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Los Cuentos de Calleja en la BNE

29 junio, 2015 | Por | Categoría: Arte Joven | Imprime esta noticia Imprime esta noticia

BNE-Calleja-1Cuando se cumple el centenario de la muerte del editor Saturnino Calleja, la Biblioteca Nacional de España le dedica una muestra bibliográfica, Saturnino Calleja (1853-1915), renovador de la pedagogía y la edición infantil, que se podrá contemplar desde el 1 de julio en la antesala del salón Italiano y hasta el próximo 28 de agosto.

Consta de unos cuarenta libros y resalta su importante labor renovadora en el mundo de la pedagogía y la edición infantil. La editorial Calleja, fundada por él, transformó no solo los libros infantiles, sino también los textos escolares y los libros pedagógicos para profesores siguiendo una máxima: “enseñar divirtiendo”. Innovó en contenidos, materiales y procedimientos didácticos, dio una gran importancia a las ilustraciones de los libros y combinó grandes tiradas con escaso margen de beneficio, extendiendo, de esta manera, los libros a un mayor número de personas.

Aunque la actividad de la editorial alcanzó hasta 1958, esta exposición se centra en la primera etapa, dirigida por su fundador hasta su muerte en 1915, mostrando algunas de las más importantes colecciones publicadas en este período, junto con una selección de facsímiles más recientes y editados por José J. de Olañeta.

Entre otras piezas, están Almacén de cuentos, el reino de la fantasía (2002), Saturnino Calleja. Obra selecta (1994), Guía para conservar la salud (entre 1906 y 1915), Juegos de niños en las escuelas y colegios (1900), Nobleza de un artesano. Cuentos morales (1893), Tratado de Derecho (1901), España y su historia (1913) y muchos de los conocidos popularmente como “los cuentos de Calleja”.

Para entender la labor de Saturnino Calleja, hay que remontarse a la España de finales del XIX, donde solo uno de cada tres niños sabía leer, y una de cada cuatro en el caso de las niñas. La educación se realizaba en escuelas que la mayor parte de las veces no reunían las condiciones necesarias, por maestros a veces poco preparados y utilizando libros poco atractivos. Sus esfuerzos no solo se enfocaron hacia los libros infantiles sino también a las ediciones de textos escolares y pedagógicos para los profesores, llegando incluso a repartirlos, a costa de su bolsillo, por las humildes escuelas de los pueblos de la España de entonces.

Le dio la misma importancia a las ilustraciones que al texto, con dibujos de los mejores artistas de la época, como Narciso Méndez Bringa, Rafael de Penagos, Manuel Picolo o Salvador Bartolozzi, entre otros muchos. Hasta entonces, los  cuentos infantiles apenas tenían dibujos y éstos solían ser de mala calidad. Sus libros, además del relato, contenían un pequeño acertijo, crucigrama o un pequeño fragmento histórico. Eran cuentos divertidos para que los niños aprendieran a pasándoselo bien. Hizo tiradas muy amplias con un margen de beneficio pequeño y a un precio muy bajo, llegando de esta forma a alcanzar a un sector de la población al que no hubiera podido acceder de otro modo.

Ya en 1899, la editorial Calleja publicó 3,4 millones de volúmenes de 875 títulos, y en 1930 el número de títulos se incrementó hasta los 2.289 de los que eran cuentos menos de la mitad. El resto eran obras religiosas, diccionarios y libros para adultos, como una célebre colección de textos de Medicina.

La editorial Calleja realizó la primera edición de Platero y yo y publicó diversas ediciones de El Quijote. En 1884, Calleja fundó y dirigió la revista La ilustración de España, dedicada, como él decía, “a todos los profesores y profesoras de la Enseñanza de España, Cuba, Puerto Rico y Filipinas”. La publicación iba acompañada del Boletín El Heraldo del Magisterio con los mismos fines y las mismas firmas. También creó la Asociación Nacional del Magisterio Español y organizó la Asamblea Nacional de Maestros. Los libros de Pedagogía eran hasta entonces escasos y malos. Calleja editó otros, basados en las más modernas tendencias pedagógicas europeas, y los llenó de llamativas ilustraciones. Su lema era: “todo por la ilustración del niño”.

«Comieron perdices y a mí no me dieron, porque no quisieron», el popular final de “los cuentos de Calleja” fue improvisado por Rafael Calleja Gutiérrez a los seis años, quien continuó con la editorial tras la muerte de su padre. En 2001 entró en el diccionario de la RAE la expresión “Tiene más cuento que Calleja”, bajo la denominación de frase coloquial.

Datos de interés:
Biblioteca Nacional, BNE (Paseo de Recoletos, 20-22, 28001 Madrid)
Horario: De lunes a viernes, de 9 a 20 h.
Sábados, de 9 a 14 horas
Domingos cerrada
Última visita, media hora antes del cierre.
Acceso libre mostrando el DNI

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