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Subasta de piezas singulares en la sala Jesús Vico

01 marzo, 2011 | Por | Categoría: Mercado del Arte | Imprime esta noticia Imprime esta noticia

La primera subasta del año de Jesús Vico que se celebrará el jueves 3 de marzo, en Madrid, contará con unos 2000 lotes numismáticos entre los que destacarán algunas piezas hispánicas,  acuñaciones griegas, exclusivos tremissis visigodos, monedas castellanas inéditas y ricas emisiones españolas de Austrias y Borbones. También habrá que tener en cuenta una colección de medallas conmemorativas de las Guerras Napoleónicas fechadas entre 1808-1813.

Quizá el lote estrella de la subasta sea el 692.  Se trata de 4 escudos de Carlos II cuyo precio de salida es 19.000 euros. Moneda de enorme importancia histórica. Su fabricación se enmarca dentro de la recuperación del Ingenio de Segovia, que desde hacía varios años estaba en malas condiciones, de hecho las anteriores piezas de cuatro escudos son los rarísimos ejemplares de Felipe IV de 1651 y 1655. A finales de los años 70 se realizaron importantes trabajos para rehabilitar el Ingenio (planos de José Vallejo y Vivanco de 1678), lo que llevó a iniciar nuevas acuñaciones a principios de los años 80. En oro la primera medio onza es esta de 1683, siendo el ensayador encargado de realizarla Bernardo de Pedrera. Además esta moneda tiene importantes peculiaridades tipológicas, en primer lugar las piezas de 8 y 4 escudos de oro fabricadas en el Ingenio durante este reinado llevarán alrededor de los grandes armas de la Monarquía el Collar de la Orden del Toisón de Oro, máxima distinción de la Corona y con un gran prestigio en toda Europa, siempre ligada a la Casa de Austria-Borgoña, este aditamento en las piezas áureas sólo se aprecia fuera de Segovia en las Onzas realizadas en Sevilla en 1699 y 1700.
En el diseño todavía se aprecia el escusón de Portugal colocado en la parte superior de las Grandes Armas, pero como desde febrero de 1668 Carlos II había reconocido oficialmente la independencia de Portugal las autoridades portuguesas protestaron reiteradamente por el mantenimiento de las armas y titulación portuguesa en las monedas y documentos castellanos, por lo que por Real Decreto circular de 12 de noviembre de 1683, comunicado a todas las Casas de Moneda, se especificó que “no se pusiesen entre las armas de Su Majestad, las de la Corona de Portugal”, siendo por tanto ésta la última moneda del Ingenio en llevar el escusón portugués.

Esta disposición se reiteró en una orden remitida al Presidente del Consejo de Castilla el 15 de julio de 1685, donde se decía que “para que los portugueses no tengan motivo de reparo ni queja se quiten del escudo de mis armas las de aquella Corona, y no se pongan en la nueva moneda segoviana que se está labrando”, por ello en las piezas de Ocho y Cuatro Escudos fabricada en el Ingenio en 1687 ya no aparecen dichas armas.

También  destaca en la venta de Jesús Vico, una pieza cartaginesa de oro (lote nº: 190) acuñada al inicio de la Primera Guerra Púnica. El precio de salida es de 9.000 euros.   En la segunda mitad del siglo IV a.C. (h.350) se labran en Cartago preciosas monedas de oro con un estilo inspirado en el siciliano, en anverso aparece la diosa Tanit, y en el reverso un caballo estante, que es el animal emblemático de Cartago. Durante los difíciles años en que se desarrolló el largo conflicto con Roma (264-241) los cartagineses acuñaron numerosas series monetarias, en especial para el pago de sus tropas mercenarias, en plata, electro y oro, tanto en Sicilia como en Africa, siendo un ejemplo de ellas la que ofracemos ahora. Una espectacular pieza de oro realizada en Africa con una bellísima diosa Tanit realizada siguiendo los prototipos griegos de Sicilia, con espigas en el pelo, pendientes en la oreja y collar al cuello, junto con un magnífico caballo estante volviendo la cabeza hacia atrás, que muestra la grandeza y poderío de Cartago en estos momentos, pudiendo competir con cualquiera de las piezas de oro que acuñaban en el Mediterráneo Oriental los reinos helenísticos.

Esta pieza se debió acuñar en los primeros años de la guerra, probablemente después de la batalla naval de Mylae (260) donde los romanos dirigidos por el cónsul C.Duilio derrotaron a la flota cartaginesa con la nueva táctica del cuervo, que conseguía inmovilizar los barcos enemigos y provocar el combate cuerpo a cuerpo donde los romanos eran superiores, y antes de la batalla naval de Ecnomos (256) donde la flota romana dirigida por los cónsules L.Manlio Vulso y M.Atilio Régulo derrotó a la cartaginesa que intentaba impedir el desembarco romano en Africa.

Otra particularidad de esta pieza es que se utilizó, para su fabricación, el sistema ático de peso y no el fenicio, que era el tradicionalmente usado por los cartagineses, por ello esta moneda es conocida como un trihemiestátero o una tridracma de oro, que equivalía en el tradicional sistema púnico a un shekel y medio, siendo sin duda acuñada para el pago de las tropas mercenarias cartaginesas, mostrando en su realización una extraordinaria calidad técnica y artística, que la colocan entre las más bellas del período.

El lote nº 138 corresponde a una Decadracma de Siracusa de 17 g. de pura plata datada en el siglo IV a.C. El precio de salida es de 4.500 euros. La moneda siracusana del siglo V a.C. es probablemente la más bella de la época. La ciudad se convirtió en la más importante de la isla durante el gobierno de Gelón tras la victoria que consiguió sobre los cartagineses en Himera (480), y es en este momento cuando se consolida en las monedas el tipo del carro tirado por cuatro caballos bajo la Niké, y el busto de Arethusa rodeado de delfines, que hace referencia a la ninfa del Peleponeso que perseguida por el dios-río Alpheios huye hacia Sicilia reapareciendo en una fuente de la isla Ortygia, lugar de origen de Siracusa. Gelón acuñó numerosas tetradracmas y una gran pieza, la Decadracma (llamada Demareteion, recordando el nombre de su esposa), donde bajo el carro aparece el león, símbolo de la derrota cartaginesa, inaugurando así la costumbre de colocar en ese lugar un motivo que indicará un hecho relevante para Siracusa. Años después estos tipos fueron reinterpretados por una generación de grandes artistas que llegaron a firmar las monedas, los primeros fueron Sosion y Eumenes, hacia el 425, a los que se unieron Eukleidas y Evainetos hacia el 415, que marcaron una nueva tendencia artística, en especial el segundo, que creó maravillosas piezas, donde los caballos parecen a punto de lanzarse al galope, mientras la cabeza de Arethusa es una verdadera obra de arte; poco después empieza a trabajar Phrygillos (413), Parme(nides?) y el gran Kymon. La mejor y más bella pieza de este período fue la Decadracma que conmemoraba la gran victoria naval y terrestre que los siracusanos obtuvieron sobre la flota y el ejército que Atenas envió contra ellos (413), dentro del conflicto de la Guerra del Peloponeso, que se visualizaba en las monedas colocando las armas de un hoplita ateniense bajo la cuadriga. Se realizaron dos series de esta moneda, una fabricada por Kimon y otra por Evainetos, que muestran el gran talento de ambos artistas, en concreto la Decadracma de Evainetos se convirtió en la moneda más famosa de la antigüedad y su diseño fue imitado por numerosas ciudades del mundo griego e incluso de épocas muy posteriores.

En cuanto a las medallas se subasta una importante colección conmemorativas de las Guerras Napoleónicas fechadas entre 1808-1813. Se pueden adquirir entre 150 y 200 euros de salida (lotes 812-823). Las Guerras napoleónicas han generado diversas series de medallas de producción francesa e inglesa, sobre todo, elaboradas en los años posteriores a la epopeya napoleónica, de las que presentamos en esta subasta quince ejemplares. La primera de ellas es la medalla de Napoleón I, celebrando la entrada en Madrid el 4 de diciembre de 1808, con la imagen de la Puerta de Alcalá, de Andrieu y Bennet.

La guerra de la Independencia o The Peninsular War, como se conoce en el Reino Unido, más desde la clásica obra de Charles W. Oman, History of the Peninsular War, II vols. (1902-3), adquiere el rango de mito en la mentalidad británica como el crisol del ejército británico, formado bajo el mando del Duque de Wellingto. En 1820 James Mudie emitió, por suscripción, una serie de veinte Medallas conmemorativas de las grandes victorias inglesas sobre Napoleón en cobre, realizadas dentro y fuera de Inglaterra; en ellas aparecen representados, no sólo el Duque de Wellington, sino otros generales británicos como Moore, Picton, Beresford o Hill relacionados con batallas en las que se significaron.

De la citada serie de medallas, todas ellas imbuidas de un intenso clasicismo en sus escenas de trofeos, combates y citas al mundo clásico, ofrecemos doce ejemplares. Algunas de ellas representan hechos de armas míticos en el imaginario militar británico como la que conmemora la muerte de Sir John Moore, con el retrato del general Moore y la escena final de la épica retirada británica por tierras de León y Galicia hasta La Coruña, acosados de manera simbólica por el águila napoleónica de las tropas del mariscal Soult, con la muerte del general Moore y el reembarco de los restos del ejército inglés.

La que conmemora la batalla de Vimiero y la entrada del ejército ingles en Lisboa. 1808, ilustrando mediante un carro triunfal, con las águilas francesas capturadas, la derrota y capitulación del ejército del mariscal Junot en Portugal o la ejército ingles en el Tajo. 1810-1811 en la que se habla de la línea defensiva de Torres Vedras, personificado en el anciano río recostado, y Lisboa, ante la que el general francés Massena nada pudo hacer y cuyo anverso, en un soberbio guiño clásico, representa a Fabius Maximus Cunctator (“El Contemporizador”) cuyas tácticas dilatorias y conservadoras frente Aníbal salvaron a Roma en la II Guerra Púnica.

Más información http://www.jesusvico.com

Datos de interés:
Jesús Vico (c/ Jorge Juan, 83. Madrid)
Venta nº 125
Día y hora: jueves 3 de marzo a las 17.30

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