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Casi cincuenta tablas procedentes de las mejores colecciones lusas de entre 1450 y 1550 se exponen en las salas del vallisoletano Museo Nacional Colegio de San Gregorio en la muestra “Primitivos. El siglo dorado de la pintura portuguesa”, una de esas iniciativas sorprendentes por la singularidad de su temática y calidad de las piezas escogidas para componer su recorrido. Retablos o tablas individuales, los óleos componen un panorama estético en el que es difícil extraer una obra que resuma el conjunto, pues la presencia de maestros a los que la historiografía no ha logrado identificar contribuye a agrandar el aura legendaria de quienes acudieron a las tierras del norte para aprender los modos flamencos y llevar a las iglesias y la corte de Alfonso V, Manuel I el Afortunado o Juan II el mejor arte de su tiempo. Uno de los grandes pintores fue el llamado “Maestro de Lourinha”, a quien como en tantos casos se bautiza en los manuales de historia de la estética con el nombre de la población en la que trabajó y se conservan sus obras más representativas. De su trayectoria conocemos poco. Que creó durante la segunda y tercera década del siglo XVI (la segunda mitad del reinado manuelino) habiendo ejercitado su técnica en Flandes. Su San Juan en la isla de Patmos es uno de los más tempranos tratados occidentales sobre el paisaje.

Fiel a la tradición, el pintor ha incluido el águila que simboliza al redactor del cuarto Evangelio, tres Cartas y el Apocalipsis. Aunque sólo el último de los textos sagrados sería escrito en la isla de Patmos, mientras los demás verían la luz en Éfeso, el discípulo amado por el Señor aparece sentado, en actitud serena y reflexiva, con rojas vestiduras que contribuyen decisivamente a que consuma con su presencia el primer plano de la composición. Los dos árboles que nacen y se elevan a la derecha son a la vez la puerta de un bosque que profundiza visualmente el margen en el que nuestro protagonista descansa, ajeno al trabajo del retratista. Que las ramas sean las que rompan aguas y cielos es asunto de miradas interiores, de otras realidades ascéticas o místicas. San Juan escribe sobre roca firme, con manos y pies desnudos, con el cabello libre a un modo quizá más italiano que flamenco. Detrás, los colores definen las etapas que alcanza la perspectiva. Agua, murallas, ciudad, vegetación, montañas. Estilo sólido para un relato sacro en entorno profano. Respeto de leyes espaciales y mimo de lo figurativo.

Los comisarios de la muestra que acoge este San Juan escribiendo han articulado cronológicamente su proyecto vinculando el siglo de oro de la pintura portuguesa a las relaciones estilísticas con Flandes, como hemos visto, pero también con la contribución estética a la creación de la identidad nacional. Y esta peculiar joya iconográfica del cuarto evangelista es toda una demostración de ese esfuerzo de un maestro de la primera mitad del siglo XVI, cuando Portugal, volcándose hacia el exterior, consigue afirmarse entre las naciones que construyeron la Europa d ela Edad Moderna. Si observamos la parte izquierda del curso fluvial tras el Apóstol en su lado derecho, varias embarcaciones enfilan una generosa entrada flanqueada por una ciudad. La más grande de ellas es el prototipo de nave transatlántica, la carabela, con la que los portugueses llevaban décadas bordeando el continente africano y ya habían cruzado hacia América del Sur. La pequeña flota podría estar enfilando, perfectamente, el Estuario del Tajo…

Andrés Merino Thomas

 

A mano alzada /// El Museo Nacional Colegio de San Gregorio ha prorrogado dos semanas “Primitivos. El siglo dorado de la pintura portuguesa. 1450-1550” hasta el 16 de octubre. Logro y acierto, pues las piezas no suelen salir de sus sedes por sus especiales exigencias de conservación. El éxito tras su paso por el Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa hacía previsible que en la capital castellano y leonesa sería extraordinariamente acogida. En 2012, será el museo de Valladolid el que ofrezca una selección de sus colecciones al museo lisboeta en para una exposición temporal.

 

“San Juan Evangelista en Patmos” (c.1510-1520)
Mestre da Lourinhâ
Tabla de roble (146 x135 cm)
Monasterio de Valbenfeito. Santa Casa dela Misericordia. Lourinhâ (Portugal)

 

 
Exposición: “Primitivos. El siglo dorado de la pintura portuguesa. 1450-1550”
Organiza: Museo Nacional Colegio de San Gregorio
Colaboran: Junta de Castilla y León, Ayuntamiento de Valladolid y Museo Nacional de Arte Antiga (Lisboa)
Sede: Museo Nacional Colegio de San Gregorio. Palacio de Villena (Cadenas de San Gregorio 1, 2 y 3. Valladolid)
Comisarios: J.A. Seabra (MNAA), J.Oliveira (MNAA) y María Bolaños (MNCSG)
Valladolid, 28 de junio a 16 de octubre de 2011
www.museosangregorio.mcu.es/

 

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