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Una exposición llena de luz y de color.

 “Sorolla. Jardines de luz” se abre al público hasta el 5 de mayo de 2013.

Una exposición que suena al agua de las fuentes y se respira el olor a las plantas de los jardines de Sorolla.

Las obras que se exponen son de una pincelada aún más fresca de la que suele verse en otras obras del artista. Son los jardines más íntimos, de una naturalidad sorprendente en la que Sorolla muestra la madurez como artista. Sorolla pretende captar con rapidez esa luz que dura minutos, segundos. Es por esa razón que muchas de estas pinturas las realiza en una sóla sesión, algunas de menos de dos horas.

Consuelo Luca de Tena, directora del Museo Sorolla, junto a Tomás LLoréns, Blanca Pons-Sorolla y María López Fernández han presentado Sorolla. Jardines de luz que ahonda en las representaciones del propio jardín de la casa, último refugio del pintor. La exposición se compone de 56 óleos, de los cuales 24 son de colección particular, muchos de ellos nunca expuestos antes. Además se presentan dibujos, fotografías, cartas y otros documentos.

La exposición “Sorolla. Jardines de luz” se ha mostrado previamente en el Palazzo dei Diamanti (Museo de Bellas Artes) de Ferrara, Italia, y en el Palacio de Carlos V en La Alhambra (Museo de Bellas Artes de Granada). En cada una de estas sedes la exposición ha tenido un matiz distinto.

Sorolla se enfrentaba a sus últimas obras –los jardines de su casa- con la sincera esencialidad y el sobrio refinamiento de un artista pleno, que seguía reflexionando sobre las posibilidades de su pintura.

De forma paralela a los grandes encargos que acomete en esos años y, especialmente, a la decoración para la Hispanic Society de Nueva York, en Sorolla maduraba, a través de sus pinturas de jardines, una poética del silencio y la intimidad, con sorprendentes concomitancias con la sensibilidad simbolista/modernista de su tiempo.

En Andalucía, había descubierto una riqueza sobria, llena de poesía, que se plasmaba en los pequeños rincones, en el rumor del agua de una fuente y en el silencio de los patios bañados por el sol. La experiencia andaluza había calado en él de modo tan profundo, que había remodelado la poética y el estilo de sus últimos años. Su jardín, construido en esos mismos momentos, actuaba entonces como transmisor y amplificador de esta metamorfosis.

La exposición presenta, por primera vez, la relevancia de este proceso de introspección y esencialidad que se produce en los jardines últimos del artista, desde su experiencia en La Alhambra hasta el jardín de la Casa Sorolla, proponiendo así un profundo enriquecimiento en la percepción de la figura del pintor.

Una exposición que suena al agua de las fuentes y se respira el olor a las plantas de los jardines de la casa de Sorolla. El actual Museo Sorolla, la casa del pintor, se construye entre 1910 y 1911, habitándola la familia a finales de este año. En su disposición Sorolla intentó separar su zona de trabajo, compuesta por tres estudios encadenados y con acceso directo desde el jardín, de la propia vivienda, que se componía de un amplio salón, un comedor y una pequeña salita en la planta principal y de cuatro dormitorios, del matrimonio y de los tres hijos, en la planta segunda alrededor de un distribuidor.

La exposición está estructurada en cuatro apartados:

Agua, patio, jardín y jardín de la casa de Sorolla

1. Agua
Nacido y criado en Valencia y su huerta, Sorolla conoce bien las voces del agua. El pintor redescubre en Andalucía su importancia dentro del patio y el jardín islámico, que experimenta en toda su esencia en La Alhambra: “La fiesta del agua puede llamarse – le escribe a su mujer, Clotilde –, a ver correr esa profusión de agua en canalillos, tazas y surtidores, es una armónica música. Esa arquitectura es música también (como tú sabes) así que para mí fue un rato delicioso, pensé mucho en ti”.

Los reflejos del agua se convierten en un motivo privilegiado de su pintura. El hecho de que ese motivo recorra también la música y la poesía española de entresiglos, desde Soledades de Machado a Jardines Lejanos de Juan Ramón Jiménez tiene, sin duda, mucho que ver en ello.

Sorolla retrata en esos años a ambos poetas y para su segundo retrato de Juan Ramón, pintado en Madrid en 1916 elige como fondo un cuadro andaluz, Patio del Rey Don Pedro, Alcázar, Sevilla, en cuyo centro se encuentra una fuente. Espejo de la naturaleza y espejo del alma, el agua pintada de esos lienzos nos abre la puerta de la nueva poética en la que Sorolla se va adentrando a partir de su encuentro con la esencia del jardín islámico.

2. Patio
Sorolla descubre pronto que la magia de Andalucía está, como él mismo escribe, “en lo pequeño, como casi todo lo oriental”.

Su creación más paradigmática es el patio, el lugar donde el cielo abierto contrasta con la penumbra de los pabellones, el lugar donde la intimidad se esencializa y se transmuta en geometría cristalina, abierta a la luz y habitada por la multiplicación del color.

3. Jardín
Sorolla pinta los jardines de los Alcázares buscando la soledad, como refugio frente al cansancio que le produce la vida social a la que le obligan los encargos oficiales. Por eso, en sus cuadros de jardines la figura humana está casi siempre ausente. Cargado de múltiples resonancias afectivas, el jardín andaluz es para él una creación homóloga a la pintura misma, un espacio construido donde las arquitecturas vegetales se conjugan con el agua, la cerámica o el mármol para atraer y regular, no sólo la luz y el color, sino también el sonido y la brisa, el escenario de una polifonía sensorial que nos seduce para llevarnos a lo más esencial de nosotros mismos.

4. Jardín de la Casa Sorolla
La lección de los patios y jardines andaluces resultará crucial para la configuración del “jardín de artista”, que Sorolla construye en su casa de Madrid. Concebido como espacio de intimidad familiar y también como fuente de inspiración para su trabajo, Sorolla dedicará sus últimos años a su creación y recreación, al tiempo que extraerá de él un caudal inagotable de motivos pictóricos.

En el proceso de realización de ese jardín no sólo copia algunos rincones concretos de los jardines sevillanos y granadinos que tan bien conoce, sino que trasplanta al centro de la meseta castellana fuentes, azulejos, columnas, estatuas, árboles frutales o plantas ornamentales apasionadamente buscadas y traídas desde Andalucía.

La lección de esencialidad, intimidad y lirismo que Sorolla había aprendido en los patios y jardines andaluces, queda así sublimada en el juego de espejos que tejen los artificios paralelos de su jardín último y su última pintura.

Organizan: Ferrara Arte S.P.A., Patronato de la Alhambra y el Generalife, Ministerio de Educación, cultura y deporte. Museo Sorolla y  Fundación Museo Sorolla
Comisarios: Tomás Lloréns, Blanca Pons-Sorolla, María López Fernández, Boye Lloréns

El catálogo de la exposición en España (Granada-Madrid) ha sido editado por Ediciones el Viso, en español e inglés.
Ensayos: – Blanca Pons-Sorolla, “Biografía de Sorolla a partir de 1902” – Maria del Mar Villafranca, “La Alhambra que visitó Sorolla” – Ana Luengo y David Ruiz, “Tiempo eterno, instantáneas fugaces” – Tomás Llorens, “Jardines últimos”
Introducciones a las secciones – Boye Llorens, “Tierra” – María López, “Agua”, “Patio”, “Jardín”  y “El jardín de Casa Sorolla”

– Datos de interés:

Museo Sorolla (General Martínez Campos, 37 – 28010 – Madrid)
Horario
De martes a sábado: de 9:30 a 20:00 h. ininterrumpido
Domingo y festivos: de 10:00 a 15:00 h.
Cerrado: todos los lunes del año, 1 de enero, 1 de mayo, 24, 25 y 31 de diciembre, y dos festivos locale

Datos de interés:

Comisarios: Tomás Lloréns, Blanca Pons-Sorolla, María López Fernández, Boye Lloréns

Consuelo Luca de Tena, directora del Museo Sorolla

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