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Ámsterdam, 1631. Sara de Vos se convierte en la primera mujer en ser admitida como maestra pintora de la Guilda de San Lucas. Aunque a las mujeres no se les permite pintar paisajes, después de un trágico suceso, la imagen de una niña en un bosque obsesiona a Sara. Desafiando las convenciones de su tiempo, decide pintarla.

Nueva York, 1957. La única obra de Sara de Vos que ha sobrevivido, En el linde de un bosque, pertenece al prestigioso abogado Marty de Groot. Este no puede sospechar que Ellie Shipley, una estudiante australiana de historia del arte, está a punto de realizar una falsificación para un marchante de arte con mala fama.

Sídney, 2000.Ellie es una reconocida historiadora del arte, y está organizando una exposición dedicada a las pintoras del Siglo de Oro holandés. Cuando descubre que los dos cuadros de Sara de Vos, el original y su falsificación, están de camino al museo, la vida que ha logrado forjar con tanto esfuerzo amenaza con desplomarse.

Dominic Smith

Dominic Smith creció en Sídney, Australia, y ahora vive en Austin, Texas. La última pintura de Sara de Vos apareció en las listas del New York Times Bestsellers, del New York Times Book Review Editor’s Choice y de Amazon Editors’ Top Pick. Es profesor de narrativa en el Warren Wilson MFA Program y ha dado clases en la Universidad de Texas, en Austin.

“Enamorarse de un cuadro y descubrir que es una falsificación es una traición muy personal.”

¿Real o ficticio? ¿Original o copia? ¿Pintora o impostora?

Estos son los interrogantes entorno a los cuales gira La última pintura de Sara de Vos, la novela de Dominic Smith que ocupa este año el lugar de Libro del Año de Ediciones Maeva. La falsificación es uno de los hilos conductores de esta novela histórica y uno de los temas principales en las entrevistas del autor.

Para aquellos lectores que aún no hayan leído tu novela, ¿podrías describir el cuadro al que se alude en el título?

Faltaría más. La novela gira alrededor de un cuadro holandés del siglo XVII, En el linde de un bosque, pintado por Sara de Vos, la primera mujer que fue admitida en el gremio de San Lucas. Lo pintó en un momento de pérdida en su vida; no hago ningún spoiler si digo que ha perdido a su hija, y que el cuadro es una especie de tributo. Me interesaba dar vueltas a la forma en que el significado de una obra de arte cambia con el tiempo, así que saltamos al Nueva York de los años 50 del siglo XX, donde conocemos a Marty de Groot, un adinerado abogado de Manhattan que tiene ese cuadro colgado sobre su cama. Lo heredó de su familia. Le roban el cuadro, pero mientras lo tiene colgado en su habitación, se encuentra en un matrimonio infeliz y sin hijos y desconoce por completo, más allá de lo que se ve en el cuadro, las circunstancias de Sara de Vos. Pero el paisaje extraño del cuadro, que muestra a una niña contemplando un río helado, le da una especie de consuelo. La niña del cuadro va descalza, y parece muy diferente a la gente que patina sobre el hielo del río, que parece estar pasándolo de fábula. Y así llegamos al tercer hilo narrativo, el de Ellie Shipley. Lo que ella ve en el cuadro es el virtuosismo de la mano del pintor. Hay algo en la pintura que pone en cuestión todo cuanto ella esperaría encontrar en un cuadro pintado por una mujer de esa época. Y en el cuadro Ellie encuentra una suerte de inspiración para su propia carrera. Para mí, la piedra de toque de la novela era el paisaje en el centro, con los tres hilos narrativos girando a su alrededor.

La novela también reflexiona sobre las posibilidades trascendentales del arte.

Sí, y creo que eso en el libro está relacionado con la falsificación. Hay, por un lado, la falsificación física, pero también hay una moral, de la que no quiero hablar mucho para no destripar la historia. Pero los holandeses crearon unas escenas muy intricadas en sus cuadros, y hoy en día podemos contemplarlas y tener la sensación de que esconden un mensaje. Pero raras veces conocemos las circunstancias en las que se pintó un cuadro, ni la cultura en la que se creó. Una de las cosas que quería explorar es cómo una falsificación, en cierto modo, da en la diana del mundo del arte de una forma fascinante, quizá por el modo en que viola la narrativa que se crea alrededor de una obra de arte. Enamorarse de un cuadro y descubrir que es una falsificación es una traición muy personal.

¿Cómo llegaste hasta el tema de la novela? Parece que la historia del arte, la restauración y la falsificación de obras de arte son tendencias en la ficción contemporánea, con El Jilguero de Donna Tartt como el ejemplo más reciente.

La verdad es que llegué al tema hará unos 15 años, cuando vivía en Amsterdam. Fue la primera vez que experimenté la edad de oro del arte holandés de cerca, y para mí los referentes de lo que era un cuadro eran Vermeer y Rembrandt, y tal vez Frans Hals. Lo que descubrí es que hay un montón de estratos perdidos del barroco holandés que la mayoría de gente desconoce. Se calcula que había 50.000 pintores en activo en la Holanda del siglo XVII, y, entre ellos, unas 25 mujeres que fueron aceptadas en el gremio de San Lucas, el mayor gremio de pintores. Apenas un puñado de cuadros de estas pintoras han llegado a nuestra época, y fue así cómo emoecé a dar vueltas a la idea de pintores perdidos del siglo de oro. Desde luego, El Jilguero es una gran novela, igual que La joven de la perla. Pero la mía es una novela muy diferente en el sentido de que realmente trata de esos pintores perdidos de la edad de oro, imaginando la vida de una artista femenina que ingresa en el gremio, y siguiendo la cronología de uno de sus cuadros a través de tres siglos y tres tramas distintos.

Editorial: MAEVA
Lengua: CASTELLANO
Año edición: 2017
ISBN: 9788417108267

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