia humana en la tierra. El “Tambor con diseño iconográfico complejo” remite precisamente a esta relación con los dioses.

Cahuachi se ubica en la margen izquierda del río Nazca y cubre un área de veinticuatro kilómetros cuadrados. Aunque sus primeras estructuras datan del quinto milenio a.C., se desarrolló como un centro político-religioso solo a partir de la fase Paracas Tardío (400 -200 a.C.). “El manto con diseño de cóndores”, una de las piezas más destacadas, es ejemplo de la transición entre los paracas y los nasca. Desde Cahuachi se controlaba la distribución del agua obtenida de las galerías filtrantes y existen evidencias de que ahí se iniciaban los caminos que llevaban hacia la zona ceremonial de los geoglifos.

Por otro lado, su localización entre los Andes y el Océano Pacífico le permitió jugar un papel estratégico en las relaciones con las comunidades de la sierra y del litoral. El apogeo de Cahuachi habría concluido hacia el 400 d.C., posiblemente a causa de dos aluviones y un gran terremoto, cambios drásticos que habrían generado una reorganización de la sociedad. Una de las piezas estrella de esta sección es el “Vestido con aves pintadas”.

Actividades paralelas: Concurso de “instagramers” y talleres

En paralelo se llevarán a cabo actividades gratuitas para público escolar, general, adolescentes, adultos, familias y talleres intergeneracionales. Se celebrarán talleres como “Sobre el terreno” o El secreto de las imágenes” para Educación Primaria o un “Taller de Pixilación” para adolescentes, así como talleres para familias como “Descifrando a los Nasca”, “Cazador de líneas” y el taller musical “La táctica del colibrí”, entre otros. También se han programado dos talleres intergeneracionales: “Motivos para inspirarse, “¿Quién quiere extinguirse? El juego de las civilizaciones”. Como es habitual, para el público general habrá visitas comentadas de entrada libre los martes a las 10:30 y 17 horas, los jueves a las 10:30, 12 y 17 horas y los sábados a las 10:30.

Además, se celebrará un concurso en Instagram que invita a los usuarios a buscar, crear y compartir imágenes inspiradas en estas huellas del pasado, líneas “impresas” en el paisaje actual que conviertan, envuelvan o transformen nuestra mirada de la vida cotidiana. Para participar, el usuario tiene que publicar la imagen en Instagram con el #NascaLinesEverywhere desde el 11 hasta el 28 de febrero incluidos. Las 50 mejores imágenes recibidas se podrán contemplar en la Instagramers Gallery del Espacio Fundación Telefónica a partir del 11 de marzo.

“Nasca. Buscando huellas en el desierto”, enmarcada en ARCOMadrid 2019, cuyo país invitado es Perú, podrá verse del 22 de febrero al 19 de mayo en la planta 3

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