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El soufflé popular

04 septiembre, 2007 | Por | Categoría: Arte, Educación y Política | Imprime esta noticia Imprime esta noticia

Este es uno de los casos en los que la calumnia ha obrado su efecto demoledor. Cuando nombraron a Ana directora del Reina, la mejor prueba de su independencia fue que se levantaran como fieras las del negocio del arte, las que hacen y deshacen en ARCO, y detrás toda la caterva de profesores, críticos y artistas que no pueden ver a Calvo Serraller porque no le llegan ni a la altura del zapato. Todos ellos están en el mismo carro de negocio y el embaucamiento: las galeristas negociantas natas, los críticos que escriben en jerga para que parezca que dicen algo. la revista de arte ejemplo de saber espurio, el arte de la jerga bien aprendido por los yogurines que escriben en ella.
Para los que no lo sepan, a Ana la eligieron por su experiencia en dirigir un museo, pues aunque sea un museo de Segovia, los anteriores directores del Reina no habían dirigido ninguno, ni eran historiadores del arte. Que ella no tenía publicaciones, el director anterior no tenía carrera universitaria (tampoco le hacía falta), Yo soy Doctor en Historia del Arte, catedrático, crítico de arte, con más de 800 publicaciones, pero soy absolutamente incapaz de dirigir un museo.
Ana hizo un plan museográfico que, los que no lo hicieron, no se expusieron a hacerlo mal ni bien. De la escultura de Serra, lo que hizo fue darse cuenta de que otros la habían perdido y puso remedio al entuerto. Respecto a la gotera sobre el cuadro de Gris, he llegado a pensar –no soy el único- que fuera un sabotaje, pues qué casualidad que cayera la gota en el cuadro de la Academia de San Fernando, que poco antes habían mandado retirar dos obras de una exposición por exceso de luz. Menos mal que su responsable, Víctor Nieto, es una persona recta e íntegra, no como la crítica de ABC, que dio ejemplo de lo que es el ensañamiento.
Esta es la palabra que define lo que todo este grupo de interesados, envidiosos y mediocres morales han hecho con Ana desde el primer minuto de su nombramiento y ahora vuelven a la carga: ensañamiento. Por cierto, que quien puso a Ana en la dirección del Esteban Vicente, a su valía profesional, fue el PP, y con mucho acierto. Luego, cuando la nombraron directora del Reina ‘era cosa de la política’.
Lo de consultar al mundo de la cultura para nombrar a los directores tiene gracia. Es como si para nombrar al director de un restaurante voy a consultar a los puestos del mercado y a los críticos gastronómicos. ¿A quién ha consultado el buldózer del ministro para nombrar a la nueva directora de la Biblioteca Nacional? Este ministro ha entrado como un elefante en una cacharrería.
Ana Martínez de Aguilar es una víctima de la maledicencia y la calumnia como ha habido pocas. Pero es una gran mujer y no ha perdido la dignidad ni la calma ni los modales, como yo estoy ahora punto de perderlos por culpa las verduleras y de los sacamuelas del mundo del arte, con perdón de quienes venden verduras y de los cirujanos orales y masilo faciales.
Es difícil soportar tanta maldad cayendo sobre una misma persona. Yo animo a Ana Martínez de Aguilar a no dejarse hundir por tanta gentuza, que ahora está en una de sus fases favoritas y más fáciles: la de hacer leña del árbol caído. J. M.

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