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La Navidad es una celebración cargada de espiritualidad y simbolismo que alcanza todos los rincones del mundo. También, por supuesto, a un país singular de Oriente Medio como es Egipto. ¿O es que alguien ha olvidado que la Virgen María y San José huyeron con Jesús recién nacido a Egipto para escapar del cruel Herodes?

Actualmente, son pocos los cristianos coptos que celebran la Navidad en Egipto. No llega al 20% el porcentaje de la población que profesa esta religión. Aunque no son exageradas, sí que hay diferencias entre Oriente y Occidente a la hora de festejar las Navidades. Aún siendo practicantes de una misma religión, se observan matices llamativos que difieren de la tradición europea.

Navidad en Oriente

El ayuno de carne procedente de animal precede al nacimiento de Jesús. Durante cuarenta días no se consumen estos alimentos para, llegado el día 7 de enero, disfrutar de los manjares exquisitos que se han ido preparando durante la Cuaresma. A diferencia de los europeos, los egipcios atribuyen a este día la fecha del nacimiento de Jesús. Para celebrar la llegada al mundo del Mesías, todos se reúnen en una misa en la que deben estrenar ropa y en la que las mujeres pueden lucir ropa colorida, siempre y cuando haya caído el sol.

EL 7 de enero es el pistoletazo de salida que da comienzo a la Navidad en Oriente. Los hogares se decoran con esmero, se coloca el árbol… todo el ritual que en Europa termina justo ese día, en Egipto comienza. La gran diferencia radica en esto y en que toda la decoración la adquieren en mercadillos cuyas ganancias son destinadas a obras benéficas. Es una época en la que se vive por y para los demás, unos días en los que la vida gira en torno a la religión, a compartir y ayudar a los más necesitados por encima de cualquier otra cosa.

En consecuencia, no hay regalos. Todo lo que se compra es ropa y enseres para los más necesitados. Y mientras durante la temporada de ayuno los hornos de las casas no dejan de producir pastitas de mantequilla y azúcar para ser degustadas con los vecinos.

El menú de Navidad

Al otro lado del Mediterráneo, el menú navideño es completamente distinto al occidental. Tras la Cuaresma, que se sigue a rajatabla, hay que recuperar poco a poco la normalidad. El primer alimento que se toma es un caldo de arroz preparado con mucho cariño durante esos días en los que no pueden consumir carne procedente de animales y que llaman Tarbeia. Otro de los manjares que se sirven en la mesa es el Fata, cocinado a base de carne, pan, ajo y arroz. El cordero suele reinar en los fogones de todo Oriente Medio.

Ruta de la Sagrada Familia

Pocas personas desconocerán que la Sagrada Familia, cuando el Niño Jesús acababa de nacer, vivió en Egipto durante casi cuatro años. Según fuentes históricas, antiguamente existían tres caminos a seguir desde Palestina a Egipto, pero la Sagrada Familia no eligió ninguno de ellos. Caminó de Belén a Gaza, y realizó su primera parada en El-Farma, ciudad destruida del Antiguo Egipto, situada en la península del Sinaí. A 80 kilómetros al noroeste de El Cairo, la segunda parada fue Tel Basta, donde Jesucristo hizo brotar un manantial de agua y donde fue perseguido.

En su huida hacia el sur, la familia llegó al pueblo de Mostorod, a tan sólo 10 kilómetros de la capital egipcia, que más tarde pasó a llamarse Al-Mahamma. Siguieron hasta el pueblo de Belbeis, a 55 kilómetros de El Cairo, donde se dice que la Virgen y el Niño descansaron bajo un árbol, conocido desde entonces con el nombre de “el Árbol de la Virgen María”. Desde Belbeis partieron por el noroeste hacia Minyet Samannud, donde cruzaron El Nilo hacia Samannud.

La Sagrada Familia alcanzó el pueblo de Sakha, localidad en la que se encuentra la huella de la pisada de Jesús marcada en una roca, para después dirigirse hacia Wadi Natrun, lugar bendecido por Jesucristo y su madre. Tras abandonar el desierto pusieron rumbo hacia el sur, con destino a la ciudad de El Cairo, cruzando el río Nilo hacia el este y dirigiéndose a la zona de Matariah y Ain Shams. Esta ruta todavía hoy en día es posible realizarla.

SOBRE EL DESTINO EGIPTO

El Gobierno egipcio apuesta firmemente por el turismo, sabedor de su importancia para la economía del país. El espectacular patrimonio histórico y cultural que atesora Egipto, con 5.000 años de antigüedad, lo convierten en un país cautivador para los viajeros de cualquier procedencia. Por sus fondos marinos y su litoral, Egipto es también un codiciado destino para los amantes del submarinismo y los deportes náuticos en general.

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