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La relación de amistad y mecenazgo entre Murillo y Justino de Neve, canónigo de la catedral de Sevilla, es el eje de la nueva exposición que propone el Museo del Prado. Una muestra que reúne diecisiete de las más importantes pinturas del pintor español y que, en palabras de Miguel Zugaza director de la pinacoteca madrileña, es una “deliciosa ofrenda de un maestro en su plenitud”.

Comisariada por Gabriele Finaldi, director adjunto de conservación del Prado, la exposición está compuesta por obras de diversa naturaleza y formato. Encontramos pintura religiosa, cuadros devocionales, retratos, alegorías y la única miniatura que se conoce de Murillo. Además, podemos admirar piezas de gran tamaño, como la Inmaculada de los Venerables o los lunetos realizados para la Fundación de Santa María la Mayor, y obras pequeñas como las obsidianas de temática religiosa o la citada miniatura sobre cobre. “Y todas realizadas en la misma época de madurez del artista”, destaca Finaldi.

La relación entre Murillo y De Neve, que en un principio fue profesional, pero rápidamente se consolidó como una sólida amistad, dio lugar a algunas de las más importantes y bellas obras del pintor sevillano. Justino de Neve fue clave para que el artista obtuviese importantes encargos y realizada ambiciosas pinturas en las décadas de 1660 y 1670, cuando ya había alcanzado su plenitud como pintor.

El pintor y la ciudad de Sevilla
En la muestra se puede ver un excelente testimonio de algunos de los proyectos artísticos más importantes realizados en Sevilla por Murillo, y que introducen al artista en el Barroco sevillano. Algunos de ellos pertenecieron a la colección particular de Justino de Neve (gran aficionado al arte) y otros fueron encargos para algunas de las instituciones religiosas más importantes de la ciudad, como la catedral o la Iglesia de Santa María la Blanca.

La exposición se divide en cinco ámbitos: los retratos, las obras para la iglesia Santa María la Blanca de Sevilla, un conjunto de lienzos realizados para el Hospital de los Venerables, la relación de Murillo con la Catedral de Sevilla y las obras de la colección de Justino de Neve.

Dentro de los retratos, se han conseguido traer dos cuadros rara vez expuestos en España y nunca antes prestados por la National Galley. Se trata de un autorretrato del pintor y de un retrato de su mecenas y amigo. El primero es, junto al de Velázquez en Las Meninas, uno de los autorretratos de artistas más complejos y sofisticados. Se trata de un cuadro dentro del cuadro, con gran carga conceptual, que incluye elementos que aluden al carácter intelectual de la actividad artística. Por su parte, el retrato de Justino de Neve, que formaba parte de la colección particular del canónigo, da testimonio de la relación de amistad entre ambos.

Santa María la Blanca y el Hospital de los Venerables
Para la Iglesia de Santa María la Blanca, administrada por el cabildo de Sevilla, Murillo recibió varios encargos. Por un lado, los dos grandes lunetos situados bajo la cúpula, que representan los orígenes de la basílica romana. Y por otro, otros dos lunetos más pequeños, donde se representó una Inmaculada y la Eucaristía.

En el Hospital de los Venerables de Sevilla, institución creada por Justino de Neve y otras personalidades de la ciudad con el fin de cuidar y alimentar a los sacerdotes desamparados, Murillo realizó importantes intervenciones. El edificio albergó cuatro pinturas de Murillo, ninguna de las cuales permaneció en Sevilla tras la retirada de las tropas napoleónicas: La Virgen y el Niño repartiendo pan a los sacerdotes, La Inmaculada Concepción de los Venerables (que se muestra por primera vez desde 1813 con su espectacular marcho original), San Pedro penitente y el retrato de Justino de Neve.

Murillo pintó importantes obras a lo largo de su carrera para la catedral de Sevilla. Con Justino de Neve como mayordomo de fábrica, el pintor recibirá dos encargos fundamentales: la decoración de la bóveda de la Sala Capitular (en la que destaca una Inmaculada) y el gran lienzo del Bautismo de Cristo para la capilla de San Antonio.

La colección particular de De Neve
El último ámbito de la exposición se centra en la colección particular de Justino de Neve, que llegó a reunir unas ciento sesenta pinturas, una cifra considerable para no tratarse de una colección aristocrática. En el inventario figuran dieciocho obras de Murillo, entre las que estaban la Inmaculada Concepción, el retrato de Justino de Neve, pequeños cuadros devocionales sobre obsidiana, floreros y alegorías de las estaciones.

La exposición ha sido organizada por el Museo del Prado, el Hospital de los Venerables Sacerdotes de Sevilla (sede de la Fundación Focus-Abengoa, creada por Justino en 1670) y la Dulwich Picture Gallery de Londres, museo que atesora una importante colección de obra de Murillo. Tras su paso por el Prado, la muestra viajará a Sevilla y a Londres.

Irene G. Vara

Murillo & Justino de Neve
Del 26 de junio al 30 de septiembre
Museo Nacional del Prado
De lunes a sábado, de 10.00 a 20.00 horas
Domingos y festivos, de 10.00 a 19.00 horas
Entrada a la exposición (y al resto del museo), 12 euros

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