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El esplendor de las joyas de Cartier en el Thyssen

22 Octubre, 2012 | Por | Categoría: Exposiciones, Museos, Noticia destacada | Imprime esta noticia Imprime esta noticia

El Museo Thyssen presenta una exposición única con las más espectaculares joyas de la Colección Cartier. Esta gran exposición patrocinada por Telefónica hace un recorrido fascinante a lo largo de 420 piezas de todas las épocas y estilos realizadas por la casa francesa para las casas reales europeas, millonarios de todo el mundo o estrellas de cine.

Exhibidas en un cuidadísimo escenario y bajo grandes medidas de seguridad, se pueden ver joyas como una tiara de la Reina Sofía o de la Princesa Gracia de Mónaco, el collar de tigres de María Félix, joyas de Elizabeth Taylor o el broche en forma de pelícano de la Duquesa de Winsor. Oro, platino, diamantes, zafiros, esmeraldas, rubíes y otros materiales preciosos desfilan ante el asombro del visitante.

Evolución artística
La muestra refleja el espíritu y la evolución artística de Cartier desde su fundación en París en 1847. El dinamismo de los hermanos Cartier y su interés por el arte de las culturas lejanas o antiguas sentaron las bases de la identidad artística de la Maison. Del estilo Guirnalda al Art Decó de los años 30, de la inspiración china al estilo Tutti Frutti, son más de 165 años de creatividad que esta retrospectiva realza en un amplio recorrido por las múltiples manifestaciones, técnicas y estilos de diseño de sus creaciones.

Provenientes de coleccionistas privados, de joyeros o de subastas, las más de 1.450 piezas que forman la Colección Cartier han sido seleccionadas, una a una, de acuerdo con unos criterios de estilo e inspiración, origen, materiales y maestría en su realización. Testigo de cada fase de la evolución del diseño y las técnicas.

El diseñador Jorge Varela, comisario de la exposición, ha sido el encargado de crear el montaje en el que, junto a las piezas expuestas en cada sala, se proyectan en las paredes imágenes de sus correspondientes bocetos, dibujos y fotografías de los personajes que las lucieron, y que aportan una información adicional de gran valor e interés histórico.

Joyas célebres

Destacan el collar de rubíes y diamantes de Elizabeth Taylor, regalo de su tercer esposo, el productor Mike Todd, o el broche con forma de flamenco de la Duquesa de Windsor, la diadema estilo Guirnalda perteneciente a la Familia Real Española, regalo del rey Alfonso XIII a la reina Victoria Eugenia en 1920, y que actualmente la Reina Sofía utiliza en actos oficiales.

También, para esta ocasión, el Palacio de Mónaco ha aceptado que sean expuestas varias creaciones Cartier de su propiedad, como las joyas que la Princesa Gracia luce en las fotos oficiales de su boda en 1956, regalos del Príncipe Rainiero III.

En 1847 Louis François Cartier abrió su primera joyería en un pequeño taller de París. El mayor de sus nietos, Louis, tomó las riendas de la compañía en 1899 y trasladó la boutique al número 13 de la Rue de la Paix, a tan solo unos pasos de la Plaza Vendôme, corazón del lujo y la elegancia parisina.

En esta época Cartier gana fama gracias a sus creaciones, deseadas por la aristocracia europea y la élite americana. Entre sus clientes se encontraban la Princesa Matilde, prima del Emperador Napoleón III, la Reina Alejandra de Inglaterra, la Princesa rusa Olga Paley y Elisabeth, reina de Bélgica. Fue precisamente otro miembro de la realeza, el Rey Jorge VI, quien encargó a Cartier numerosas tiaras para los invitados de su coronación en 1937. Años antes, su abuelo Eduardo VII había acuñado en honor de Cartier la conocida frase: “Rey de los joyeros, joyero de los reyes” le honró con el primer título de proveedor de la Casa Real de Inglaterra. Muy pronto, este título fue seguido del reconocimiento de las Cortes de España, Portugal, Rusia, Bélgica, Grecia, Italia y el Principado de Mónaco, entre otras.

Introducción del platino

La primera sala de la exposición presenta joyas variadas de la segunda mitad del siglo XIX con guarnición de plata y oro según la técnica tradicional; es el denominado estilo Luis XVI o Guirnalda, y que Cartier revolucionó completamente con la introducción de un metal nuevo en el mundo de la joyería: el platino. Su maleabilidad, blancura y resistencia permitía aligerar las monturas para crear verdaderos encajes y guirnaldas de diamantes, llegando a su máximo refinamiento con el desarrollo de la técnica conocida como engaste millegrain a finales del siglo XIX.

La segunda sección muestra una completa selección de tiaras. Convertida en símbolo exclusivo de la realeza, la diadema o tiara evolucionó a lo largo de los siglos hacia piezas de orfebrería llevadas como insignias de soberanía o alto rango. Las grandes diademas de Cartier datan de principios del siglo XX y, en su mayoría, son de platino; son encargos tanto de la realeza como de las grandes fortunas de uno y otro lado del Atlántico que rivalizaban en esplendor con la nobleza de las cortes europeas.

A principios del siglo XX Louis Cartier abre dos nuevas delegaciones en Londres y Nueva York y se inicia un nuevo estilo. Desde 1904 surgen nuevos diseños basados en líneas geométricas y formas abstractas, aparecen las primeras combinaciones de piedras de diferentes colores en diseños atrevidos. Buen ejemplo de ello es el diseño “piel de pantera”, a base de ónix y diamantes, que surge en 1914 y acabará convirtiéndose en uno de los iconos de la casa. En esos años se desarrollan también nuevas formas de tallado (brillante, bala, trapezoidal, cuadrada o triangular) que se suman a la talla baguette.

Inspiraciones exóticas
A comienzos del siglo XX los hermanos Cartier sintieron la necesidad de viajar alrededor del mundo en busca de nuevas inspiraciones exóticas. El resultado fue una insólita interpretación del estilo Art Decó de los años veinte, con influencias egipcias, persas, hindúes, chinas o japonesas, que fusionaba el pasado con el gusto contemporáneo; una mezcla fascinante que convirtió las joyas Cartier en piezas únicas, irrepetibles.

Después de la Primera Guerra Mundial aparece una nueva élite rica, culta, abierta y atrevida formada por las más importantes familias aristocráticas europeas y las grandes fortunas americanas; muchos de ellos se convirtieron en clientes habituales de Cartier: la Duquesa de Windsor, Daisy Fellowes, Mona Bismarck, Millicen Rogers, Gloria Guiness. En los años cincuenta otros clientes carismáticos realizan sus encargos especiales a Cartier, entre ellos, algunas de las actrices más destacadas de la época, como Grace Kelly, Elisabeth Taylor o María Félix.

Animales y naturaleza

Jeanne Toussaint se puso al frente del departamento de Alta Joyería Cartier en París en 1933; su estilo fue tan paradigmático que creó un nuevo gusto conocido como gôut Toussaint. Las creaciones de la alta costura le proporcionaron una fuente contante de inspiración para la creación de nuevas joyas. Con ella surge una nueva sensibilidad, completamente distinta de la estilización geométrica propia del Art Decó, basada en la inspiración en la naturaleza, en la flora y la fauna, que dio lugar a todo un mundo fantástico e imaginativo: motivos en forma de pájaros, mariquitas, mariposas, tortugas, libélulas, flores exóticas, palmeras. Fueron famosas, por ejemplo, sus magníficas creaciones felinas, de gran realismo y maestría técnica, los broches Pantera de la Duquesa de Windsor y Tigre de Barbara Hutton, o el magnífico collar de María Félix formado por dos cocodrilos engastados con diamantes y esmeraldas, que podía llevarse como broches o como collar.

El Arte de Cartier
Del 24 de octubre al 17 de febrero
Museo Thyssen-Bornemisza
De martes a viernes y domingos, de 10.00 a 20.00 horas
Sábados, de 10.00 a 22.00 horas
Entrada: 8 euros

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