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Los objetos surrealistas y las Decalcomanías de Óscar Domínguez en el Reina Sofía

29 Noviembre, 2012 | Por | Categoría: Exposiciones, Museos, Noticia destacada | Imprime esta noticia Imprime esta noticia

El Museo Reina Sofía abre al público una sala de la colección permanente al artista surrealista Óscar Domínguez (Tenerife, 1906-París 1957). Hasta el próximo mes de septiembre, y al quedar vacío este espacio normalmente ocupado por obras de Salvador Dalí que han viajado a París para una exposición, se podrá ver un valioso material documental compuesto por revistas, libros, cartas y una maqueta.

Fue en París, en el año 1936 en la Exposition Surréaliste d’Objets, inaugurada en la galerie Charles Ratton de París, cuando Óscar Domínguez presentó sus primeros objetos. Despojándolos de su significado original, el artista conseguía dotarles de un nuevo sentido próximo al absurdo, que sin embargo y a diferencia del ánimo destructivo inherente al dadaismo, no dejaba de contribuir a la construcción del universo surrealista.

Objetos surrealistas
En otra exposición celebrada también en París, en 1938 en la Galerie de Beaux-Arts , se incluyó un pequeño conjunto de objects trouvés que se presentan ahora en el museo. Es el caso de Le Tireur, perteneciente a las Colecciones ICO. Además, se muestra Jeux (1937), conservado en el propio Reina Sofía, junto a los cuadros-objeto Pérégrinations de Georges Hugnet (1935). Por último la pieza 1955 (1955), cedida entre otras por el TEA (Tenerife Espacio de las Artes, de Tenerife), cierra este conjunto de obras.

Tanto André Breton como Paul Éluard reconocieron la importancia de los objetos de Domínguez al incluir reproducciones fotográficas de algunos de ellos en el Dictionnaire abrégé du surréalisme, para la Exposition Internationale de la Galerie des Beaux-Arts.

Las Decalcomanías
Óscar Domínguez fue uno de los creadores de las Decalcomanías. Se trata de imágenes que surgen directamente del subconsciente son manchas, figuras, fondos marinos, abruptos paisajes o nubes que atraviesan el cielo. El artista, en su papel de medium o buceador del subconsciente colectivo, queda equiparado, en cierto modo, a un adivino.

Bretón consideraría este descubrimiento de Domínguez como un hito excepcional en el contexto del surrealismo y aseguraría que “el automatismo absoluto sólo pudo lograrse tras la aparición de la decalcomanía del pintor tinerfeño”. A pesar de que André Bretón dataría la invención de la decalcomanía en 1936, el artista canario ya había realizado su primer intento en el año 1934, cuando entró en contacto con el cenáculo surrealista.

En 1937, Domínguez realiza una de las piezas más célebres llevadas a cabo por medio de esta técnica y que ahora se puede contemplar. Se trata de El árbol también conocido como Drago, “representación de un fósil hallado sobre una superficie mineral, espécimen arbóreo al que Bretón no dudó en atribuir aspecto ‘jurásico’ en 1935, durante su visita a Tenerife.

Grisou
Tras las “decalcomanías sin objeto preconcebido” o “decalcomanías del deseo”, vendría la segunda serie de obras realizadas por este mismo procedimiento, las “decalcomanías automáticas de interpretación premeditada”. En ellas, a la técnica primitiva se le incorporan viñetas, plantillas e incluso algún cartón recortado, que darán como resultado un conjunto de obras con dos motivos principales: un león (especialmente el león-bicicleta, del que se encargará Domínguez) y una ventana, que elaboraría junto al artista Marcel Jean. Participando de diversas combinaciones, estos dos temas se situarán sistemáticamente sobre fondos brumosos y cielos sombríos bajo el título genérico de Grisou.

El museo recoge ahora una nutrida selección no sólo de los Grisou de Domínguez y Marcel Jean, sino del resto de la tipología de las decalcomanías creadas en solitario por el artista tinerfeño, hasta un total de una treintena de obras.

A partir de 1937 Domínguez aplicará al óleo los principios de la decalcomanía. La mayoría de los lienzos que incorporan esta fórmula suelen estar inspirados en motivos que rememoran la isla natal del pintor, bien sean representaciones que evocan la lava volcánica o fragmentos de escenas que semejan tenebrosos océanos. El Museo Reina Sofía ha reunido para esta ocasión un pequeño pero muy interesante grupo de este tipo de obras del artista: Les siphons (1938), Apparition sur la mer (1939), Apocalypse (1956), Delphes (1957) y Nature morte (1954).

Óscar Domínguez
Hasta el mes de septiembre
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

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