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El abanico inconsciente

Andrés Merino Thomas

Nacido en Filadelfia en julio de 1844, al cumplir dieciocho años Thomas Eakins se puso a compaginar durante tres años nada menos que estudios de arte en la Pennsylvania Academy of Fine Arts con cursos de anatomía en el Jefferson Medical Collage. Luego viajó a París y siguió ya una ruta exitosa por el camino de la estética, pintando cuadros como el que hoy podemos contemplar en la exposición que la Fundación MAPFRE nos ofrece con obras procedentes de la Phillips Collection, de Washington. Su retrato de Miss Amelia van Buren es una buena muestra de cómo se empapó del estilo de grandes maestros cuando visitó también Italia, Suiza, Alemania y España. Aunque tenía ya más de cuarenta y cinco años cuando lo pintó, no era precisamente el sentido de la proporción en la figura de la adusta mujer lo único que atestiguaba el aprovechamiento de su formación. Ya había dirigido la academia en la que se había formado, se había marchado de la misma y había fundado incluso una institución alternativa con sus propios discípulos. Su técnica del retrato le había consagrado plenamente como un formidable maestro realista, con una llamativa atención hacia la presencia material de los personajes y sus perfiles psicológicos.

Este fue –es- el caso de Miss Amelia. Sin que lleguemos a fijarnos aún en el rostro, reparar en el tratamiento escultural que Eakins ha dado al busto, pero sobre todo a las manos, nos obliga a detenernos por un tiempo reflexionando sobre el verdadero alcance de clasificar su obra como realista. Comprendemos por fin por qué se subraya tanto su cercanía a la fotografía, entonces incipiente, como arte. A los pocos segundos de cualquier observación, no es ya el efecto de la luz el que consigue el efecto marmóreo sobre la piel de la mano derecha que compite con las facciones de la dama. Hemos pasado a pensar, sin darnos cuenta, que esa zona de la composición bien podría ser una fotografía, aunque tengamos que descender enseguida a contemplar la pieza en su conjunto para considerar mil y un detalles más.

El atuendo y peinado de la retratada transpiran hogar, vida cotidiana. Pero su abanico y lo señorial del sillón de madera y terciopelo en el que se sienta no corresponden a la felicidad que muchos podrían presuponer de una vida quizá desahogada. Podría parecer que ha sido sorprendida en un momento de ensoñación o reflexión. Incluso de aburrimiento. A medio camino entre la sorpresa y la incomodidad por la luz que aparece de repente y se atreve a iluminar, sin piedad, una realidad incómoda. Esa luz no ha interrumpido un descanso, sino la presencia de un mal recuerdo, una verdad hiriente, un tedio del que se desea escapar. Y Eakins ha sabido reflejarlo quizá mucho más allá de lo que se pidió. Porque en la sociedad de Miss Amelia, hasta las penas se llevan con dignidad. Las tragedias personales se sobrellevan sobre madera labrada, bien firme, y terciopelo viejo. En la oscuridad el abanico está cerrado, pero nada más aparecer un rayo de luz, se abre un poco, quizá inconscientemente. En público, se despliega. Ya habrá más bailes. Y vuelta a empezar.

“Miss Amelia van Buren” (h. 1891)
Thomas Eakins (1844-1916)

Óleo sobre lienzo (114,3 x 81,2 cm)

The Phillips Collection (Washington)

Exposición “Made in USA. Arte americano de la Phillips Collection

Sede: Sala de Exposiciones de la Fundación MAPFRE (P. Recoletos, 23. Madrid)

Organizan: Fundación MAPFRE y The Phillips Collection

Comisaria: Susan Behrends Frank

Madrid, 6 de octubre de 2010 a 16 de enero de 2011

www.exposicionesmapfrearte.com

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