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La noche española. Flamenco, vanguardia y cultura popular 1865-1936

21 diciembre, 2007 | Por | Categoría: Bibliotecas, Exposiciones | Imprime esta noticia Imprime esta noticia

20 diciembre 2007 – 24 marzo 2008

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. 3ª planta Sabatini

La exposición revisa, por primera vez, la posición del flamenco en el marco de la cultura visual y especialmente su relación de mutua influencia con la modernidad y las vanguardias artísticas.

La muestra, organizada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que ha contado con la colaboración de Caja Duero, abarca todas las manifestaciones plásticas y elementos relacionados con la expresión artística. Se han reunido alrededor de cuatrocientas obras de 150 autores: pinturas, esculturas, fotografías, dibujos de decorados y figurines -además de vestuario original- para danza y teatro, más de 40 proyecciones, publicaciones y documentos. Un amplio abanico que refleja de qué manera el imaginario de lo español aparece tanto en las expresiones artísticas más populares, como en las experimentaciones vanguardistas sobre representación e identidad.

Las piezas que forman parte de la exposición, algunas de ellas inéditas, proceden de distintas colecciones privadas y museos españoles y extranjeros. Al Museo Sorolla, la Fundación Mapfre, el MNAC, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Artium, la Biblioteca Nacional y la Filmoteca Española, se suman museos europeos como el Centre Georges Pompidou, desde donde viajan 15 obras, el Musée D’Orsay, el Musée Picasso de París o la Fundaçao Calouste Gulbenkian, y museos americanos como la Hispanic Society, el Metropolitan, el MoMA o el Solomon R. Guggenheim. También participan el Tel Aviv Museum of Art y el Israel Museum.

Obras de artistas de la talla de Delaunay, Picasso, Manet, Picabia, Dalí, Gutiérrez Solana, Regoyos, Anglada Camarasa, Casas, José Caballero, Maruja Mallo, Federico García Lorca, Gustavo Adolfo Bécquer, Gargallo, Zuloaga, Alberti, Julio Romero de Torres, Oscar Domínguez, Rafael de Penagos, Nonell, Lipchitz, Modigliani, Benjamín Palencia, Jawlensky, Man Ray o Benlliure, comparten espacio con las de otros autores que, aunque menos conocidos, aportan una producción indispensable en el discurso de la muestra ofreciéndonos sus fotografías, diseños, películas, carteles…

En el montaje expositivo destacan piezas especialmente delicadas por su fragilidad, como la Danseuse espagnole, 1915 de Henri Laurens o Marionette, 1926 de Alexandra Exter, en madera; el relieve Woman with Fan, 1914, de Archipenko; o, por su valor, la Spanish Dancer, 1914 de Lipchitz, en yeso. Asimismo, la muestra ha querido dar visibilidad a varias obras de la Colección Permanente hasta ahora poco difundidas, como Bodegón, 1926, de Manuel Ángeles Ortiz; Café concierto, 1936, de Ramón Martín Durban o los dibujos de Ismael Smith.

Tanto el flamenco, concebido como cultura popular moderna, como las vanguardias artísticas, surgen a finales del siglo XIX. La exposición explora algunas de las vías a través de las que aflora el baile, el cante, la guitarra, el gesto,… y con ellos parte del imaginario popular de lo español. Un cliché que hoy asociamos al flamenco -conjunto de expresiones artísticas del lumpen proletariado andaluz de finales del S. XIX- pero que en los años que recorre esta exposición todavía estaba en construcción. Por ejemplo el baile español es uno de los asuntos, pero no la trama de la exposición. Y es a través de estos asuntos como los estereotipos de la alta y baja cultura se dan la mano: “la cultura de élite representada por los artistas de vanguardia que lo utilizan con el pretexto para la experimentación formal (Manet, Picasso, Miró, Man Ray, Goncharova o Picabia) y la cultura popular representada por los medios de masas: la caricatura, la publicidad y sobre todo el cine, que transmiten y contribuyen a construir una imagen de “lo español” relacionado con el folklore, o el concepto de lo nacional. A mitad de camino, algunos artistas –por ejemplo “La Argentina” y Vicente Escudero- incorporan en sus espectáculos tanto las raíces populares y cultas de la música y la danza como los modos y enseñanzas aprendidas de la vanguardia.”

Recorrido Expositivo
El criterio cronológico de inicio y cierre de la exposición (1865-1936) se ha determinado en función de dos fechas significativas. La primera, 1865, es el año del viaje de Manet a España para ver de cerca las pinturas de sus maestros españoles y el momento en que el cantaor Silverio Franconetti regresa a Sevilla, donde sienta las bases de lo que pronto sería el cante flamenco. En este año además se acaba la línea ferroviaria que une Andalucía con Madrid, facilitando la difusión de la cultura andaluza, y se extienden los movimientos que anuncian la Primera República.

En 1936 comienza la Guerra Civil española y muere la bailaora Antonia Mercé, “La Argentina”. En este momento comienzan a aparecen imágenes oscuras, orientadas hacia lo grotesco y lo macabro, entre ellas los esqueletos de Ragel o Masson. De forma paralela, los bailaores han evolucionado y algunos, ya bailarines, arropados por una formación clásica, acceden a los grandes teatros y al cine.

Finales del siglo XIX. La España negra
Arranca la exposición con un retrato al óleo de la bailarina Carmencita, de Wiliam Merrit Chase, fechado en 1890, enfrentado a un fragmento de una película muda de Thomas Edison de 1894, en el que se observa a la artista española bailando –en el transcurso de una actuación en Nueva York-. Este es un documento de enorme valor, pues se trata de la primera mujer que filma Edison, y la cinta más antigua que se conserva en el Archivo Nacional de Estados Unidos.

Antes que Chase, Edouard Manet había introducido en su pintura no solo los asuntos españoles, sino también, y gracias a ellos, un nuevo modo de pintar que sigue a Velázquez y preludia el impresionismo.

Los Bécquer son los primeros que huyen de la imagen romántica y pintoresca de España y abordan, a través de sus trabajos, en los que utilizan el tema del baile español, un estudio más antropológico que les permite realizar crítica social y política que incluye el uso de las caricaturas. En la exposición se podrán contemplar algunos de sus dibujos, entre otros el autorretrato de Gustavo Adolfo Bécquer fumando.

Degas –de quien se muestran dos de sus famosas bailarinas españolas- Courbet, Bonnard o Laurent y sus fotografías de gitanos, desde sus distintas aportaciones, contribuyen a incrementar el interés por lo flamenco. En este sentido la introducción de los temas folklóricos en la vanguardia se configura como una herramienta para desarrollar una forma libre de pintar, que se aleja del formalismo academicista y se basa en el color y en la potencia visual; España representa el primer paso hacia Oriente, en el gusto por lo exótico tan de moda en estos momentos.

Los artistas autóctonos participan también en ese interés por los temas españoles que llega desde Europa. Esta fase inicial convive con un ambiente general de pesimismo generado por la pérdida de Cuba y de Filipinas, en 1898, y por una dura realidad social reflejada en “España negra”, libro de viajes de E. Verhaeren y Darío de Regoyos. Como se podrá observar en la exposición, las obras de Casas, Regoyos, Solana o Nonell contribuyen a dibujar esa imagen, a la que también se acercan otros pintores considerados tradicionalmente luministas, como Anglada Camarasa o Sorolla. Pastora Imperio será la bailarina de esa España tremendista, cuyos escenarios pueden seguirse en las fiestas populares o en los cafés urbanos. El mundo de los gitanos, el otro español por excelencia, forma parte de esas imágenes oscuras de lo español. En este momento gitanos y artistas coinciden en los cafés, y el concepto de “lo bohemio” adquiere un nuevo significado, más allá de lo meramente geográfico. Gutiérrez Solana y Constantin Meunier retratan una nueva cultura urbana.

Los años diez. Cubismo y Ballets Rusos
Coincidiendo con la difusión del cubismo y con la llegada a la Península Ibérica de artistas que huyen de la Primera Guerra Mundial, como Gleizes, Picabia, o los Delaunay, la representación del baile español se presenta como modelo de ritmo abstracto y decorativo. Numerosos artistas utilizan la imagen de la bailarina para descomponer la figura, transitando de la figuración a la estilización o abstracción: Picasso, Severini o Lipchitz, de quienes se muestran trabajos, avalan esta idea. También la guitarra se convierte en una imagen fundamental en la plástica de vanguardia como difusión de lo español, cargada de asociaciones formales, culturales, sexuales –por su identificación con el cuerpo femenino- … Figuras clave del arte moderno también encuentran en las bailaoras un motivo recurrente interpretado de maneras muy distintas. Nonell, Zuloaga, Hodler, Severini, Modigliani, Jawlensky… representan el ritmo y el movimiento de estas mujeres en composiciones llenas de fuerza y color, con estilos que van desde la figuración a la más pura abstracción.

La estancia en España durante la Guerra de los Ballets rusos y el trabajo que hacen con ellos Picasso y Goncharova como decoradores, es un acontecimiento fundamental en la relación entre flamenco y vanguardia. El montaje expositivo incluye numerosos diseños de vestuario de ambos artistas. La puesta en escena de los rusos animará a algunos españoles que trabajan en París, como “La Argentina” o Vicente Escudero, apoyados por el galerista Marius de Zayas, a crear compañías y a elaborar, en colaboración con artistas como Néstor o Sáenz de Tejada, y músicos como Falla o Albéniz, grandes espectáculos, pensados ya para los teatros internacionales, no sólo para el teatro popular o el café cantante. En este contexto se exponen por primera vez las obras del galerista, primer promotor del arte contemporáneo en Nueva York desde los años 10, y después empresario dedicado a la difusión del flamenco. A su faceta como empresario se une la de pintor cubista y caricaturista.

A partir de los años 20 los temas españoles se convierten en un género de éxito, entre la visión turística y publicitaria, el estudio folklórico, y la reflexión sobre la identidad. Son también años de fiestas y excesos, y el motivo flamenco aparece en muchas de ellas. El disfraz, el travestismo y el erotismo adoptan a menudo carácter español.

La República. La España eterna y la “Españolada”
Desde los inicios hay en la pintura de temas españoles una invocación a la tragedia (Carmen, los temas taurinos) junto a una reivindicación de la belleza y de la vida (las bailaoras). Esas posturas se extreman a lo largo de los años veinte, en los que se produce un afianzamiento de los estereotipos en las artes de vanguardia y el flamenco, al tiempo que se multiplican las reproducciones mecánicas y la difusión del flamenco en los medios de masas.

El flamenco es plenamente consciente de su identidad y se desgarra entre el purismo estético y los tópicos comerciales, según los comisarios. La generación del 27 explora las virtudes lúdicas modernas de la verbena, pero también estudia con mirada crítica la España eterna. Ambas aparecen en las imágenes de Dalí, Lorca, o Giménez Caballero.

El bailaor Vicente Escudero y “La Argentina”, representan a los artistas que se acercan al flamenco desde una formación clásica; ambos cuentan con espacio propio dentro de la exposición. Del primero se ha reunido un conjunto de piezas cedidas por su familia. De “La Argentina” se muestran trajes -realizados a partir de diseños art decó de Néstor, cuyos bocetos también se exponen- , carteles de la Bibliotheque Nationale de France y fotografías de sus álbumes familiares, procedentes de la biblioteca de la Fundación Juan March.

La óptica cinematográfica y el tópico popular defendido por la publicidad se adentran en la pintura. Como ejemplo sirven las imágenes de Romero de Torres o de Martín Durban. El cine recoge lo “español” superficialmente –toros, mantillas, señoritos, gracia andaluza, mujeres deshonradas y luchadoras- pero también lo relaciona con la vida suburbana o rural, contraponiendo un mundo de clases. La bailaora Carmen Amaya, con sus pantalones y su zapateado furioso, resume esa imagen, paradójicamente nueva, de la España eterna, dramática y batalladora.

Preludiando la guerra, las imágenes macabras de Carlos G. Ragel que parecen unir folklore y tragedia, la alegría del baile con la fugacidad de la vida, ponen fin al recorrido.

Datos de Interés
Fechas. 20 diciembre 2007 – 24 marzo 2008
Lugar: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. 3ª planta Sabatini
Organiza: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Colabora: Caja Duero
Comisarios: Patricia Molins y Pedro G. Romero
Coordinación: Mafalda Rodríguez
Diseño de Montaje: María Fraile
Actividades Educativas:Lecciones de arte los martes 22 y 29 de enero de 2008
Proyecciones:La exposición incluye una sala de proyecciones donde se exhibe de forma continua una selección de películas y vídeos en DVD

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