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El Museo Reina Sofía ha organizado la primera retrospectiva que se realiza sobre el artista jienense Nacho Criado (Mengíbar, 1943 – Madrid, 2010), ganador del Premio Nacional de Artes Plásticas en 2009, tras su temprana desaparición un año después.

Para este proyecto, el Museo ha destinado las dos sedes que tiene en el Parque del Retiro de Madrid (Palacio de Velázquez y Palacio de Cristal).

Bajo el título Agentes colaboradores, se presenta una completa antológica que engloba cuatro décadas de trabajo de un artista que, durante ese tiempo, utilizó una gran variedad de medios (instalación, escultura, fotografía, vídeo, arquitectura) para reflexionar acerca de conceptos como el tiempo y el devenir, el contraste entre la idea y la materia, el destino de la obra de arte dentro de una dialéctica de construcción y destrucción, o el sentido de la ruina y el desecho.

El Palacio de Velázquez ofrece una amplia visión de la trayectoria de Nacho Criado a través de 80 obras, entre las que se incluyen desde sus iniciales y sencillas producciones en madera, hasta sus monumentales y características esculturas de hierro y cristal. Además, en este espacio se mostrarán otras obras de diferente naturaleza, como fotografías, maquetas, dibujos o material audiovisual.

El Palacio de Cristal ha sido ya sede de la obra de este artista en dos ocasiones. La primera, en 1977, en la que Criado entraba en un juego paradójico entre los conceptos de autoría y anonimato, de naturaleza y arquitectura. En 1991, más de una década después, y con el título Piezas de agua y cristal, Nacho Criado presentó un nuevo conjunto de trabajos especialmente producidos para este Palacio. Ahora, Agentes colaboradores reproducirá esta segunda exposición de Criado en el mismo espacio que hace casi veinte años.

Los “agentes colaboradores” de Nacho Criado
El título de esta muestra hace referencia a la denominación que el propio Criado realizaba de aquellos “elementos naturales de acción lenta e imperceptible, como las termitas que atacan la madera, los hongos que se reproducen sobre superficies de cristal, los elementos atmosféricos, o el tiempo, en su sentido más literal y físico”, aclara Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía. El artista buscaba siempre la mínima incidencia del autor en la producción de su obra, un hecho que permitiría que estos “agentes colaboradores” fueran los encargados de completarla. De esta manera, sus piezas se mantendrían como un elemento vivo; finito como objeto, pero inacabado en cuanto obra de arte.

En muchas ocasiones estas piezas han sido definidas como “minimalistas”, pero el artista renunciaba a las etiquetas formales. “No son piezas minimalistas, son piezas procesuales –aclaraba Nacho Criado, en 2009, en una conversación con el galerista y comisario Miguel Copón grabada en la Universidad Politècnica de Valencia-. En la madera, que contiene partes afectadas por los termes, he seleccionado dichas superficies y he hecho una intervención mínima, no minimalista, sino más bien, diría yo, reduccionista, y más procedente de ámbitos como puede ser el arte constructivista. Con eso se llega a una síntesis formal, un poco extrema, donde he dejado ese residuo de la madera afectada por los termes, y he dejado que la pieza quede en un estado inerte durante años, para que los termes vayan configurando esas obras.”

La figura de Nacho Criado, como artista, difícilmente se puede adscribir a ningún movimiento o tendencia. De hecho, él mismo declaró, en diversas ocasiones, su voluntad de mantenerse al margen, de actuar desde una absoluta libertad de pensamiento y de creación. Para Manuel Borja-Villel, “Criado ocupa un espacio primordial en la definición y consolidación del temprano arte experimental español. Bebió de la reacción antimoderna y política del arte povera, como también de otras de las fuentes que representaron una reacción a la aporía expansiva del minimalismo”, comenta el director del Museo Reina Sofía.

El trabajo de este artista también forma parte de los fondos permanentes del Museo y varias de sus obras se han incluido en la reciente presentación del tercer tramo de la colección del Museo, De la revuelta a la posmodernidad (1962-1982).

PALACIO DE VELÁZQUEZ
Cuatro décadas de producción artística
El Palacio de Velázquez reúne una amplia selección retrospectiva del trabajo realizado por Nacho Criado durante cuatro décadas, a pesar de que, en cierta manera, este corpus de obras se resiste a ser leído de manera literalmente retrospectiva, pues se mantiene – tal y como pretendía el artista-, activo, en proceso. Es decir, muchas de estas piezas continúan evolucionando y en un estado constante de producción, debido a la acción de esos “agentes colaboradores”, característicos en la obra de este artista.

Las 80 obras que conforman esta parte de la exposición provienen de diversas fuentes: desde colecciones particulares, como la del propio artista, a obras pertenecientes a instituciones como el Centro Gallego de Arte Contemporáneo – CGAC, el Patio Herreriano de Valladolid o la Universidad de Jaén.

El recorrido expositivo se desarrolla en sentido contrario a las agujas del reloj y realiza una amplia revisión de la trayectoria de Criado, aunque sin seguir una progresión perfectamente cronológica.

Las primeras obras, realizadas entre 1966 y 1970, exploran las formas de inserción espacial de una escultura fuertemente reduccionista. En esa época, el artista comienza a trabajar también sobre la percepción del tiempo y, en concreto, sobre los aspectos de cambio, proceso, movimiento o duración. Maderas apolilladas o carcomidas, como en la obra YZ (1968); pintadas como las de la serie Luna (1969); o hierros flexibles, como los recreados en Excentricidad (1968), son los principales materiales utilizados por Criado en este periodo.

Tras su énfasis en los aspectos procesuales y mentales de la creación, puede rastrearse la influencia de Marcel Duchamp, la del escritor irlandés Samuel Beckett, y la de otros artistas -Rothko, Beuys, Yves Klein o el grupo ZAJ. A ellos ha dedicado, en lo que constituye una parte importante de su obra, numerosos homenajes. El primero de los que realizó fue Homenaje a Rothko (1970-1994): “El Rothko maduro al cual se refieren esas maderas y ejes dispuestos en escalera, de un color intenso y homogéneo, falsa escalera como si de puertas falsas se tratara […], sin obstáculos o barreras para acercarse, sin adornos ni protección, pretender y logra imponer solemnidad”, analiza Remo Guidieri, comisario de esta exposición.

Durante sus cuatro décadas de trabajo, Nacho Criado adoptó diversas técnicas, como la fotografía, en la que incide sobre la idea de “proceso en el tiempo”, como en la obra Escalera (Rastreo) (1971-2009) o la dedicada al grupo de arte experimental español, Zaj, con el que el artista tuvo relación: Excavación Zaj (1972), que se pueden ver en el Palacio de Velázquez.

La exposición incluye una de las obras procesuales más relevantes de Criado: In/digestión (1973-1976), en la que el artista expone una revista de La Gazeta del Arte a la acción devoradora de sus “agentes colaboradores” (en este caso, polillas). Junto a esta pieza, se presenta la instalación Prèt-à-porter (MaDe in…) (1976-2012), creada en torno a la figura de Marcel Duchamp: en una vitrina se expone, por separado, una serie de elementos dedicados a “aquellos que para sustentarse o sustentar su ideario han atacado a Duchamp de mala manera” y que el artista introdujo, en su momento, en una maleta señalizada “Para defensa de Marcel Duchamp”, la cual también estará en el Palacio de Velázquez.

El cuerpo y la naturaleza son elementos importantes en sus obras a principios de los años setenta, entre las que destacan sus performances, documentadas mediante fotografías y filmaciones, como es el caso de la serie Cuerpo de acción (1974): Blanca (Despellejamiento) y Blanca (Blanca y Javier comiendo manzanas). Ambas se pueden ver en la exposición junto a otra de sus filmaciones: In the corner (Jim y Reyes) (1977).

La obra Paisajes endémicos (1992), una pieza de técnica mixta que reza “Nada que apoyar. Nada que soportar. Nada que objetar”, y la instalación homónima realizada en hierro (1997-2003) sirven de nexo, en el discurso expositivo del Palacio de Velázquez, entre la sala central y la anterior.

Bajo la bóveda central del Palacio, se muestra la obra No es la voz que clama en el desierto, creada en 1990 y cuya reconstrucción, producida a partir del original que desapareció hace unos años, es la que ahora aquí se presenta. Realizada en hierro y cristal, el título de esta instalación se vincula a otro de los intereses de Criado: la tensión entre discurso y silencio, entre destrucción y construcción, una indagación sobre el destino de toda obra humana, que contiene dentro de sí el germen de su destrucción. El Palacio de Velázquez también acoge otras grandes instalaciones, como Zócalo (2003) y En ausencia de incógnitas (1995).

Nacho Criado combinó su faceta artística con trabajos más relacionados con el mundo de la arquitectura. Entre los diseños y maquetas que se exponen, destaca el proyecto diseñado para la Bienal de Venecia de 1978, Intersección (1975). Durante la década de los noventa, la producción de Nacho Criado se centra en materiales como el hierro y el cristal, como la obra LSD (1990-1995). Entre los trabajos que realizó a finales de los noventa destacan la instalación de gran formato De trampas y mentiras (1999) y la obra dedicada al músico Glenn Gould y al escritor Samuel Beckett, Entre la partida y la llegada la única aventura posible es el naufragio (1997). Por último, se muestra la serie A partir de Mathias Grünewald (2008), otra figura influyente en el trabajo del artista.

PALACIO DE CRISTAL
7 obras expresamente diseñadas y realizadas para este espacio
En 1991, el Palacio de Cristal abría sus puertas para la exposición de Nacho Criado: Piezas de agua y cristal, comisariada por Simón Marchán Fiz.

Ahora, 21 años después, el mismo espacio acoge de nuevo siete de las obras que conformaron esa muestra y que fueron realizadas, e incluso diseñadas, expresamente para ser expuestas en este lugar. La arquitectura del Palacio, así como el enclave natural en el que está situado, son motivos comunes a todas ellas. Sin descuidar el papel concedido al agua, el conjunto está presidido por el vidrio, un material que enhebra el largo recorrido de Nacho Criado y que reverbera sobre la propia arquitectura del Palacio, generando una nueva tensión: el cristal roto, la obra “en estado de ruina”. Piezas como Ellos no pueden venir esta noche (1991) o La herida alpina (1991) reflexionan de esta forma sobre el destino y el devenir.

La obra Ellos no pueden venir esta noche… (1991), con la que el visitante “tropieza” nada más acceder al Palacio, fue concebida y realizada por primera vez tal como aquí se muestra, teniendo muy en cuenta las propias exigencias del lugar en lo relativo a las dimensiones, la disposición y el material. La obra está compuesta por paneles rectangulares de vidrio ensamblados que encierran miles de trozos de cristal. En el perímetro de esta estructura, se alzan veintiocho cañas de pescar que simulan sostenerla, a la vez que parecen doblarse debido al peso. En La herida alpina (1991), Nacho Criado realiza un homenaje a la arquitectura cristalina de artistas como Bruno Taut, Wassili Luckhardt o Hans Scharoun.

Algunas de las obras que se pueden ver en el Palacio son reelaboraciones escultóricas monumentalizadas de obras anteriores (performances, montajes gráficos…). Uno de los proyectos más complejos que realizó fue Bésale el culo al mono (1991), en el que trabajó durante casi diez años. Esta pieza tiene sus orígenes en una acción cotidiana entre dos amigos –los encuentros que el propio artista y Juan Hidalgo, perteneciente al grupo experimental Zaj, tenían y en los que solían brindar con alguna copa de “Anís del Mono”– y bien podría ser la plasmación física de esas performances. En esta pieza Criado reflexiona de un modo artístico sobre la acción de brindar y beber hasta el fondo.

Lo anecdótico es elevado a una secuencia narrativa donde todo queda bañado por una gran dosis de ironía y una presentación escenográfica. Asociada a esta pieza, casi como si fueran las gotas de alcohol condensadas y suspendidas en el aire, se encuentra la obra titulada Cúpula monogótica (1991).

Los trabajos del Palacio de Cristal muestran la permanencia y evolución de los intereses de Criado en el ecuador de su carrera artística, desde el efecto de los “agentes colaboradores” en la pieza Umbria Zenobia (1991), hasta el uso del cristal como objeto encontrado, representado en la obra Trasvase (1991). En Umbra Zenobia (1991), instalación concebida específicamente para este lugar, el artista sitúa un criadero de hongos en las paredes vítreas del Palacio de Cristal, enlazando así con sus primeras piezas “procesuales” que tomaban como material maderas apolilladas. La pieza Trasvase (1991) muestra una formación casi militar de catorce mil cuatrocientas botellas, alineadas de manera repetitiva y alternando las negras con las incoloras.

Cierra el recorrido la obra Imágenes húmedas (1991), donde lo exterior se interioriza y lo interior se reenvía al lago situado frente al Palacio a través de espejos.

Nacho Criado (Mengíbar, Jaén, 1943 – Madrid, 2010) realizó estudios de arquitectura y sociología en Madrid y Barcelona, respectivamente. En 1969 se instaló en la capital madrileña, donde estableció su lugar de residencia hasta su fallecimiento. El artista jienense está considerado como uno de los principales creadores españoles de los últimos años; sobre todo se aprecian sus aportaciones como pionero del arte conceptual y de la escultura experimental. Criado expuso en algunas de las principales instituciones culturales españolas, como por ejemplo, el Centro Galego de Arte Contemporánea – CGAC, el Instituto de Arte Moderno Valenciano – IVAM, Círculo de Bellas Artes… y su obra formó parte de importantes exposiciones, como Encuentros de Pamplona 1972, Bienal de Venecia 1977, Exposición Universal de Sevilla 1992, Expo 2000 de Hannover, Ljubliana, Guadalajara (México)…
Al artista le fueron concedidos los siguientes galardones: el Premio Pablo Picasso, el Mariano Benlliure, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2008) y el Premio Nacional de Artes Plásticas (2009).

Datos de interés:
Nacho Criado
Agentes colaboradores
4 de mayo – 1 de octubre de 2012
Palacio de Velázquez y Palacio de Cristal (Parque del Retiro, Madrid)
Organiza: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisario: Remo Guidieri
Coordinación: Gema Bayón y Soledad Liaño
Itinerario: Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (Sevilla)
(29 de noviembre de 2012 – 3 de marzo de 2013)

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