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Adoración de los Magos

25 octubre, 2009 | Por | Categoría: Obra escogida | Imprime esta noticia Imprime esta noticia

Maíno, Juan Bautista

Un festín de colores y sentidos

Andrés Merino Thomas

Pocas semanas después de clausurar su exitosa exposición sobre Sorolla, el Museo del Prado continúa con su exigente esquema del más difícil todavía. Ha girado con delicadeza su mirada hacia un maestro apenas conocido por el gran público y por tanto no tan popular, como guiño afectuoso hacia exigentes y selectivos amantes del arte. Una sugerencia idónea en un otoño sereno que parece pedir recorridos recoletos, pausados, atentos, que inviten a una contemplación de piezas con tiempo y serenidad. En salas no necesariamente abarrotadas de visitantes. Eso es precisamente lo que merece la primera muestra dedicada a Juan Bautista Maíno (1581-1649), que ha abierto sus puertas con nada más y nada menos que treinta y cinco de las cuarenta obras conocidas del pintor. Entre ellas, siete inéditas, así como varias de otros autores que contribuyen a contextualizar sus creaciones, en primera mitad del siglo XVII, una época de cuyo esplendor plástico el alcarreño es uno de los mejores exponentes. La tardía individualización de su biografía en la historia de Arte español, así como la dificultad en la identificación del grueso de su obra –a la que la presente exposición y su catálogo contribuyen de manera histórica– ha relegado a Maíno a una cierta penumbra entre los inmortales, a pesar de haber sido nada más y nada menos que profesor de dibujo del futuro Felipe IV o de que una de sus pinturas, “La recuperación de Bahía de Todos los Santos” fuera uno de los principales lienzos que luciera en el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Pero ya sólo su tratamiento de la figura humana o del color, como veremos en el cuadro que hemos escogido para ofrecer a los lectores de Revista de Arte, le convierten en uno de los grandes genios de la pintura.

Escribir sobre “Adoración de los pastores”, uno de los cuadros más celebrados del pintor, es hacerlo sobre el retablo mayor de la iglesia de San Pedro Mártir, en Toledo. Se trata de una de las piezas que compondrían el bello conjunto que presidiría el altar del templo de mismo convento en el que profesaría como dominico. La pieza, una de las cuatro pinturas de gran formato, ocupó el lado de la Epístola en el piso inferior del conjunto pictórico. Aunque la armonía lograda junto a las tres restantes para componer las llamadas “cuatro Pascuas” nos obliga a no hacer comparaciones con ellas, afirmaremos que en la que centra nuestra atención el estudio de la perspectiva parece destacar sobre las demás. Maíno ha vuelto emplear sus técnicas de dibujo vigoroso, descriptivo, regalando una monumentalidad a sus figuras que otorga a cada una de ellas un carácter casi escultórico. Las ilumina desde lo alto de una forma real y alegórica, empleando la estrella que menciona la Sagrada Escritura con toda la literalidad que le permite la paleta y toda la generosidad de su arte.

Lamento que el lenguaje sea una cárcel, porque temo no poder más que ofrecer al lector más que una pobre frase del tipo “Maíno domina el color”. No es cierto. Es mucho más que eso. Por favor. Vayan y observen los ropajes de la Virgen, de los Magos. ¿Es un color iluminado? ¿Es la calidad de las telas de quienes acuden a rendir homenaje al Niño, que bendice sostenido por su Madre? El maestro emplea la saturación del color como medio de fascinarnos ante un lienzo y su mensaje. No es que ni los más modernos decoradores o fabricantes textiles pudieran inspirarse crear una línea de tal originalidad cromática. Es que casi podemos tocar la calidad del tejido, su grosor, su extraordinaria verosimilitud como rico atuendo propio del más privilegiado embajador de una monarquía europea o asiática en el siglo XVII. Es el mejor Maíno, al alcance de cualquier visitante en el Museo del Prado. Una vez más, el arte se confunde con la vida y la vida se confunde con un festín de colores y sentidos. Un cuadro para perderse en una visión de armonía y goce estético. Un lienzo que nadie debería perderse…

“Adoración de los Magos” (1611-1613)
Juan Bautista Maíno (1581-1649)
Óleo sobre lienzo (315 x 174,5 cm)
Museo Nacional del Prado. Madrid

Exposición “Juan Bautista Maíno (1581-1649). Un maestro por descubrir”
Organiza: Museo Nacional del Prado
Comisaria: Leticia Ruiz Gómez
Patrocina: Fundación Amigos del Museo del Prado
Patrocinio del catálogo: Sociedad Don Quijote de Castilla-La Mancha
Sede: Museo Nacional del Prado. Edificio Jerónimos
Madrid, 20 de octubre de 2009 a 17 de enero de 2010

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